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LAS MENTES EN “VILO”: PARADOJA DE CRISTAL Y UN NUEVO CONTRATO SOCIAL PARA NUESTROS JÓVENES

La ciencia hoy nos plantea que el “scroll” infinito genera una “fatiga cognitiva” que drena la energía necesaria para el aprendizaje profundo
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Opinión Por: Marisol Maya Pérez

Investigadora de la Universidad Anáhuac México

Al caminar por los pasillos de cualquier escuela secundaria en México se observa como nuestros jóvenes mantienen una mirada anclada en un artefacto rectangular de cristal, inmersos en un constante murmullo digital, que, aunque invisible, está generando una reconfiguración arquitectónica cerebral. No es solo una cuestión de moda, o de “brecha generacional”, es sin duda, una transformación silenciosa de la vida adolescente que pasa de la interacción humana vibrante a la interconexión. Esta es la “paradoja de cristal”: una herramienta que nació con la promesa de democratizar el conocimiento y cerrar brechas históricas, se ha convertido, por una preocupante inacción estatal, en un factor de distracción constante que vulnera el derecho fundamental a un desarrollo cognitivo saludable.

El rumor de los cerebros: cuando el “scroll” silencia la cognición.

Para comprender mejor lo que esta en juego, debemos adentrarnos a la arquitectura invisible que nombramos cerebro. La neuroeducación advierte que la adolescencia no es un simple trámite biológico, sino una ventana crítica de consolidación. Es el momento en el que se pulen muchas de las funciones ejecutivas, ese director de orquesta mental que nos permite mantener la atención, gestionar la memoria de trabajo y ser flexibles ante los diferentes problemas que se enfrentan y enfrentaran y, quizás lo más importante, que les permita regular las emociones.

No obstante, cuando la exposición digital se vuelve excesiva, este proceso se entorpece. Para nada es una suposición alarmista, diversos estudios como el de Li et al. (2024) ya documentan diversas alteraciones físicas en áreas celebrarles vinculadas con la toma de decisiones en jóvenes.

Además, la ciencia hoy nos plantea que el “scroll” infinito genera una “fatiga cognitiva” que drena la energía necesaria para el aprendizaje profundo. Por lo que, al final del día, cada hora frente a una pantalla es una hora robada también de ejercicio, de sueño reparador, de interacción cara a cada, actividades que son, de facto, el único medio natural para rehabilitar esas funciones ejecutivas que el uso excesivo de tecnología está saturando.

México ha perseguido el sueño de una modernización educativa con una fe casi religiosa en los dispositivos. Desde los años ochenta, con proyectos pioneros como COEEBA-SEP en 1985, el país realizó intentos para integrar a la informática como soporte para la cognición. Después le siguieron los programas ambiciosos como la Red Escolar en los noventas, la famosa Enciclomedia con sus pizarrones electrónicos en 2003, y más adelante “Habilidades Digitales para Todos (HDT).

Sin embargo, la realidad ha sido más terca que las políticas, hoy vivimos una doble brecha. Por un lado, la cruel desigualdad en zonas rurales, donde cerca de 40% de estudiantes aún carecen de un dispositivo adecuado, o peor aún, de conectividad. Por el otro, en las zonas donde el exceso es total, nos enfrentamos con el “mal uso”, ya que más de un 50% de estudiantes mexicanos en estas condiciones, admiten que usan el celular en clase para redes sociales o juegos, convirtiendo el salón de clase en un espacio de distracción y superficialidad.

Así, se han llenado las aulas de fierros, pero se nos ha olvidado la pedagogía y el bienestar de quien los usa.

Lo más doloroso no es propiamente la tecnología, sino la negligencia pasiva del Estado. Existe una clara desconexión profunda entre lo que la ciencia sabe y lo que la ley protege. Mientras que marcos internacionales como la General Data Protection Regulation (GDPR) se concentran en la seguridad de datos – lo cual es muy valioso -, se padece de una “Ceguera Cognitiva”: nadie regula el tiempo de exposición ni los impactos negativos por la sobre exposición a dispositivos digitales.

En el artículo 29 de la Convención sobre los Derechos del Niño se obliga a los Estados a garantizar el pleno desarrollo de las capacidades de los menores. Empero, en México y en gran parte de América Latina, las guías de la OMS que recomiendan límites estrictos de tiempo frente a la pantalla son tratadas como simples sugerencias médicas y no como mandatos legales vinculantes.

Al no existir una legislación clara, el Estado delega el problema neurocognitivo de alta complejidad a las familias y a los docentes, quienes a menudo se encuentran solos frente al poder seductor de la industria tecnológica.

Rescatar el derecho a una menta sano, no basta con prohibir, es necesaria una transición hacia la “regulación inteligente”.  Debemos generar una propuesta humana y valiente: implementar un Modelo Curricular equilibrado y creativo, es decir, no apagar los dispositivos tecnológicos digitales, pero si devolverle su lugar a lo verdaderamente esencial.

Construir un nuevo enfoque con 4 pilares:

• Límite con respaldo legal, traduciendo la evidencia científica en normas que dosifiquen el uso de pantallas, sobre todo en la educación básica.

• El triunfo de lo “Off-screen”, elevando la actividad física, artística y de juego simbólico.

• Alfabetización parental, el Estado debe apoyar a las familias con programas de formación, otorgando herramientas para poder estableces limites saludables en el hogar.

• Ciudadanía cognitiva, enseñar a los jóvenes que el derecho a desconectarse es, en realidad, un acto de libertad y soberanía sobre su propia tención.

Por tanto, la tecnología debe ser un medio para la dignidad humana, no un fin que la consuma. Proteger las mentes de los adolescentes mexicanos no debe ser un acto de resistencia al progreso, sino un acto de alta responsabilidad con el futuro.

Marisol Maya Pérez
Investigadora de la Universidad Anáhuac México

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