La violencia volvió a irrumpir en la vida pública y laboral de la capital sinaloense con el asesinato de Homar Salas Gastélum, dirigente electo del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento de Culiacán, quien fue atacado a balazos la mañana de este jueves en su domicilio ubicado en el fraccionamiento Brisas del Humaya, al norte de la ciudad. En el mismo hecho murió su escolta, un agente de la policía municipal asignado a su protección.
De acuerdo con reportes oficiales y versiones periodísticas coincidentes, el ataque ocurrió cuando el líder sindical se encontraba en la cochera de su vivienda o salía de ella, momento en que sujetos armados abrieron fuego de manera directa, provocando la muerte inmediata de ambos. La agresión fue perpetrada con armas de alto calibre y las autoridades estatales iniciaron una investigación para esclarecer los hechos y dar con los responsables.

El homicidio se produce en un contexto particularmente delicado, tanto por la reciente elección interna del sindicato como por antecedentes directos de violencia contra la víctima. Homar Salas había sido electo en febrero como nuevo dirigente del gremio tras una contienda marcada por tensiones, en la que obtuvo una mayoría significativa de votos y se preparaba para asumir formalmente el cargo en mayo.

Días después de esa elección, su domicilio ya había sido blanco de un ataque armado, cuando hombres armados dispararon contra la fachada de su vivienda; en aquella ocasión, tanto él como su familia resultaron ilesos. Ese antecedente derivó en la asignación de un escolta municipal, quien finalmente también fue asesinado en el atentado de este jueves.
El asesinato de Salas Gastélum no solo elimina a un actor clave en la representación laboral del Ayuntamiento de Culiacán, sino que también expone la vulnerabilidad de liderazgos sindicales en entornos de alta conflictividad. La organización que encabezaría, el STASAC, es una de las estructuras gremiales más relevantes dentro de la administración municipal, con influencia directa en la operación de servicios públicos y en la negociación de condiciones laborales.
Autoridades municipales condenaron el crimen y exigieron una investigación exhaustiva, mientras que instancias de seguridad y procuración de justicia abrieron una carpeta para determinar el móvil del ataque, que hasta ahora no ha sido esclarecido.

El homicidio ocurre además en un entorno de violencia persistente en Sinaloa, particularmente en Culiacán, donde distintos episodios recientes han reflejado una escalada en la inseguridad y en la disputa por el control territorial. En este contexto, el asesinato de un dirigente sindical electo añade un nuevo elemento de preocupación sobre la estabilidad institucional y la seguridad de actores públicos y sociales.
Con este crimen, la capital sinaloense vuelve a despertar marcada por el miedo y la incertidumbre, en una jornada que refuerza la percepción de fragilidad en la seguridad local y que plantea desafíos adicionales para las autoridades en la contención de la violencia y la protección de liderazgos sociales.