El Ayuntamiento de Limoges, edificio neorrenacentista inaugurado el 14 de julio de 1883 y declarado monumento histórico en 1975, quedó en gran parte destruido la noche del sábado 17 de octubre de 2026 tras ser incendiado por un grupo de encapuchados durante las protestas nacionales contra el coste de la vida. El techo se derrumbó sobre los pisos inferiores y el campanile de 43 metros de altura colapsó entre las llamas, en escenas que evocaron el incendio de Notre Dame de París en 2019.
El edificio, diseñado por el arquitecto Charles-Alfred Leclerc e inspirado en el Ayuntamiento de París, había sobrevivido a las dos guerras mundiales. Su construcción fue posible gracias al legado de Alfred Fournier, un rico limusín que murió sin herederos en 1875. Durante más de 140 años albergó los servicios municipales de la ciudad de unos 130.000 habitantes, en el centro de Francia.
Según el prefecto de Haute-Vienne, Maurice Barate, un grupo de varias centenas de personas radicalizadas y extremadamente violentas se separó de la manifestación principal —que reunió a unos 5.000 participantes— y atacó el edificio hacia las 17:00 o 18:00 horas. Primero quemaron un vehículo de la policía municipal. Luego rompieron ventanas, usaron un ariete para forzar la puerta principal e irrumpieron en el interior, donde aún se encontraban empleados, electos y policías municipales. Nadie resultó herido, pero el fuego se propagó rápidamente.
Los bomberos intervinieron de inmediato, pero no pudieron impedir el colapso de la cubierta y del campanile. Barate calificó el hecho de “catástrofe patrimonial” y “acto voluntario de casseurs, no de manifestantes”. El alcalde Guillaume Guérin denunció que la policía nacional no contó con medios suficientes para contener a los violentos y aseguró que los responsables serán detenidos. La fiscalía de Limoges abrió una investigación por destrucción de bien mediante violencia en banda organizada y reportó 17 detenciones, de las cuales siete corresponden a menores.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, atribuyó las violencias a grupos de ultraizquierda y a delincuentes oportunistas. En todo el país se registraron alrededor de 550.000 manifestantes y más de 400 detenidos en una jornada que se sumó a las movilizaciones estudiantiles previas. En Limoges, los vecinos acudieron el domingo a contemplar las ruinas entre lágrimas e indignación. “Es como ver Notre Dame otra vez, pero era nuestro ayuntamiento”, dijo una vecina.
El edificio formaba parte del patrimonio local y nacional. Su destrucción ha generado un profundo impacto emocional en una ciudad que no estaba acostumbrada a este nivel de violencia urbana. Las autoridades locales han asegurado la continuidad de los servicios públicos en instalaciones provisionales, mientras se evalúa el alcance total de los daños y se preparan las acciones judiciales.
El incendio del Ayuntamiento de Limoges se ha convertido en el símbolo más visible de una jornada de protestas que, aunque mayoritariamente pacífica, dejó un saldo de destrozos en varias ciudades francesas. La imagen del campanile desplomándose ha circulado ampliamente y ha reabierto el debate sobre el equilibrio entre el derecho a la protesta y la protección del patrimonio y de las instituciones.