El presidente Donald Trump reiteró este fin de semana que el Estrecho de Ormuz está operando con volúmenes de petróleo que describe como récord, y que superan los registrados antes del conflicto militar con Irán. Según sus declaraciones y las de altos funcionarios de su administración, el tránsito de crudo a través del estrecho —punto crítico por el que pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial en tiempos de paz— ha recuperado y, en algunos días, superado las cifras previas a la escalada bélica iniciada a finales de febrero de 2026.
El Estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, se convirtió en el epicentro de la tensión energética mundial tras el inicio de las hostilidades. En los primeros meses del conflicto, el tráfico se redujo de manera drástica: de un promedio de alrededor de 20 millones de barriles diarios de crudo y productos petrolíferos en 2025 a apenas 2,7 millones de barriles por día entre marzo y mayo, según datos de la Agencia Internacional de la Energía. La amenaza de ataques iraníes, el minado de las vías de navegación y el bloqueo naval estadounidense sobre puertos iraníes provocaron un desplome histórico en el suministro.

En las últimas semanas, sin embargo, la administración Trump ha insistido en que la situación se ha revertido. El secretario de Energía, Chris Wright, declaró a mediados de septiembre que el flujo había alcanzado cerca de 18 millones de barriles diarios, “básicamente los niveles previos al conflicto”. El almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), afirmó el 19 de septiembre que los envíos de petróleo y gas natural licuado de las dos semanas anteriores habían sido los más altos en seis meses, y que los aliados del Golfo Pérsico habían transitado más de mil millones de barriles de crudo a través del estrecho en los últimos meses, con protección de la Marina estadounidense.
Datos de seguimiento independiente corroboran un aumento notable, aunque más moderado. Según Tanker Trackers, el volumen de crudo que sale de la región a través de las rutas protegidas por Estados Unidos se duplicó en menos de un mes y alcanzó unos 13 millones de barriles diarios a finales de septiembre. El analista Rory Johnston estimó un promedio de siete días de aproximadamente 13,5 millones de barriles. Parte de este incremento se atribuye al regreso de Arabia Saudita a las rutas del Golfo Pérsico, después de haber desviado parte de su producción por el oleoducto Este-Oeste hacia el Mar Rojo, y a los tránsitos diurnos escoltados por fuerzas estadounidenses.

Trump ha enmarcado estos números como un éxito estratégico. En declaraciones previas, el presidente llegó a afirmar que en un solo día habían pasado 19 millones de barriles, cifra que calificó de “récord de todos los tiempos”. Aunque ese número se situó por debajo del promedio prebélico de unos 20 millones de barriles diarios, sirvió para proyectar la imagen de que Estados Unidos controla el estrecho y que el flujo de energía se ha normalizado. La Casa Blanca sostiene que la escolta militar de buques tanqueros —en algunos casos con transpondedores apagados para evitar detección— y las operaciones de limpieza de minas han permitido recuperar la navegación comercial.
El contexto político es delicado. Con las elecciones de medio término de noviembre de 2026 en el horizonte, la administración enfrenta la presión de unos precios de la gasolina y el diésel que se mantienen elevados respecto a los niveles de antes de la guerra. Trump ha rechazado propuestas de acuerdo con Irán que considera insuficientes y ha señalado que Teherán “está perdiendo de manera tan clara” que no tiene prisa por negociar. Al mismo tiempo, insiste en que el estrecho permanece abierto y que el petróleo fluye con normalidad gracias a la presencia militar estadounidense.
La declaración de Trump sobre un tránsito récord se inserta en una narrativa más amplia: presentar el control del Estrecho de Ormuz como una victoria estadounidense que garantiza el suministro energético global y debilita la posición de Irán. Mientras los datos confirman una recuperación importante, la distancia entre las cifras oficiales y las estimaciones independientes sigue siendo objeto de debate entre gobiernos, mercados y observadores del sector energético.