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Irán cierra el Estrecho de Ormuz y sacude al mundo, ¿le afectará a la economía mexicana?

La decisión de Irán de cerrar el Estrecho de Ormuz ha colocado en jaque al suministro global de energía y encendido las alarmas en los principales centros financieros del mundo. Por este estrecho paso marítimo, ubicado entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán, transita alrededor del 20% del consumo diario de crudo mundial, además de una proporción significativa del gas natural licuado exportado por los países del Golfo.
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La decisión de Irán de cerrar el Estrecho de Ormuz ha colocado en jaque al suministro global de energía y encendido las alarmas en los principales centros financieros del mundo. Por este estrecho paso marítimo, ubicado entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán, transita alrededor del 20% del consumo diario de crudo mundial, además de una proporción significativa del gas natural licuado exportado por los países del Golfo. Su interrupción, aunque sea temporal, tiene el potencial de alterar precios, cadenas de suministro y equilibrios geopolíticos a escala planetaria.

El Estrecho de Ormuz es una arteria estratégica para economías como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Qatar, cuyas exportaciones energéticas dependen en gran medida de esta vía. La posibilidad de un bloqueo efectivo por parte de Teherán no sólo implica una presión directa sobre la oferta global de petróleo, sino que introduce un factor de incertidumbre que impacta de inmediato en los mercados financieros.

Los antecedentes recientes muestran que la mera amenaza sobre esta ruta es suficiente para provocar turbulencias. En junio de 2025, tras ataques israelíes contra instalaciones nucleares iraníes, las bolsas internacionales registraron caídas pronunciadas ante el temor de una represalia que afectara el tránsito marítimo. Sin embargo, los mercados lograron recuperarse una vez que se confirmó la continuidad de los flujos petroleros. El precedente revela que la percepción de riesgo puede ser tan determinante como la interrupción misma del suministro.

La economista jefe para Asia-Pacífico de Natixis, Alicia García-Herrero, advirtió en declaraciones a CNBC que la apertura de los mercados podría ser “áspera y de aversión al riesgo”, anticipando caídas globales de entre 1% y 2% o incluso superiores. También previó descensos de entre 5 y 10 puntos básicos en los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, junto con un aumento del precio del petróleo de entre 5% y 10%, como reacción inmediata al cierre del estrecho.

El estratega David Roche, de Quantum Strategy, ha señalado que el impacto dependerá de la duración y alcance del enfrentamiento. Si se trata de una operación militar breve y contenida por parte de Estados Unidos, las reacciones negativas podrían ser pasajeras y el repunte del crudo limitado en el tiempo. Pero si la situación escala hacia una confrontación regional prolongada o incluso una campaña de cambio de régimen que se extienda por varias semanas, la volatilidad se profundizaría y los temores de una interrupción sostenida del suministro se consolidarían en los precios.

En los últimos días, algunos movimientos de activos cruzados ya han reflejado un ambiente de crisis. El fortalecimiento del mercado petrolero y la demanda por bonos del Tesoro estadounidense sugieren una búsqueda de refugio por parte de los inversionistas. Sectores cíclicos y de alta beta, especialmente en Asia, podrían resentir de forma más aguda la incertidumbre, dado que buena parte de las economías asiáticas dependen de importaciones energéticas que cruzan por Ormuz.

El cierre del estrecho tiene implicaciones geopolíticas de gran calado. Además de tensionar la relación entre Teherán y Washington, impacta en la estabilidad energética de China, India, Japón y Corea del Sur, principales compradores de crudo del Golfo. Una interrupción prolongada obligaría a desviar rutas, recurrir a reservas estratégicas y acelerar compras en otros mercados, presionando aún más los precios internacionales.

Para México, el riesgo es indirecto pero relevante. Aunque el país es productor de petróleo y exporta principalmente a Estados Unidos, el precio internacional del crudo influye directamente en las finanzas públicas, el costo de las gasolinas y la inflación. Un incremento sostenido de entre 5% y 10% en los precios del petróleo podría beneficiar temporalmente los ingresos por exportaciones de Petróleos Mexicanos, pero al mismo tiempo elevaría los costos de importación de combustibles refinados y presionaría la inflación interna. Dado que México importa una proporción significativa de gasolinas y diésel, el efecto neto podría traducirse en mayores subsidios o en alzas al consumidor si el gobierno decide ajustar precios.

En el frente financiero, una caída global de las bolsas y un movimiento hacia activos refugio podría afectar al tipo de cambio peso-dólar y a la Bolsa Mexicana de Valores, especialmente en sectores industriales y de transporte sensibles al costo energético. Además, un entorno internacional de mayor aversión al riesgo tiende a encarecer el financiamiento externo para economías emergentes.

El futuro inmediato dependerá de si el cierre del Estrecho de Ormuz se mantiene como una medida temporal de presión o si deriva en un enfrentamiento de mayor escala. Lo que resulta indiscutible es que el mundo energético moderno, altamente interconectado y dependiente de corredores estratégicos, vuelve a mostrar su vulnerabilidad ante crisis geopolíticas. Cada día que Ormuz permanezca bajo amenaza incrementa la tensión en los mercados y refuerza la conciencia de que la seguridad energética global descansa, en buena medida, en la estabilidad de un estrecho de apenas unos kilómetros de ancho.

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