El gran estratega naranja, Dante Delgado, está de vuelta. Tras una batalla campal contra la enfermedad que lo alejó de los reflectores, nuestro hombre ya está listo para rearmar las piezas del tablero. La propia alcaldesa de Guadalajara, Verónica Delgadillo, lo vio y salió impresionada: “Lo vi con la mente clara y el corazón bien puesto”, confesó. Esto no es una simple visita de cortesía, es la señal de que el cerebro de MC vuelve a la carga. Pronto lo veremos en acción, y cuando Dante se mueve, el establishment tiembla. ¡A darle que es mole de olla!
MICHOACÁN EN LLAMAS
Lo que se está cocinando en Michoacán está que arde. Por tercer día, los chamacos de prepas y universidades tienen tomadas las calles de Morelia y Uruapan. ¿El motivo? El cobarde asesinato del alcalde Carlos Manzo, un crimen que huele a narco y a complicidad desde las altas esferas. Los estudiantes no se tragan el cuento y ya tienen bloqueada la Avenida Madero, frente al mismísimo Palacio de Gobierno. Y lo más grave: la Guardia Civil, en lugar de perseguir a los verdaderos criminales, se dedica a reprimir y a apresar a los muchachos. La gente en la calle pregunta: “¿Por qué no van contra el narco?”. El mensaje es claro: o el gobierno actúa, o esto se les va de las manos. ¡Y con esta juventud, no van a poder pararlos!
¡INSULTO MUNDIAL!
¡Pum! Directo a la mandíbula. Cuentan desde Tailandia, donde nuestra reina, Fátima Bosch, le plantó cara al prepotente de Nawat Itsaragrisil, el presidente de Miss Grand International, que el señor, creyéndose muy machito, quiso regañar a Fátima en público, acusándola de no seguir instrucciones y soltando el comentario machista de que “si seguía las indicaciones de su equipo, era tonta”. ¡Error! Fátima, con una dignidad que le sobran, se paró y le soltó la verdad: “Usted no me está respetando como mujer”. El tipo, hecho una furia, hasta llamó a seguridad para intentar intimidarla, pero el daño ya estaba hecho. Nuestra Miss México se robó las cámaras no con su belleza, sino con sus huevos… perdón, con sus ovarios bien puestos. ¡Eso es empoderamiento de verdad!