La comunidad literaria mexicana alzó la voz este viernes para manifestar su rechazo a los cambios impulsados por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México en la histórica Casa del Poeta Ramón López Velarde, recinto ubicado en la colonia Roma Norte, cuya reciente reestructuración ha generado un intenso debate entre escritores, poetas, académicos y promotores culturales.
La protesta se centró en dos decisiones anunciadas durante la reinauguración del espacio realizada el pasado 4 de junio: el cambio de nombre del inmueble a “Casa de las Palabras, Ramón López Velarde” y la instalación del denominado “Primer Cabaret Público de México” en el área que durante años ocupó el emblemático Café Bar Las Hormigas. Los inconformes sostienen que ambas medidas alteran la vocación original de un recinto dedicado históricamente a la preservación y difusión de la literatura y la poesía.

Durante la manifestación, integrantes de la comunidad literaria portaron ejemplares de la obra de Ramón López Velarde, considerado una de las figuras fundamentales de la poesía mexicana y una referencia indispensable del modernismo en lengua española. Asimismo, exhibieron pancartas con mensajes dirigidos a la secretaria de Cultura capitalina, Ana Francis Mor, cuestionando las decisiones adoptadas en torno al recinto.
Las demandas del movimiento quedaron plasmadas en un comunicado fechado el 11 de junio y firmado por el Comité de Defensa de la Casa del Poeta Ramón López Velarde. El documento, dirigido a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, expresa una profunda preocupación por el rumbo que ha tomado el espacio cultural y solicita la revisión de las medidas implementadas por la actual administración cultural.
Entre los principales planteamientos del comité destaca la exigencia de restituir tanto el nombre original como la vocación histórica de la institución. Los firmantes consideran que el nuevo programa cultural representa un cambio sustancial en la naturaleza del recinto y sostienen que la literatura debe continuar siendo su eje rector.
El pronunciamiento también rechaza la transformación del Café Bar Las Hormigas en un cabaret público. De acuerdo con los escritores y promotores culturales involucrados en la protesta, ese espacio debe conservarse como un foro destinado prioritariamente a presentaciones editoriales, lecturas de poesía, encuentros literarios y actividades vinculadas con el libro y la creación escrita. Aunque reconocen la posibilidad de establecer diálogos con otras disciplinas artísticas, insisten en que la literatura no debe perder su carácter central dentro del proyecto cultural, y no se ha dejado de señalar la cercanía o la pertenencia de la secretaria de Cultura con compañías de cabaret como Las Reinas Chulas.
Otro de los puntos que ha generado controversia es la permanencia de Andrés Carreño al frente del recinto. Los manifestantes solicitaron su destitución argumentando que su trayectoria profesional está principalmente ligada a las artes escénicas y al teatro, perfil que, a su juicio, no corresponde a las necesidades de una institución especializada en la promoción literaria.
El Comité de Defensa recordó además que la casa posee una relevancia histórica y patrimonial singular. Según señalaron, el inmueble cuenta con catalogación de Monumento Artístico e Histórico por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia y del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Asimismo, destacaron que su rescate fue posible gracias a un decreto de expropiación impulsado por figuras fundamentales de las letras mexicanas como Carlos Pellicer, José Emilio Pacheco y Víctor Sandoval.

Los inconformes subrayan que dicho decreto estableció expresamente a la literatura y la poesía como el objeto de utilidad pública del inmueble, razón por la cual consideran que cualquier modificación sustancial a sus funciones debe analizarse con especial cuidado y en diálogo con la comunidad cultural vinculada al legado de Ramón López Velarde.
Respecto al cambio de nombre, la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México explicó en un comunicado difundido el 9 de junio que la decisión responde a una política de inclusión lingüística y cultural. La dependencia señaló que la nueva denominación busca dejar atrás los genéricos masculinos como única forma de nombrar espacios culturales y abrir una reflexión contemporánea sobre el lenguaje y la diversidad.
Sin embargo, voces como la del poeta Hernán Bravo Varela cuestionaron este argumento durante la manifestación. El escritor sostuvo que la Casa del Poeta había mantenido históricamente una vocación plural e incluyente sin necesidad de modificar el nombre que durante décadas la identificó y que se encuentra estrechamente vinculado a la memoria de López Velarde.

Frente a las críticas, la Secretaría de Cultura capitalina ha defendido la reestructuración del recinto. La institución asegura que la poesía continúa siendo el núcleo de la programación y que el objetivo de los cambios es ampliar el alcance social y cultural del espacio mediante un modelo sustentado en los derechos culturales, la diversidad y la participación de nuevos públicos.
La dependencia también enfatizó que los acervos documentales y bibliográficos asociados al inmueble permanecen intactos y disponibles para consulta gratuita. Entre ellos se encuentran colecciones de gran valor cultural como las bibliotecas Salvador Novo y Efraín Huerta, consideradas referentes para investigadores, estudiantes y lectores especializados.
Sobre la instalación del cabaret público, las autoridades sostienen que la propuesta recupera la tradición de café-concert que en distintos momentos caracterizó a Las Hormigas y que las actividades interdisciplinarias previstas no desplazarán la presencia de la poesía, sino que buscarán fortalecerla mediante nuevos formatos de expresión artística.
La controversia evidencia el choque entre dos visiones sobre el futuro de uno de los espacios literarios más emblemáticos de la capital mexicana. Mientras escritores y promotores culturales advierten sobre el riesgo de desdibujar la identidad histórica de la Casa del Poeta Ramón López Velarde, las autoridades culturales defienden una estrategia orientada a ampliar su alcance y diversificar su programación. El debate permanece abierto y ha colocado nuevamente en el centro de la discusión pública la preservación del patrimonio literario y la manera en que los espacios culturales deben adaptarse a las transformaciones del siglo XXI sin perder la esencia que les dio origen.