A menos de dos semanas de que la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Mara Lezama encabezaran la inauguración del Puente Vehicular Nichupté en Cancún, comenzaron a circular señalamientos y críticas sobre presuntas deficiencias estructurales, sobrecostos y retrasos relacionados con la megaobra construida sobre la laguna Nichupté, una de las principales apuestas de infraestructura del gobierno federal en Quintana Roo.
Las críticas se intensificaron luego de publicaciones difundidas en redes sociales y espacios digitales donde se afirmó que parte de la estructura habría requerido trabajos de apuntalamiento debido a problemas en pilotes. Hasta el momento, ni la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) ni el gobierno estatal han emitido información técnica oficial que confirme daños estructurales o hundimientos en la obra.
El Puente Nichupté fue inaugurado oficialmente los primeros días de mayo de 2026 como una vialidad estratégica para conectar el centro urbano de Cancún con la Zona Hotelera, reduciendo tiempos de traslado de hasta una hora a aproximadamente diez minutos, además de funcionar como ruta alterna de evacuación ante fenómenos meteorológicos. La obra tiene una longitud total de 11.2 kilómetros y fue presentada por el gobierno federal como el segundo puente más largo de América Latina construido sobre un cuerpo de agua.
Durante la inauguración, Claudia Sheinbaum defendió el proyecto como una muestra de infraestructura pública impulsada por la llamada Cuarta Transformación, mientras Mara Lezama sostuvo que el puente transformaría la movilidad en el principal destino turístico del Caribe mexicano.
Sin embargo, la obra ha permanecido bajo cuestionamientos desde antes de su apertura debido a retrasos acumulados y al incremento sustancial en su costo final. Reportes periodísticos documentaron que el proyecto originalmente fue adjudicado en 2022 por alrededor de 5 570 millones de pesos, pero para 2026 el monto ya superaba los 12 mil millones de pesos, lo que representa un aumento superior al 100 por ciento respecto al presupuesto inicial.
Diversos reportes también señalaron que la megaobra enfrentó modificaciones técnicas, retrasos en la ejecución y revisiones ambientales desde el inicio de su construcción. La propia SICT informó que el puente requirió procedimientos especializados para la colocación de pilotes a profundidades de hasta 30 metros en zonas lagunares.
Tras la inauguración oficial también surgieron cuestionamientos debido a que el puente no fue abierto inmediatamente a la circulación vehicular regular, situación que provocó críticas entre ciudadanos y usuarios en redes sociales. Medios regionales reportaron que los accesos permanecían restringidos mientras continuaban trabajos técnicos y operativos posteriores al acto protocolario.
En paralelo, especialistas y voces críticas han retomado observaciones hechas durante el desarrollo del proyecto sobre los riesgos técnicos y financieros de la obra. Entre ellas destacan referencias a revisiones de la Auditoría Superior de la Federación sobre el ejercicio presupuestal de megaproyectos federales y señalamientos de expertos en infraestructura respecto a los desafíos constructivos en una zona lagunar con condiciones complejas de cimentación.