La debilidad de la inversión en México se profundizó al inicio de 2026, confirmando un escenario de desaceleración que compromete las perspectivas de crecimiento del país. De acuerdo con cifras desestacionalizadas del Indicador Mensual de la Inversión Bruta de Capital Fijo, en enero el índice se ubicó en 102.3 puntos, lo que representó una caída mensual de 1.1 por ciento y un retroceso anual de 2.18 por ciento frente al mismo mes de 2025.
Con este resultado, la inversión fija bruta acumuló 17 meses consecutivos de contracciones a tasa anual, la racha más prolongada desde el periodo comprendido entre noviembre de 2018 y febrero de 2021, lo que refleja un deterioro persistente en uno de los principales motores del crecimiento económico.
El análisis del comportamiento de este indicador apunta a un conjunto de factores que han debilitado la inversión productiva. La directora de análisis económico de Banco BASE, Gabriela Siller Pagaza, atribuyó este desempeño a la incertidumbre tanto interna como externa, al deterioro de las expectativas económicas y a una reducción significativa en el gasto público destinado a infraestructura.

Las cifras de finanzas públicas refuerzan este diagnóstico. Durante los primeros dos meses de 2026, la inversión en infraestructura registró una caída acumulada de 44.94 por ciento en comparación con el mismo periodo del año anterior, lo que representa la mayor contracción de la que se tenga registro para un inicio de año.
El impacto de este comportamiento trasciende el corto plazo. La persistente debilidad en la inversión limita la capacidad productiva del país y reduce el potencial de crecimiento económico tanto inmediato como de largo alcance. Bajo este contexto, las proyecciones que anteriormente contemplaban una expansión del Producto Interno Bruto cercana al 2 por ciento se ven cada vez más difíciles de alcanzar.
A nivel estructural, la inversión fija en México aún se mantiene 9.61 por ciento por debajo de su máximo histórico, lo que evidencia que la recuperación posterior a la pandemia no ha sido suficiente para restablecer los niveles previos de dinamismo.

El desglose por componentes muestra una caída particularmente pronunciada en maquinaria y equipo, rubro estrechamente vinculado con la modernización productiva. Este segmento se ubica 14.08 por ciento por debajo de su máximo histórico registrado en agosto de 2024 y reportó en enero una contracción anual de 8.02 por ciento, con lo que suma 14 meses consecutivos a la baja. Se trata de su peor desempeño para un mes similar desde 2009, cuando cayó 23.49 por ciento, y antes de ello desde 1995, cuando el desplome alcanzó 27.69 por ciento.
El deterioro sostenido de este componente es particularmente relevante, ya que refleja una menor disposición de las empresas a invertir en expansión y actualización tecnológica, lo que incide directamente en la productividad y competitividad del país.
Ante este panorama, las previsiones para el resto del año apuntan a una continuación de la tendencia negativa. Para 2026 se anticipa una contracción de 2 por ciento en la inversión fija bruta, lo que consolidaría un ciclo prolongado de debilidad con implicaciones directas sobre el crecimiento económico, el empleo y la capacidad de desarrollo en el mediano plazo.