Que en Morena y el PT ya tienen su propia novela rumbo a 2027 y, por lo visto, todavía no encuentran quién escriba el final. Mientras el partido guinda reparte candidaturas y coordinaciones con la seguridad de quien siente tener el control absoluto, en el PT crece el reclamo por la supuesta soberbia de las dirigencias de Ariadna Montiel y Citlalli Hernández. Los petistas quieren encuestas, mesas técnicas y acuerdos; Morena, aparentemente, quiere que sus aliados se sienten, escuchen y esperen su turno.
En Baja California, por ahora, la historia viene con menos gritos, pero no necesariamente con más tranquilidad. El PT no desconoce a Julieta Ramírez como coordinadora morenista, aunque insiste en que falta cumplir el acuerdo para medirla frente a Monserrat Caballero. Marco Antonio Blásquez mantiene el discurso de que no hay rompimiento, mientras Jaime Bonilla guarda silencio desde el 15 de septiembre. Así que la alianza sigue viva, sí, pero con una peculiar forma de convivencia: Morena decide, el PT reclama y todos dicen que no hay pleito. ¿Qué podría salir mal?
MORENA PAGA EL COSTO
Que en Morena ya comenzaron a reconocer que la detención del alcalde de Juchitán, Miguel Sánchez Altamirano, tiene un costo político, aunque sus legisladores intenten convertir el golpe en una muestra de que el Gobierno federal actúa sin distingos. El argumento es que, al tratarse de un alcalde morenista detenido por presuntos vínculos con una organización criminal, el caso demostraría que no existe protección por colores. El problema es que la detención también vuelve inevitable otra pregunta: ¿cómo llegó un personaje señalado por la Fiscalía a una candidatura de Morena?
Porque el propio Raúl Bolaños admitió que existe un costo político para quienes llevaron al alcalde a la elección y puso sobre la mesa la necesidad de filtros partidistas. Ricardo Monreal, por su parte, defendió la actuación del Gobierno federal. Pero el discurso de “no hay distingos” no borra la responsabilidad política de los filtros que permitieron la candidatura. Para Morena, el caso no sólo plantea qué hace el Gobierno cuando detecta posibles vínculos criminales, sino qué hizo el partido antes de llevar a ese candidato a las urnas.
NETANYAHU, FRENTE AL VACÍO
Que Benjamin Netanyahu llegó a la Asamblea General de la ONU y encontró una escena difícil de ignorar: decenas de delegados abandonaron el salón cuando comenzó su discurso, después de que la Misión Palestina había llamado a una salida colectiva en protesta por las acciones de Israel. En lugar de leer el gesto como una señal política, el primer ministro israelí respondió calificando de “cobardes morales” a quienes se marcharon y les pidió que salieran si no querían escucharlo. El contraste fue brutal: mientras el salón se vaciaba, Netanyahu defendía las acciones militares de Israel y afirmaba que su país también estaba protegiendo a otras naciones.
El discurso profundizó una confrontación que ya trasciende las fronteras de Israel y Palestina. Netanyahu aseguró que atacar Irán fue una de las decisiones más fáciles que ha tomado y sostuvo que Israel eliminó armas nucleares iraníes, mientras la representación palestina acusó a su Gobierno de genocidio, crímenes de guerra y ocupación ilegal, acusaciones que Israel rechaza. Más allá de las posiciones enfrentadas, la imagen política quedó instalada: un primer ministro hablando ante una Asamblea parcialmente vacía y respondiendo con confrontación a quienes decidieron abandonar el recinto.