“Ha salido todo el mundo volando”, recuerda Jesús, uno de los pasajeros que sobrevivió al choque entre un tren AVE de Renfe y un convoy de Iryo en Toledo, España. El estruendo, los cuerpos golpeados por la fuerza del impacto y los vagones destrozados forman parte de los recuerdos de quienes viajaban en los dos trenes y lograron salir con vida.
La colisión ocurrió la mañana del miércoles 28 de octubre, en las inmediaciones de Urda, en Castilla-La Mancha. El AVE alcanzó por detrás al tren Iryo, que permanecía detenido en la vía. El impacto provocó el descarrilamiento de varios vagones y dejó una escena que los pasajeros describieron como una película de terror.
El balance provisional ascendió a al menos 68 personas fallecidas y decenas de heridos, mientras los equipos de emergencia continuaban con las labores de rescate. En medio de la tragedia, los testimonios de los supervivientes reconstruyen los segundos en los que un viaje habitual se convirtió en una lucha por ponerse a salvo.
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— SIGLO XXI NEWS (@ACECAS_XXI) October 28, 2026
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🇪🇸España-Toledo
El balance de la catástrofe ferroviaria de #Toledo se eleva a 64 víctimas mortales confirmadas.
La cifra de fallecidos en el fatídico #AccidenteFerroviario de trenes registrado en la provincia de Toledo continúa… pic.twitter.com/tho1kxk9HY
“Ha salido todo el mundo volando”: el instante del impacto
Jesús viajaba en el AVE cuando sintió un frenazo brusco que alteró por completo el trayecto. Hasta ese momento, estaba trabajando tranquilamente con su computadora portátil.
“Ha salido todo el mundo volando”, contó a la Cadena SER al describir lo ocurrido dentro del tren. Según su relato, los pasajeros apenas tuvieron tiempo de reaccionar antes de comprender que había sucedido algo grave.
Tras el impacto, algunos viajeros comenzaron a auxiliar a quienes estaban heridos. Jesús también colaboró con los servicios sanitarios y ayudó a atender a una persona lesionada mientras llegaba más personal de emergencia.
Aunque sufrió heridas, consideró que había tenido suerte frente a la situación que enfrentaban otros pasajeros. “He visto imágenes que no se me van a olvidar”, relató en su entrevista con la emisora española.
Su testimonio refleja una de las escenas que se repiten en los relatos de los supervivientes: el desconcierto inicial, los golpes provocados por la colisión y la necesidad de ayudar a otras personas sin conocer todavía la magnitud del accidente.
“Es como si hubieran puesto una bomba”: los vagones destrozados
Sebastián Herrero, pasajero del tren Iryo, recordó que el convoy había permanecido detenido durante varios minutos antes de que se produjera el impacto.
El golpe fue repentino y de una fuerza que, según describió, resultaba difícil de asimilar. Al observar los daños, encontró una escena de hierros retorcidos y vagones gravemente afectados.
La comparación que utilizó para explicar lo que vio fue contundente: “Es como si hubieran puesto una bomba”.
Otros pasajeros también describieron daños severos en los coches y personas que necesitaban ayuda para salir. Las imágenes que encontraron al abandonar los trenes contrastaban con la normalidad que había marcado el viaje minutos antes.
En declaraciones recogidas por medios españoles e internacionales, los supervivientes coincidieron en que el impacto los tomó por sorpresa y que, durante los primeros instantes, resultaba complicado entender qué había ocurrido.
Imágenes aéreas del accidente 👇#AccidenteFerroviario #AccidenteTren pic.twitter.com/TXSVg1Xd0o
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“Salí disparada hacia las maletas”: pasajeros lanzados por la fuerza del choque
Ana María, de 60 años, viajaba en el coche seis del AVE junto a su marido. Según relató a EL PAÍS, el tren había permanecido detenido unos minutos por incidencias en la vía antes de reanudar la marcha.
