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Ingresa Iñárritu a El Colegio Nacional y reivindica la potencia visual de México

El cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu ingresó este martes a El Colegio Nacional, convirtiéndose en el primer realizador cinematográfico en formar parte de la histórica institución dedicada a reunir a las figuras más destacadas de la ciencia, las humanidades y las artes en México
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El cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu ingresó este martes a El Colegio Nacional, convirtiéndose en el primer realizador cinematográfico en formar parte de la histórica institución dedicada a reunir a las figuras más destacadas de la ciencia, las humanidades y las artes en México. La ceremonia marcó un momento simbólico tanto para la cultura nacional como para el cine mexicano contemporáneo, al incorporar a uno de los directores con mayor reconocimiento internacional de las últimas décadas.

La salutación estuvo a cargo del arquitecto Felipe Leal, mientras que el escritor Juan Villoro respondió al discurso de ingreso del cineasta, cuya trayectoria incluye cinco premios Oscar y filmes que han dejado huella en la cinematografía mundial, desde Amores perros hasta Birdman y The Revenant.

Durante su intervención, Iñárritu articuló una extensa reflexión sobre la tradición visual mexicana, el lenguaje cinematográfico y la naturaleza artística del cine. El director sostuvo que México posee una herencia simbólica excepcional derivada de las culturas originarias y defendió que la cosmovisión mesoamericana construyó una forma única de representación del universo.

“Todos los mexicanos que trabajamos en las artes visuales somos privilegiados y herederos de una cultura milenaria que ha desarrollado un lenguaje visual único y profundamente simbólico”, afirmó el realizador. En uno de los fragmentos más comentados de su discurso, contrastó la tradición clásica occidental con el imaginario indígena mesoamericano. Según explicó, mientras el arte griego y romano buscó perfeccionar la representación de la realidad observable, las culturas originarias de México desarrollaron un lenguaje conceptual capaz de “codificar lo invisible”.

El director puso como ejemplo la figura de Coatlicue, a la que describió como “una ecuación cosmológica hecha piedra”, y aseguró que México se convirtió históricamente en una “potencia visual” gracias a la capacidad de transformar la imagen en una herramienta para explicar el mundo. En esa línea, reivindicó el legado del muralismo mexicano y destacó la relevancia histórica de artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo, a quienes calificó como pilares fundamentales de El Colegio Nacional.

A lo largo de su mensaje, Iñárritu también ofreció una reflexión íntima sobre el cine y su proceso creativo. Definió al séptimo arte como una expresión “polimórfica” imposible de encerrar en fórmulas o dogmas y afirmó que cada vez que cree comprender el cine, éste se manifiesta de una manera distinta. “El cine, como el agua, es polimórfico”, expresó al comparar sus múltiples formas narrativas con las distintas manifestaciones del océano.

El realizador recordó además los obstáculos que enfrentó para consolidar su carrera y relató episodios personales vinculados a sus primeros pasos en la industria cinematográfica mexicana. Evocó a su amigo de juventud, Pelayo Gutiérrez, así como al productor Abraham Cherem, quien le transmitió una frase que marcaría su trayectoria: “Dile al Negro que el que no tenga familia en el cine, que se la busque”.

Fotos: Cuartoscuro

Iñárritu aprovechó la ceremonia para reconocer a varios de sus colaboradores más cercanos, entre ellos Rodrigo Prieto, Guillermo Arriaga, Gustavo Santaolalla y Emmanuel Lubezki, a quienes atribuyó parte esencial de su recorrido cinematográfico.

En otro de los momentos centrales de su intervención, el director reflexionó sobre las dificultades estructurales que implica realizar una película y sostuvo que el estado natural del cine “es no existir jamás”, debido a la enorme cantidad de proyectos que nunca logran concretarse. También recordó las complicaciones de producción que enfrentaron filmes como Birdman y The Revenant.

Sobre Birdman, explicó que durante años pocos estudios confiaron en la viabilidad de una comedia dirigida por él, debido a la percepción de que su filmografía estaba asociada exclusivamente al drama. Finalmente, dijo, logró levantar el proyecto con recursos limitados y bajo un esquema de riesgo compartido con el elenco y su equipo técnico.

El realizador también profundizó en la relación entre literatura y cine, señalando que ambas disciplinas comparten la obsesión por narrar historias que transcurren en el tiempo, aunque subrayó que la gran diferencia entre ambas radica en la “interioridad”. Mientras la literatura trabaja directamente con el pensamiento a través del lenguaje, el cine, explicó, materializa físicamente ese pensamiento mediante imágenes, sonido, tiempo y montaje.

Uno de los pasajes más personales de la ceremonia surgió cuando recordó su infancia en la colonia Narvarte de la Ciudad de México y las imágenes religiosas que observaba cada domingo en la iglesia de La Piedad. Iñárritu relató cómo los murales apocalípticos del pintor Charro Medina y la monumental escultura de La Piedad marcaron profundamente su sensibilidad visual desde niño.

El director afirmó que aquellas imágenes fueron “la primera película” que vio en su vida, una experiencia que definió como involuntaria pero decisiva para comprender el poder emocional y simbólico de las imágenes. Incluso compartió fragmentos filmados dentro de esa iglesia para Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, aunque aclaró que dichas escenas no sobrevivieron al corte final de la película.

La incorporación de Iñárritu a El Colegio Nacional representa un reconocimiento institucional sin precedentes para el cine mexicano dentro de uno de los espacios intelectuales más influyentes del país. Fundada en 1943, la institución reúne a personalidades destacadas del pensamiento científico, artístico y humanístico, y tiene como objetivo difundir el conocimiento y la cultura entre la sociedad mexicana.

Actualmente, el director trabaja en una nueva película protagonizada por Tom Cruise y Riz Ahmed, proyecto que marcará su regreso a una gran producción internacional tras el estreno de Bardo.

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