La respuesta de las potencias euroasiáticas ante la muerte del Líder Supremo de Irán ha sido contundente, marcando una fractura profunda en el orden mundial. El presidente ruso, Vladimir Putin, envió este domingo una nota de condolencias al gobierno interino de Irán, describiendo el ataque contra Jamenei y su familia como un “acto premeditado de agresión armada” que pisotea todas las normas de la moral humana. Para Moscú, Jamenei no solo era un aliado estratégico, sino un “estadista sobresaliente” cuya eliminación bajo fuego estadounidense representa un precedente peligroso que el Kremlin no está dispuesto a ignorar sin consecuencias diplomáticas en el Consejo de Seguridad de la ONU.
🇷🇺 President Vladimir #Putin extended condolences to Iranian President Masoud Pezeshkian following the assassination of Supreme Leader Seyyed Ali Khamenei and members of his family.
— Russian Embassy in South Africa 🇷🇺 (@EmbassyofRussia) March 1, 2026
‼️ He condemned the crime as a cynical violation of human morality and international law. pic.twitter.com/sYjojv9QcL
Por su parte, el canciller chino Wang Yi mantuvo una conversación telefónica crucial con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, en la que ambos coincidieron en que el uso de la fuerza para instigar un “cambio de régimen” es intolerable. Pekín ha sido especialmente crítico con el hecho de que los ataques ocurrieran mientras aún existían canales de negociación abiertos, calificando la operación como “hegemonía pura”. La mayor preocupación de China radica en la desestabilización total del Golfo Pérsico, una región de la que depende su seguridad energética y donde sus proyectos de la “Franja y la Ruta” ahora se encuentran en el epicentro de una zona de combate.
Chinese Foreign Minister Wang Yi, in a phone call with his Russian counterpart Sergey Lavrov:
— China pulse 🇨🇳 (@Eng_china5) March 1, 2026
"It is unacceptable for the United States and Israel to launch strikes against Iran during the Iranian-American negotiations.
The assassination of the leader of a sovereign state in… pic.twitter.com/tjLjtIPQAZ
A pesar de la retórica incendiaria, tanto China como Rusia han mostrado cautela en el terreno militar. Aunque han reforzado su apoyo tecnológico a Teherán, incluyendo sistemas de defensa aérea y navegación satelital, hasta el momento no han activado sus pactos de defensa mutua, argumentando que su prioridad es evitar que el conflicto empuje al mundo a un “abismo peligroso”. Esta postura busca posicionarlos como los “garantes de la estabilidad” frente a lo que describen como la “temeridad” de la administración Trump, intentando atraer el apoyo del Sur Global en su demanda por un cese inmediato de las hostilidades.
FM Wang Yi stated 🇨🇳#China’s position on the situation in 🇮🇷#Iran during a phone conversation with 🇷🇺#Russian FM Sergei Lavrov:
— Chinese Embassy in US (@ChineseEmbinUS) March 1, 2026
1️⃣ Immediate cessation of military operations
2️⃣ Prompt return to dialogue and negotiations
3️⃣ Joint opposition to unilateral actions https://t.co/RGRAJR3suD pic.twitter.com/FSK3ig34kJ
Finalmente, la situación ha provocado una movilización masiva en las instituciones internacionales. China y Rusia han solicitado una sesión de urgencia bajo el tema de “amenazas a la paz y seguridad internacional”, buscando una resolución que condene los ataques unilaterales. Sin embargo, en Washington, la embajadora ante la ONU ha defendido la legalidad de la operación como una medida de “defensa propia preventiva” para evitar un Irán nuclear. Este choque de trenes diplomático sugiere que, aunque la guerra física se libra en los búnkeres de Teherán y las calles de Dubái, la verdadera batalla por el nuevo orden mundial se está decidiendo en las cancillerías de Pekín y Moscú.