En una noche que prometía ser puramente de baloncesto, el Madison Square Garden se convirtió una vez más en un escenario donde la política irrumpe sin invitación. El presidente Donald Trump, asistiendo como el primer mandatario en ejercicio a un juego de Finales NBA, fue recibido con una mezcla de reacciones: cánticos de “USA! USA!” al llegar y durante los primeros compases del himno, pero también con abucheos notorios y prolongados cuando su imagen apareció en los videomarcadores mientras Avery Wilson interpretaba The Star-Spangled Banner.
President Trump is in attendance for Game 3 in New York.
— ESPN (@espn) June 9, 2026
He's the first sitting U.S. President to attend an NBA Finals game. pic.twitter.com/sHdRNArzUu
Trump, de pie y realizando un saludo militar junto al dueño de los Knicks, James Dolan, mantuvo una expresión serena mientras las protestas se escuchaban con claridad en el recinto. Los abucheos cedieron cuando la cámara pasó a la bandera estadounidense y a los jugadores de los Knicks, que fueron ovacionados. Los Spurs, por su parte, también recibieron su dosis de silbidos, algo habitual en la casa de Nueva York.
MADISON SQUARE GARDEN BELONGS TO THE BOSS!!!😎🇺🇸🥳🥳🥳 pic.twitter.com/3HRc4GOstU
— il Donaldo Trumpo (@PapiTrumpo) June 9, 2026
Este episodio no sorprende en una ciudad que históricamente ha mostrado resistencia a la figura de Trump. Nueva York, su lugar de origen, sigue siendo un bastión de oposición política, y el Garden —templo del deporte neoyorquino— amplificó esa tensión en una velada de alto voltaje. Más allá de las posturas personales, el momento deja una reflexión: incluso en el deporte, que suele servir como escape colectivo, la polarización actual se filtra con fuerza. El baloncesto une, pero la política, al menos por ahora, sigue dividiendo.