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El muro fronterizo amenaza el regreso del jaguar a EU

Los trabajos asociados con las nuevas vallas han implicado la eliminación de vegetación y la alteración de zonas rocosas para abrir espacio a las estructuras
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El muro fronterizo entre México y Estados Unidos se ha convertido en una de las principales amenazas para el regreso del jaguar al suroeste estadounidense. La construcción de nuevas barreras metálicas, algunas de hasta nueve metros de altura, está cerrando corredores naturales que durante siglos permitieron el desplazamiento de estos grandes felinos entre ambos países.

La situación resulta especialmente crítica porque científicos han identificado ejemplares de jaguar en ambos lados de la frontera. En Arizona, un macho conocido como “Cinco” recorre de manera solitaria las montañas, mientras que en Sonora investigadores registraron mediante cámaras trampa a una hembra llamada “Adela”, localizada a apenas tres kilómetros de la frontera.

El problema es que entre ambos animales se levanta una barrera que prácticamente no pueden atravesar.

El muro está cerrando los corredores del jaguar

Los jaguares necesitan grandes extensiones de territorio para desplazarse, encontrar alimento y reproducirse. Históricamente, sus poblaciones se extendían desde México hasta regiones del suroeste de Estados Unidos.

Sin embargo, la expansión de la infraestructura fronteriza está fragmentando algunos de los últimos corredores que todavía permiten el movimiento de fauna silvestre.

Organizaciones ambientalistas y científicos advierten que la construcción de nuevas barreras podría bloquear tres de los cuatro principales corredores de vida silvestre entre Sonora y Arizona, incluido el Valle de San Rafael, una zona considerada estratégica para la conectividad de las poblaciones de jaguar.

La preocupación no se limita al felino. El cierre de estos pasos también afecta a otras especies que utilizan los mismos corredores para desplazarse en busca de alimento, agua y refugio.

“Cinco” y “Adela”, separados por la frontera

La historia de estos dos jaguares ilustra el problema.

“Cinco”, un macho adulto identificado en Arizona, se ha convertido en uno de los ejemplares más conocidos de la especie en territorio estadounidense. Del lado mexicano, las cámaras de monitoreo captaron a “Adela”, una hembra que se encuentra a pocos kilómetros de la frontera.

Para los investigadores, la presencia de ambos ejemplares representa una oportunidad excepcional para que el jaguar vuelva a reproducirse de manera natural en Estados Unidos.

Pero esa posibilidad depende de que los animales puedan desplazarse entre sus respectivos territorios.

El jaguar dejó de tener una población reproductiva estable en Estados Unidos hace más de siete décadas. Por ello, el encuentro de ejemplares provenientes de las poblaciones mexicanas podría ser determinante para recuperar la especie en parte de su antiguo rango de distribución.

El riesgo también es genético

El problema del muro va más allá de impedir que un jaguar cruce físicamente la frontera.

Cuando las poblaciones quedan aisladas, también se interrumpe el intercambio genético entre los animales. Con el paso del tiempo, una población pequeña y aislada puede perder diversidad genética y quedar más expuesta a enfermedades y otros factores ambientales.

Para una especie que necesita grandes territorios y que mantiene poblaciones reducidas en algunas regiones, esa fragmentación puede convertirse en un riesgo adicional para su supervivencia.

Por ello, los especialistas consideran que mantener conectados los hábitats de México y Estados Unidos es fundamental para garantizar la recuperación del jaguar.

La construcción también transforma el hábitat

La infraestructura fronteriza no solo funciona como una barrera para los animales. Su construcción también modifica directamente los ecosistemas.

Los trabajos asociados con las nuevas vallas han implicado la eliminación de vegetación y la alteración de zonas rocosas para abrir espacio a las estructuras.

Esto fragmenta los lugares donde los jaguares encuentran refugio y donde también se concentran algunas de sus presas, entre ellas venados y jabalíes.

Cuando los corredores naturales desaparecen, los animales pueden verse obligados a desplazarse hacia zonas con mayor presencia humana, menos agua o menor disponibilidad de alimento.

Una barrera entre México y el antiguo territorio del jaguar

El jaguar es una especie protegida tanto en México como en Estados Unidos. Sin embargo, las disposiciones legales que han permitido acelerar determinados proyectos de infraestructura fronteriza han reducido la aplicación de algunas normas ambientales durante la construcción.

Para los grupos conservacionistas, el momento es especialmente delicado: mientras las poblaciones mexicanas de jaguar siguen proporcionando ejemplares capaces de desplazarse hacia el norte, la expansión de la barrera fronteriza podría cerrar los últimos caminos naturales hacia Arizona.

Así, “Cinco” y “Adela” representan algo más que dos jaguares separados por una frontera. Son el reflejo de una oportunidad de recuperación que los científicos consideran histórica, pero que podría desaparecer si los corredores biológicos quedan completamente bloqueados.

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