Ayer llegó el día tan esperado: el partido México contra Portugal y la reinauguración del ahora Estadio Banorte. Entre todas las emociones que genera volver a ver rodar el balón en el templo del fútbol mexicano, la expectativa estaba por las nubes. Lo primero que saltó a la vista fue que el estadio quedó realmente bonito; la remodelación le sentó de maravilla, con una fachada moderna, butacas impecables y una iluminación que lo hace ver imponente bajo la noche de la Ciudad de México. Sin embargo, la realidad de la ejecución logística aterrizó de golpe a los miles de aficionados. Lo que debía ser una entrada triunfal a la modernidad se convirtió, para muchos, en un calvario de desorganización.

La entrada al evento fue caótica. A pesar de que se anunció una tecnología de punta para el acceso, la mala logística en los filtros de seguridad y la lentitud en la validación del Fan ID provocaron cuellos de botella humanos que recordaron las peores épocas del inmueble. Mucha gente entró ya empezado el partido; era frustrante ver las gradas con huecos mientras afuera las filas serpenteaban por las rampas de acceso, retrasandose mucho el flujo en las puertas.
Mientras tanto, afuera la tensión no era menor. Las inmediaciones del estadio fueron escenario de intensas manifestaciones, pero lo que realmente se sentía era un choque de realidades que calaba hondo. Las inmediaciones del estadio se convirtieron en el escenario de una protesta necesaria: desde el dolor incansable de las Madres Buscadoras hasta los vecinos que alzan la voz por el impacto de las obras del Mundial en las colonias aledañas. Estas protestas, sumadas a una “reta” de fútbol simbólica organizada sobre el asfalto de Periférico Sur, desquiciaron el tránsito y dejaron claro que la ciudad aún no está lista para la carga vehicular que este “nuevo” estadio pretende atraer.

Al momento de la ceremonia inicial, el sentimiento fue distinto. Empezó el partido y sonó el himno nacional, pero a diferencia de otras ocasiones, no hubo el tradicional despliegue de la bandera monumental en el círculo central. En su lugar, lo que se vio fue un despliegue de camisetas gigantes que cubrieron parte del césped, un detalle que, aunque distinto, no le restó potencia al grito de miles de gargantas que retumbaron en el nuevo diseño acústico del estadio.

Una vez que el balón rodó, la Selección Nacional de México dio una buena cara ante Portugal. Aunque para muchos fue un solo insípido empate sin goles, las formas importan y el Tricolor se vio bien por muchos lapsos del partido. Javier Aguirre pudo probar las piezas que le hacían falta de cara a la Copa del Mundo 2026, en especial a Raúl “Tala” Rangel y Álvaro Fidalgo, y ambos lo hicieron bien, dejando buenas sensaciones para mantenerse en sus respectivos puestos. Quizás el juego no tuvo tantas emociones como cualquiera hubiera pensado, pero hay que destacar la personalidad que mostró el equipo de Aguirre, peleando de tú a tú ante una de las escuadras que está llamada a ser candidata al título.
México dominó por momentos el encuentro y fue ahí donde Fidalgo brilló porque se echó el equipo al hombro y lo secundó Brian Gutiérrez, pero también supo sufrir y el grito de gol de los portugueses se ahogó cuando la pelota pegó en el poste. En el segundo tiempo los cambios del Vasco le ayudaron un poco más a la dinámica del equipo, y es que Julián Quiñones le dio una soltura al ataque y lo hizo más peligroso. La jugada de mayor peligro de la Selección Mexicana fue en los minutos finales y ya con el “Hormiga” González en el campo; la gente pidió al de Chivas, el Vasco les cumplió y el actual campeón de goleo estuvo cerca del gol con un cabezazo que se fue por un costado.
Por su parte, la Selección de Portugal mostró el oficio y la jerarquía que se espera de una potencia, aunque sin forzar la máquina en ningún momento. El conjunto dirigido por Roberto Martínez priorizó el orden y la posesión pulcra del balón, con un Vitinha que dictó el ritmo desde el centro del campo y un Antonio Silva que siempre dio claridad en la salida. Sin embargo, ante la ausencia de Cristiano Ronaldo, al equipo luso le faltó ese instinto agresivo en el último tercio de la cancha para romper el cero. Más allá de un disparo al poste de João Félix y un par de intervenciones puntuales del “Tala” Rangel, los europeos se mantuvieron en una zona de confort táctica que, sumada al planteamiento ordenado de México, terminó por entregar un encuentro de mucho respeto mutuo pero de pocas emociones en las áreas.
Lo mejor de la noche ocurrió en el intermedio. El emotivo medio tiempo rescató el ánimo de la grada. La organización entregó pulseras de luces LED a cada asistente que, sincronizadas por radiofrecuencia, iluminaron el estadio de verde, blanco y rojo. Fue un espectáculo visual de primer mundo. Al unísono, todo el estadio comenzó a cantar el “Cielito Lindo”, una ola de luz y sonido que recordó por qué este lugar es el templo del fútbol mexicano. Fue un momento de pura emoción que borró, por unos minutos, el mal sabor de boca de la entrada.
Sin embargo, el final del partido fue agridulce. La frustración por el 0-0, en los últimos minutos, la afición, fiel a su peor costumbre cuando el marcador no favorece, se aventó el “grito prohibido”, que resonó con fuerza en el último despeje del portero portugués.
Al salir, la pesadilla regresó. La vialidad al final fue un desastre absoluto. El plan de transporte “Estadio Seguro” se vio rebasado; el Tren Ligero no se dio abasto y las aplicaciones de transporte privado tenían tiempos de espera de más de una hora con tarifas dinámicas exorbitantes.
Como final final, el reporte que nadie quería escuchar: la confirmación del fallecimiento de un joven aficionado. El reporte policial y de protección civil verificó que un hombre de 27 años perdió la vida tras caer de una zona de palcos en el nivel 2. Aunque se habla de una imprudencia al intentar cruzar un muro divisorio, el hecho dejó una mancha de tragedia en una inauguración que ya venía golpeada por la logística. El Estadio Banorte abrió sus puertas, pero dejó claro que la fachada nueva no sirve de nada si el corazón operativo y la seguridad no están a la misma altura.
La #SSC informa:
— SSC CDMX (@SSC_CDMX) March 29, 2026
En la zona de palcos del Estadio #CiudadDeMéxico, un aficionado en estado de ebriedad intentó bajar del segundo al primer nivel brincando por la parte externa, lo que provocó que cayera hasta la planta baja, por lo que fue atendido por personal médico, pero… pic.twitter.com/DeCKWqEi13