La sala de prensa de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) había alcanzado su límite: no cabía nadie más. El motivo era ampliamente celebrado: con apenas quince minutos de retraso —una demora menor, según también dijo más tarde él mismo—, surgió el murmullo de expectación que recorrió de un extremo al otro el recinto cuando apareció Joan Manuel Serrat. A su lado, la presencia de Anna Guitart, comisaria de la delegación de Barcelona como ciudad invitada de honor, añadió solemnidad al momento, pero también un gesto simbólico: Serrat llegaba no como estrella global, sino “como barcelonés”, tal como él mismo definió su vínculo con esta edición de la FIL.
Serrat comenzó agradeciendo la paciencia de los asistentes, pidió la palabra para ellos, y desde ese instante convirtió el micrófono en puente. Las primeras preguntas giraron en torno a dos pilares que han definido su existencia: la música y la poesía. Con voz pausada, recordó que para él la canción no es un mero entretenimiento, sino un medio profundo de comunicación. “Cantando llegamos, y cantando me gustaría que me despidieran; todos merecen ser cantados, y todo se puede cantar”, reflexionó, evocando la universalidad de su oficio.
"México fue una casa que se me abrió cuando se me cerraron las puertas de mi casa", afirmó Joan Manuel Serrat en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara donde tendrá un encuentro con mil jóvenes.
— El Universal Cultura (@Univ_Cultura) December 3, 2025
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El reconocimiento que recibirá este viernes, el doctorado “honoris causa” conferido por la Universidad de Guadalajara (UdeG), se vio, durante la charla, como un paso natural para un artista cuya obra “acompañó a varias generaciones, expresa memoria, dignidad y compromiso con la justicia social”, en palabras de quienes lo distinguieron.
Nacido en el barrio del Poble Sec de Barcelona, Serrat evocó con nostalgia su infancia en aquel entorno obrero, al pie de la montaña de Montjuïc, en una ciudad marcada por la mezcla de lenguas, costumbres y migraciones internas y externas. Dijo que sus canciones están “llenas de barrio”, que provienen de una realidad concreta y compartida. Recordó también la influencia de la poesía en su discografía, con nombres como Antonio Machado o Miguel Hernández —poetas cuya voz encontró en su música un nuevo aliento.

Pero la memoria no fue siempre amable: Serrat relató su propio exilio tras la caída del franquismo, y cómo México lo acogió. “Desde entonces —contó—, siempre que llamo la puerta me dicen ‘¿por qué llamas si la puerta está abierta?’ ”. Con esa frase sintetizó su gratitud y su lazo con un país que, admitió, ha tenido partes duras, cotidianas, contradictorias; pero también momentos de afecto profundo, de complicidades culturales y humanas.
Cuando abordaron su actual “retiro”, Serrat no dudó en cuestionar el término: “Retirar” le pareció una palabra fea; “jubilación”, otra aún peor. A sus 81 años, aseguró que no se ha jubilado de nada —más allá del esfuerzo que implica actuar en vivo—, y confesó que no extraña los conciertos, sino la intensidad de compartir con el público como durante casi seis décadas. Ese entusiasmo no se agotará, anticipó, en la próxima actividad programada: el encuentro “Mil Jóvenes con Joan Manuel Serrat”, previsto para el 4 de diciembre en el auditorio Juan Rulfo, donde dialogará con nuevas generaciones.

Serrat también admitió que, por ahora, no tiene proyectos concretos: ni compilaciones, ni libros, ni giras en puerta. Pero pidió que no lo tomen por mentiroso si mañana esa situación cambia: “Tal vez lo haga —dijo—, tal vez viaje de nuevo, o tal vez me presente en otro foro, pero de momento no hay nada planeado”. Y, sin embargo, concluyó: “Si estoy aquí es porque quise venir a Guadalajara; porque Barcelona está invitada —si no lo estuviera, habría venido yo solo”.
Así, mientras Barcelona brilla en la FIL con más de sesenta autores, exposiciones, música, teatro y una apuesta cultural ambiciosa, Serrat representa una presencia singular: la de un trovador universal que no renuncia a cantar, aunque sea desde el corazón, sin escenario, sin gira, sin contrato. Porque, dijo ese día en la sala que ya no cabía más gente: la puerta, nunca, jamás, se le ha cerrado.