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Cierra Ediciones Era tras 66 años y deja en silencio una de las voces más importantes de la cultura mexicana

Ediciones Era, una de las editoriales independientes más importantes de México y una casa fundamental para la literatura, el pensamiento crítico y las ciencias sociales en lengua española, anunció la suspensión definitiva de sus operaciones, después de 66 años de trayectoria
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Ediciones Era, una de las editoriales independientes más importantes de México y una casa fundamental para la literatura, el pensamiento crítico y las ciencias sociales en lengua española, anunció la suspensión definitiva de sus operaciones, después de 66 años de trayectoria.

La noticia representa el cierre de una etapa particularmente significativa para la cultura mexicana. Desde 1960, el sello construido por jóvenes vinculados al exilio republicano español se convirtió en refugio y plataforma para escritores, poetas, cronistas, artistas e intelectuales que encontraron en sus páginas un espacio para publicar obras que con frecuencia desafiaban las corrientes dominantes de su tiempo.

La propia editorial explicó en una carta dirigida a sus clientes y amigos que la decisión responde a una transformación profunda del mercado del libro y a la imposibilidad de sostener económicamente la operación mediante la venta de sus publicaciones.

“Hoy, a 66 años de la publicación del primer libro de Ediciones Era, nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de las ventas de nuestros libros”, señala la misiva titulada “Ediciones Era detiene sus operaciones”.

La editorial asegura que durante los últimos seis años realizó múltiples esfuerzos para mantenerse activa, pero que los ingresos necesarios para garantizar su continuidad no llegaron. Uno de los principales golpes, explica, fue la transformación de la red de librerías que existía antes de la pandemia de covid-19 y que representaba una parte fundamental de su subsistencia.

De acuerdo con la carta, aquella red prácticamente desapareció y las ventas de Era llegaron a representar apenas 25 por ciento de lo que eran antes de la pandemia. El dato permite dimensionar la magnitud del cambio que enfrentó la editorial: no se trató únicamente de una caída temporal en la comercialización de libros, sino de una modificación estructural en las condiciones que durante décadas hicieron posible la existencia de una casa editorial independiente.

La empresa también reconoce que contrajo deudas durante la pandemia y que, aunque con grandes esfuerzos consiguió pagar parte de ellas, las cantidades pendientes continuaron aumentando. Ante ese escenario, decidió vender la casa que ocupaba en la colonia Roma para contar con recursos que le permitan hacer algunos pagos y, sobre todo, detener la operación antes de llegar a una situación de endeudamiento que resultara imposible de afrontar.

El anuncio marca el final de una historia que comenzó en 1960, cuando Vicente Rojo, José Azorín y los hermanos Neus, Jordi y Quico Espresate pusieron en marcha el proyecto editorial. De acuerdo con el Centro Virtual Cervantes, la idea surgió en 1959 a partir de la intención de aprovechar los periodos en que las máquinas de la Imprenta Madero permanecían inactivas para imprimir libros.

El nombre ERA surgió de las iniciales de los apellidos Espresate, Rojo y Azorín. La Enciclopedia de la Literatura en México registra a la editorial como fundada en 1960 y señala que desde entonces concentró buena parte de su trabajo en literatura, ciencias sociales, arte e historia.

Su primer libro fue La batalla de Cuba, de Fernando Benítez, una obra que desde el comienzo mostró la vocación de la casa por publicar asuntos políticos, sociales y culturales que podían resultar incómodos para otros sellos. Con el paso de las décadas, ese perfil convirtió a Era en una referencia de la edición independiente en México y en el ámbito hispanoamericano.

Pero la importancia de Era no se encuentra únicamente en su catálogo. También está en las trayectorias que acompañó y en la manera en que contribuyó a construir la memoria literaria y cultural del país.

Por sus páginas pasaron autores como José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Juan García Ponce, Roger Bartra, David Huerta, José Revueltas, Antonio Gramsci, Pablo González Casanova y numerosos escritores y pensadores que terminaron ocupando un lugar central en la cultura mexicana.

José Emilio Pacheco mantuvo una relación especialmente estrecha con el sello. Era publicó en sus primeros años Los elementos del fuego, y posteriormente buena parte de su obra poética. También fue la casa que publicó la primera edición de El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, cuando el escritor colombiano todavía no había alcanzado el reconocimiento internacional que tendría años después.

La historia de Era también está ligada a Neus Espresate, quien durante décadas fue una de las figuras centrales de la editorial y cuya labor contribuyó decisivamente a convertirla en uno de los sellos independientes más reconocidos del mundo hispano. Espresate murió en 2017, a los 83 años.

Su filosofía editorial estuvo marcada por la independencia. En declaraciones recogidas por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Espresate defendió que la casa nunca debía someter su catálogo a presiones económicas o políticas, porque hacerlo habría significado renunciar a una parte esencial de su razón de ser.

Esa identidad explica por qué el cierre de Era trasciende la desaparición de una empresa. Su historia forma parte de la historia intelectual y literaria de México. Durante más de seis décadas, la editorial funcionó como un espacio donde literatura, política, memoria, arte y pensamiento crítico podían convivir bajo una misma idea: publicar libros considerados necesarios, incluso cuando las condiciones del mercado no fueran favorables.

Ahora, esa independencia enfrenta precisamente una de las mayores dificultades que puede encontrar un proyecto editorial: sobrevivir cuando la venta de sus propios libros deja de ser suficiente para sostenerlo.

En su carta, el equipo de Era informa que comenzará a cerrar cuentas con las librerías y los distintos puntos de venta que todavía tienen ejemplares de su catálogo. Sus representantes se pondrán en contacto con cada uno de ellos para llevar a cabo el proceso de manera gradual y ordenada.

El mensaje final de la editorial no está planteado como una despedida estridente, sino como el reconocimiento de una relación construida durante décadas. Era agradece a quienes trabajaron con ella, a las librerías y puntos de venta, y especialmente a quienes dieron espacio a sus libros y mantuvieron el interés por sus autores y temas.

“Ha sido un privilegio contar con ustedes para la difusión de los libros de Ediciones Era”, concluye la carta.

Después de 66 años, las máquinas que alguna vez fueron aprovechadas durante sus tiempos muertos para imprimir libros dejarán de producir nuevos títulos bajo el sello. Queda, sin embargo, un catálogo que forma parte de la memoria cultural de México y una historia editorial que ayudó a que varias generaciones de lectores conocieran voces que terminaron siendo indispensables.

El cierre de Ediciones Era deja así una pregunta que rebasa a la propia editorial: ¿qué futuro pueden tener en México los sellos independientes que durante décadas hicieron de la literatura y el pensamiento crítico una vocación antes que un negocio?

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