Poco después, sintió el impacto. La fuerza de la colisión la desplazó hacia la zona donde se encontraban las maletas, mientras sus pertenencias caían sobre ella.
“Yo he salido disparada hacia las maletas. Se me ha caído todo encima”, contó al describir los momentos posteriores al choque.
Su marido también resultó golpeado en la cabeza, por lo que ambos se dirigían a recibir atención médica. El relato muestra cómo la violencia del impacto afectó incluso a pasajeros que no se encontraban en los vagones más dañados.
Otros viajeros describieron golpes contra los asientos, equipaje que cayó al suelo y dificultades para reconstruir la secuencia exacta de lo sucedido. Para algunos, los recuerdos aparecen de forma fragmentada: primero el ruido, después los cuerpos desplazándose y, finalmente, la búsqueda de una salida.
“No voy a olvidar los chillidos de pánico”: el auxilio a los heridos
Eduarda, una joven de 17 años que sobrevivió al accidente, recordó los gritos de quienes habían quedado atrapados o necesitaban ayuda dentro de los vagones.
Tras el impacto, su asiento se rompió y ella colaboró en la evacuación de otros pasajeros, algunos de ellos con el rostro ensangrentado. En declaraciones a la Cadena SER, explicó que las voces y los gritos de angustia fueron una de las experiencias que más le costaba asimilar.
La joven se encontraba en estado de shock después de lo sucedido. Su relato también da cuenta de la ayuda improvisada que surgió entre los propios viajeros, que intentaron auxiliar a los heridos mientras llegaban los equipos de rescate.
En una emergencia en la que varios coches quedaron dañados, cada minuto resultaba importante para localizar a las personas atrapadas y facilitar su evacuación.
Pasajeros y vecinos ayudaron a escapar hacia los campos
Una vez fuera de los trenes, algunos supervivientes se alejaron de las vías por temor a que pudiera producirse otro accidente. Varios pasajeros ilesos o con heridas leves caminaron hacia terrenos próximos, incluidos campos de almendros.
Vecinos de Urda también acudieron a prestar ayuda. Algunos colaboraron para abrir pasos en las vallas que rodeaban la zona y facilitar la salida de los viajeros.
Jorge Guales, quien viajaba en el vagón siete del Iryo, recordó que, después de escuchar el fuerte impacto, observó humo y decidió salir. Una vez fuera, ayudó a otros pasajeros y caminó junto a ellos por una zanja hasta que pudieron avanzar por un paso abierto con ayuda de los vecinos.
Mientras tanto, los equipos de emergencia atendían a los lesionados y trasladaban a los afectados a un pabellón habilitado en Urda, donde podían recibir asistencia y contactar con sus familiares.
La respuesta de los vecinos incluyó la entrega de agua, alimentos, mantas y material sanitario. La ayuda local se convirtió en un apoyo importante durante las primeras horas, mientras los servicios de emergencia trabajaban entre los restos de los trenes.
La espera de los familiares después de la tragedia
Después de abandonar los convoyes, muchos supervivientes tuvieron que afrontar otra dificultad: localizar a sus familiares y confirmar que estaban a salvo.
En el pabellón habilitado para atender a los pasajeros, algunos buscaban teléfonos para comunicarse con sus seres queridos, mientras otros esperaban a que llegaran familiares o recibían atención médica por sus lesiones.
Las autoridades y los equipos de apoyo organizaron la identificación de los viajeros y la atención a quienes presentaban heridas o necesitaban asistencia psicológica. Para las familias que aún no conseguían contactar con sus seres queridos, las horas posteriores al accidente estuvieron marcadas por la incertidumbre.
Los testimonios de los supervivientes permiten reconstruir no solo la violencia de la colisión, sino también lo ocurrido después: los intentos por salir de los vagones, la ayuda entre desconocidos y la angustia de no saber quién había logrado sobrevivir.