Un incendio en una de las zonas más visibles y turísticas del país perturbó la calma de la noche del miércoles 12 de noviembre de 2025 en la Zona Arqueológica de Teotihuacán, Estado de México. Según el comunicado emitido por la Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y recogido por diversos medios, el siniestro se declaró aproximadamente a las 20:00 horas en un área de matorrales y pastizal seco, ubicada apenas a unos metros detrás de la imponente Pirámide de la Luna, entre las llamadas zonas restringidas A y B, próximas al enmallado perimetral del sitio.
Fueron vecinos del municipio de San Juan Teotihuacán quienes, alertados por la visión de columnas de humo y llamaradas que se divisaban desde su comunidad, realizaron el reporte a los servicios de emergencia. Las primeras imágenes publicadas en redes sociales mostraban el fuego extendiéndose entre pastizales secos ya antes de la intervención de los cuerpos de auxilio.
En cuestión de minutos llegaron al terreno brigadas de la Dirección de Protección Civil de San Martín de las Pirámides y del municipio de Teotihuacán, junto con personal del INAH. Los equipos desplegaron mangueras, cubetas y herramientas manuales para contener el avance del fuego. De acuerdo con los reportes, tras más de una hora de labores se logró extinguir el incendio.
El INAH informó que, pese a la proximidad del fuego con estructuras monumentales, no se registraron daños a las pirámides ni a otros vestigios arqueológicos, ni resultaron personas lesionadas. “El fuego alcanzó un área de pastizal seco, sin que se registraran daños a las estructuras arqueológicas ni afectaciones humanas”, indicaron las autoridades. El sitio permanece abierto al público y opera con normalidad.
Las primeras estimaciones señalan que el incendio se limitó a un recorrido de aproximadamente 80 metros entre vegetación seca, lo que sugiere que la rápida reacción de los cuerpos de emergencia evitó que la conflagración alcanzara las construcciones milenarias.
Para un sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y por su importancia como imán turístico, el episodio resulta tanto una llamada de atención como un recordatorio de que la protección del patrimonio histórico no sólo depende de la solidez de las estructuras sino también del manejo del entorno inmediato. En un contexto en el que las condiciones de sequedad intensifican el riesgo de incendios, se impone una estrategia más integral que incluya la cobertura rápida de alertas, acciones de limpieza de vegetación seca y la coordinación permanente entre las instancias de vigilancia patrimonial y los cuerpos de emergencia.