México enfrentará en 2026 uno de sus escenarios económicos más débiles dentro de América Latina. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) colocó al país entre las economías con menor crecimiento de la región, con una expansión estimada de apenas 1.3 por ciento, sólo por encima del desempeño previsto para Bolivia y Cuba, de acuerdo con la actualización de sus proyecciones económicas presentada este jueves.
El dato representa una nueva señal sobre la dificultad que enfrenta la economía mexicana para recuperar un ritmo de expansión capaz de traducirse en mayores ingresos, empleos y oportunidades para la población. La Cepal redujo de 1.5 a 1.3 por ciento su pronóstico para el Producto Interno Bruto (PIB) mexicano en 2026, mientras que para 2025 estima un crecimiento de 0.5 por ciento.
El organismo de Naciones Unidas advirtió además que México forma parte de una problemática más profunda que atraviesa a buena parte de la región: una prolongada etapa de bajo crecimiento que no puede explicarse únicamente por las condiciones internacionales actuales.
Durante la presentación del informe, el secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs, señaló que México es uno de los países que se encuentra “en la trampa” del bajo crecimiento económico desde hace varios años. El señalamiento coloca el desempeño mexicano dentro de una discusión que va más allá de una cifra anual y apunta a obstáculos estructurales que han impedido elevar de manera sostenida la productividad y la inversión.

La fotografía regional resulta especialmente contrastante. Mientras México crecería 1.3 por ciento y Bolivia apenas 0.5 por ciento, Cuba enfrentaría una contracción de 10.3 por ciento. En el extremo contrario, Venezuela aparece con una expansión proyectada de 6.5 por ciento, seguida por Nicaragua con 4.5 por ciento, Panamá con 4.4 por ciento y Paraguay con 4.3 por ciento.
La posición de México también resulta significativa frente a otras grandes economías latinoamericanas. Brasil crecería 2.2 por ciento, Colombia 2.6 por ciento, Perú 3.2 por ciento y Argentina 3.3 por ciento, de acuerdo con las estimaciones divulgadas por la Cepal. Chile tendría una expansión de 1.6 por ciento, mientras Uruguay registraría 1.5 por ciento.
El organismo prevé que América Latina y el Caribe crecerá 2.3 por ciento durante 2026, después de una expansión de 2.4 por ciento en 2025. Para 2027 anticipa una recuperación parcial, aunque insuficiente para modificar de fondo la tendencia de bajo dinamismo que ha caracterizado a la región.
En ese contexto, el caso mexicano adquiere especial relevancia porque el bajo crecimiento no sería un fenómeno aislado de un solo ejercicio. La Cepal identifica una persistente combinación de baja inversión, débil crecimiento de la productividad, menor dinamismo en la generación de empleo formal y una elevada informalidad laboral como parte de las restricciones estructurales que frenan a las economías latinoamericanas.
El diagnóstico es particularmente relevante para México, una economía profundamente integrada a Estados Unidos y, por tanto, expuesta a los cambios en la demanda externa, las condiciones comerciales y financieras y el comportamiento de su principal socio económico.
La Cepal también subraya que el escenario internacional se ha vuelto más complejo. Para 2026 se espera una desaceleración de la economía mundial, acompañada por tensiones geopolíticas, volatilidad financiera y dificultades relacionadas con el suministro energético. A ello se suman tasas de interés internacionales todavía relativamente elevadas y la fortaleza del dólar, factores que pueden encarecer el financiamiento para las economías emergentes.

Sin embargo, el mensaje central del organismo es que las condiciones externas no explican por sí solas el problema. La región arrastra limitaciones internas que han reducido su capacidad para crecer con mayor fuerza y, sobre todo, para convertir el crecimiento económico en una mejora sostenida de las condiciones de vida.
La Cepal advierte que, si se mantienen las tendencias actuales, América Latina y el Caribe acumulará varios años de crecimiento promedio cercano a 2.3 por ciento. Una tasa de ese tamaño resulta insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante, reducir las brechas de desarrollo y ampliar significativamente el margen de maniobra de los gobiernos para impulsar políticas públicas.
En el caso mexicano, el desafío es todavía más evidente porque el crecimiento proyectado para 2026 llegaría después de un 2025 de apenas 0.5 por ciento. La combinación de ambas tasas dibuja un periodo de prácticamente estancamiento, especialmente si se considera el tamaño de la economía mexicana y las necesidades de una población que requiere mayor generación de empleos formales y mejores ingresos.
La perspectiva no significa que México vaya a entrar necesariamente en una recesión. El pronóstico de la Cepal sigue contemplando crecimiento positivo. El problema está en la velocidad: crecer 1.3 por ciento implica avanzar, pero a un ritmo que el organismo considera insuficiente frente a los desafíos estructurales de la región.
La advertencia de la Cepal pone así el foco en una pregunta que rebasa las cifras de crecimiento: cómo conseguir que la estabilidad macroeconómica se transforme en una economía con mayor capacidad productiva.
Salazar-Xirinachs sostuvo que América Latina ha logrado preservar importantes avances en materia de estabilidad macroeconómica, pero planteó que esa estabilidad debe convertirse en una plataforma para crecer “más y mejor”. Para ello, el organismo considera necesario elevar la inversión y la productividad, al tiempo que se avanza hacia una mayor formalización productiva, se fortalecen las capacidades de trabajadores y empresas y se generan empleos formales de mayor calidad.
La fotografía de 2026 deja, por ahora, a México en una posición incómoda dentro de América Latina. No es la economía que más cae, pero sí una de las que menos crecerán. Cuba enfrentaría el deterioro más severo, con una contracción de 10.3 por ciento, mientras Haití también retrocedería 1.9 por ciento. Bolivia, con 0.5 por ciento, y México, con 1.3 por ciento, completan el grupo de economías con menor dinamismo entre los países que mantendrían crecimiento positivo.
El reto, por tanto, no se limita a mejorar una proyección anual. La discusión que plantea la Cepal apunta a la necesidad de romper con un patrón de crecimiento débil que lleva años afectando a la región y que, en el caso mexicano, amenaza con convertir el bajo dinamismo en una característica persistente de la economía.
México tiene una de las economías más grandes de América Latina y una posición estratégica por su integración comercial con Estados Unidos. Precisamente por ello, la tasa proyectada por la Cepal adquiere un significado que va más allá del porcentaje: refleja las dificultades para aprovechar plenamente esa posición y convertirla en un crecimiento más vigoroso, productivo e incluyente.
Mientras otras economías latinoamericanas avanzan a ritmos superiores, el desafío mexicano será evitar que el bajo crecimiento se convierta en una nueva normalidad y conseguir que la inversión, la productividad y el empleo formal encuentren un impulso capaz de cambiar esta trayectoria.
La advertencia de la Cepal deja sobre la mesa una cuestión de fondo: ¿podrá México salir de la trampa del bajo crecimiento y convertir su enorme potencial económico en mayor bienestar para su población?