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25 Día Naranja: Un lazo global contra la violencia de género

Lo que comenzó como un acto de resistencia en la República Dominicana se ha convertido en un movimiento que recorre el mundo cada 25 de mes. Analizamos el origen, el impacto internacional y la realidad actual de una campaña que busca pintar un futuro sin miedo para las mujeres.
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La historia del Día Naranja no tiene fronteras. Su semilla se plantó el 25 de noviembre de 1960 en la República Dominicana, con el sacrificio de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal. Estas tres activistas, apodadas “Las Mariposas”, fueron asesinadas por la dictadura de Rafael Trujillo por su incansable defensa de la libertad. Su muerte no fue en vano: se convirtió en el símbolo latinoamericano de la lucha contra la opresión, logrando que en 1999 la ONU oficializara esa fecha como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

De una fecha anual a un compromiso mensual Fue en 2008 cuando el movimiento escaló a nivel global. Ante la urgencia de resultados, el Secretario General de las Naciones Unidas lanzó la campaña ÚNETE, estableciendo que el día 25 de cada mes sería un “Día Naranja”. El objetivo fue claro: movilizar a la opinión pública y a los gobiernos de los cinco continentes para que la prevención de la violencia no fuera un tema de una sola vez al año, sino una prioridad constante en la agenda pública.

Un movimiento sin pasaporte Aunque en México la visibilización es sumamente alta debido al activo papel de los colectivos y las instituciones, el Día Naranja es una jornada mundial. Desde las sedes de la ONU en Nueva York y Ginebra, hasta las plazas principales en Madrid, Buenos Aires o Nairobi, el naranja se utiliza como un lenguaje universal.

En Europa, el enfoque suele centrarse en la brecha salarial y el acoso laboral; en diversas regiones de África y Asia, la lucha se concentra en erradicar el matrimonio infantil y la mutilación genital. En América Latina, el clamor principal sigue siendo la justicia ante los feminicidios y la seguridad en los espacios públicos. Esta red global demuestra que, aunque los contextos cambien, la raíz del problema es la misma: la desigualdad estructural.

Nuestro país, se encuentra con una sociedad civil que ha sabido apropiarse del símbolo. México se ha destacado por integrar el Día Naranja en su protocolo institucional, obligando a una reflexión mensual sobre leyes clave como la Ley Olimpia (contra la violencia digital) y la Ley Vicaria. Portar el lazo naranja hoy es reconocer que somos parte de una cadena humana que busca, en todo el planeta, que ninguna mujer tenga que vivir con miedo.

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