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Agricultores de toda Europa paralizan Bruselas en protesta contra el acuerdo UE-Mercosur

Cientos de tractores y miles de agricultores llegados de distintos países de la Unión Europea ocuparon y bloquearon las principales arterias viales del centro de la ciudad. La protesta, una de las más masivas de los últimos años en la ciudad, tiene como telón de fondo el anuncio de la Comisión Europea de avanzar en la firma de un acuerdo de libre comercio con el Mercosur —que agrupa a Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay— y las propuestas de recortes en el presupuesto y estructura de la Política Agraria Común (PAC)
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Bruselas amaneció este jueves 18 de diciembre como un escenario poco habitual para una capital europea: cientos de tractores y miles de agricultores llegados de distintos países de la Unión Europea ocuparon y bloquearon las principales arterias viales del centro de la ciudad, generando una enorme congestión de tráfico y tensiones sociales en un contexto político ya de por sí delicado para las instituciones comunitarias. La protesta, una de las más masivas de los últimos años en la ciudad, tiene como telón de fondo el anuncio de la Comisión Europea de avanzar en la firma de un acuerdo de libre comercio con el Mercosur —que agrupa a Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay— y las propuestas de recortes en el presupuesto y estructura de la Política Agraria Común (PAC), pilares centrales del modelo productivo europeo.

Desde primera hora de la mañana, los tractores comenzaron a converger hacia el corazón de Bruselas, con muchos agricultores llegando incluso la noche anterior. Organizaciones agrícolas europeas calcularon la participación de alrededor de 8 000 manifestantes con unos 500 tractores que bloquearon accesos a la ciudad y al barrio europeo donde se celebraba una cumbre de líderes de la UE. Los convocantes, agrupados en plataformas como COPA-COGECA, denunciaron que la combinación de un tratado comercial que reduciría aranceles y abriría el mercado europeo a productos sudamericanos con menores costes de producción, junto con un marco financiero plurianual que podría recortar ayudas directas al sector agrícola, constituye una amenaza existencial para miles de pequeñas y medianas explotaciones.

El acuerdo UE-Mercosur, fruto de más de 25 años de negociaciones, pretende crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, ampliando el intercambio de bienes manufacturados europeos con productos agrícolas sudamericanos. Sin embargo, su ratificación ha sido objeto de profundas divisiones internas. Países como Francia, Italia, Polonia y Hungría han expresado inquietudes sobre la competencia con importaciones más baratas y diferencias en estándares medioambientales y sanitarios, elevando el debate más allá de la agricultura hacia cuestiones de soberanía alimentaria y cohesión económica.

La protesta de hoy no estuvo exenta de tensión. A medida que los agricultores intentaban acercarse a las sedes de las instituciones comunitarias, se registraron enfrentamientos con la policía, que llegó a emplear gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a algunos grupos cuando la movilización se tornó más agresiva. Hubo relatos de lanzamiento de huevos y otros objetos, además de petardos, en un ambiente de creciente frustración.

Para los manifestantes, la cita de Bruselas constituye un punto de inflexión en la larga lucha del sector por mantener un modelo de producción que consideran central no solo para la economía rural, sino para el equilibrio social y ambiental de la UE. Además del rechazo al acuerdo con el Mercosur, los agricultores exigieron que la PAC mantenga un presupuesto robusto con ayudas específicas para explotaciones familiares, jóvenes agricultores y territorios rurales desfavorecidos, reclamando que las políticas comunitarias no favorezcan indiscriminadamente a grandes conglomerados agroindustriales o a la importación masiva de productos.

La movilización coincide con una cumbre europea en Bruselas en la que los jefes de Estado y de Gobierno debaten otros asuntos de alta prioridad, como la financiación a largo plazo para Ucrania, sin que el Mercosur figure formalmente en la agenda. No obstante, la presión política y social generada por la protesta rural ha colocado el acuerdo comercial en el centro del debate comunitario. Algunos líderes como el francés Emmanuel Macron y la primera ministra italiana Giorgia Meloni han pedido garantías adicionales para los agricultores antes de avanzar en la ratificación, obligando a la Comisión Europea a recalibrar su enfoque.

Mientras tanto, desde Sudamérica, mandatarios como el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva han defendido el pacto como estratégico para fortalecer vínculos comerciales entre dos grandes bloques económicos frente a otras potencias globales. La encrucijada en la que se encuentra el acuerdo refleja no solo tensiones internas en la UE, sino también el complicado equilibrio entre apertura comercial y protección de sectores productores básicos en un mundo cada vez más interdependiente.

Lo que parecía una jornada más en la política europea —una cumbre centrada en la agenda geopolítica y económica del bloque— se transformó así en un símbolo de la lucha de las zonas rurales por ser escuchadas en un proyecto continental que, según ellos, corre el riesgo de dejar atrás a quienes aseguran la alimentación de millones.

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