La madrugada apenas despierta cuando los primero cohetones se escuchan por la Calzada de Guadalupe. Cada año, en los días previos al 12 de diciembre, el flujo de visitantes se convierte en río humano: millones de peregrinos avanzan hacia la Basílica en un camino que mezcla devoción, cansancio y resistencia. A su paso, la ciudad se transforma: calles cerradas, colonias saturadas, viviendas bloqueadas y un ambiente festivo que convive con el desorden y las quejas vecinales.
En los alrededores del recinto religioso, los autos comienzan a alinearse desde días antes. Los franeleros, figura omnipresente en estas fechas, apartan espacios con cubetas, piedras y cintas; cobran de 100 a 900 pesos por lugar, dependiendo de la hora y la cercanía.
Una habitante de la zona, cansada de la misma escena que se repite cada diciembre, lanza una denuncia que resume el sentir de muchos vecinos:
“Dejan que la gente invada como sea; las escuelas se tienen que cerrar y el vecino tiene que negociar con el peregrino”, reclama.
A la par del tránsito vehicular, decenas de tiendas de acampar aparecen en fila sobre banquetas y jardineras. Familias enteras se acomodan sobre cartones y cobijas, durmiendo a la intemperie o preparando comida para continuar su trayecto. Algunas viviendas quedan con sus accesos prácticamente bloqueados y los residentes, resignados, optan por buscar hospedaje temporal en otros sitios o no salir de sus casas.
Basura, montículos y un ejército de limpieza
El otro rostro visible de la peregrinación es la basura. Víctor, trabajador de Servicios Urbanos, observa el movimiento con experiencia:
“Al menos 30 cuadrillas estamos concentradas en mantener limpia la Calzada de Guadalupe para que todos los peregrinos encuentren despejado el camino hacia la Basílica”, explica mientras sostiene una escoba fabricada con ramas.
La Calzada, principal vía de acceso al santuario, permanece en constante limpieza, pero las calles que desembocan en ella, como Garrido, avenida Ricarte, Juan Diego y Aquiles Serdán, lucen montículos acumulados.
“Son toneladas lo que encontramos, luego hasta de siete u ocho metros de ancho”, describe Víctor, señalando una mezcla de botellas, restos de comida, veladoras, papel y ropa desechada.
Perritos abandonados: la otra tragedia silenciosa
Con la llegada masiva de visitantes también aparecen decenas de perritos abandonados. Algunos vecinos y voluntarios intentan rescatarlos; otros deambulan en busca de comida entre los puestos, quedando expuestos al tráfico, las quemaduras por veladoras o el descuido generalizado.
Organizaciones animalistas han denunciado que estas fechas registran uno de los picos más altos de abandono en la zona de La Villa, un fenómeno que contrasta con el espíritu de agradecimiento que motiva la peregrinación.
#LaGuadalupana | Esta noche, miles de fieles católicos continúan llegando a la Basílica de Guadalupe para celebrar a la morenita del Tepeyac.
— Fuerza Informativa Azteca (@AztecaNoticias) December 11, 2025
Hay quienes de rodillas realizan el recorrido de la Calzada de Guadalupe para pedir milagros, cumplir mandas o agradecer favores.
Vía… pic.twitter.com/1VRKp2S46J
Milagros y favores más solicitados a la Virgen: fe que mueve el camino
Detrás de cada peregrino hay una historia. De rodillas, caminando cientos de kilómetros, transportando imágenes, banderas o veladoras, los fieles llegan atraídos por promesas, agradecimientos o peticiones profundas, muchas de ellas transmitidas de generación en generación.
Milagros atribuidos a la Virgen de Guadalupe
A lo largo de los años, los devotos han documentado testimonios de:
- Sanaciones médicas que atribuyen a su intercesión, especialmente de cáncer, enfermedades crónicas y afecciones que los doctores habían desahuciado.
- Protección en accidentes viales, caídas o episodios que “pudieron ser fatales”, según relatan los fieles.
- Reencuentro con familiares perdidos, especialmente migrantes desaparecidos en su tránsito hacia Estados Unidos.
- Superación de adicciones, uno de los milagros más mencionados en relatos populares y promesas familiares.
Aunque no existen registros oficiales de milagros, estos relatos se han conservado en testimonios de peregrinos, entrevistas realizadas año con año por medios nacionales y en los propios archivos de grupos parroquiales que reciben a devotos.
Los favores más pedidos por los peregrinos
Entre las súplicas más frecuentes que llegan a la Basílica destacan:
- Salud para familiares enfermos.
- Trabajo estable o mejora económica.
- Protección para hijas e hijos, sobre todo para quienes migran o enfrentan violencia en sus comunidades.
- Agradecimiento por haber sobrevivido a accidentes o enfermedades.
- Unidad familiar, una petición constante en peregrinaciones provenientes del Bajío, Puebla, Hidalgo y Estado de México.
Muchos peregrinos relatan que regresan “por agradecimiento”, asegurando que la Virgen “no los ha dejado solos”.
Una ciudad partida entre la devoción y el desgaste
Mientras las campanas de la Basílica marcan el paso de las horas, el flujo no cesa. Algunas personas avanza con flores, otras con estandartes o cargando imágenes que pesan más de lo que su espalda permite. La fe los impulsa a seguir.
Del otro lado, los vecinos observan cómo su vida cotidiana se vuelve una coreografía de tránsito cerrado, basura, ruido y saturación. Entre el fervor religioso y las tensiones urbanas, La Villa se convierte, año tras año, en el epicentro de un fenómeno social que refleja la magnitud de la devoción guadalupana.
La celebración continúa, y con ella el eterno contraste: la fe que empuja multitudes y el caos que esa misma multitud deja a su paso.