Durante las primeras horas de este 26 de febrero de 2026, un despliegue de unidades blindadas, personal de tierra y vigilancia aérea irrumpió en el Ejido Sandoval, al sur de Matamoros. El operativo, encabezado por la Secretaría de la Defensa Nacional y la Fuerza Aérea Mexicana, tenía un objetivo preciso: Antonio Guadalupe N, alias Lexus, identificado por inteligencia federal como uno de los principales jefes operativos del Cártel del Golfo en Tamaulipas.
No se trató de una acción reactiva ni de un enfrentamiento fortuito. La movilización fue quirúrgica, diseñada para evitar fugas y minimizar daños colaterales en una zona donde históricamente el crimen organizado ha aprovechado las condiciones del terreno para su resguardo.

La elección del Ejido Sandoval como punto de captura no fue casualidad. Esta zona representa un enclave estratégico de brechas y caminos vecinales con accesos irregulares hacia la frontera, utilizada durante años como área de repliegue, almacenamiento y ubicación de casas de seguridad. Este tipo de territorios, caracterizados por su baja densidad poblacional y limitada presencia policial, facilitan movimientos rápidos y el control comunitario, factores que explican por qué Lexus operaba desde la periferia y no desde zonas urbanas más visibles.
Respecto al perfil del objetivo, se le considera más un estratega que un sicario convencional. Como jefe de la Operativa Ranger, su rol era fundamentalmente defensivo. Esta célula, subordinada a la facción de Los Ciclones, funcionaba como el escudo táctico del grupo, encargada de la protección de rutas de alto valor, la logística armada y la contención de amenazas externas. A diferencia de otras facciones, los Rangers se distinguían por una disciplina de corte militar y un bajo perfil mediático, lo que los convirtió en una pieza clave para sostener el control territorial en la región.
La importancia de su captura radica en su cercanía con la cúpula de Los Ciclones, herederos directos de la estructura original del cártel. En la lógica del tablero criminal, la caída de Lexus equivale a perder la pieza que garantizaba la defensa de la plaza.
La anatomía del operativo demuestra que se privilegió la inteligencia sobre la fuerza bruta. La participación de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada y la Agencia de Investigación Criminal confirma la existencia de una carpeta de investigación robusta, alimentada por meses de seguimiento tecnológico y análisis financiero. En este contexto, el uso de la Fuerza Aérea fue determinante; la vigilancia aérea neutralizó las rutas de escape hacia zonas pantanosas y corredores fronterizos, cerrando el cerco con precisión.

Este golpe ocurre en un momento de alta tensión para Tamaulipas. En semanas recientes, Matamoros ha experimentado episodios intermitentes de bloqueos y alertas de seguridad, reflejo de la fragmentación interna del grupo y la presión de organizaciones rivales. La histórica disputa entre Los Ciclones y Los Metros, sumada a las incursiones de grupos externos, ha debilitado la cohesión criminal, pero también ha incrementado la volatilidad para la población civil.

Ante el escenario posterior a esta detención, surge la duda sobre si habrá paz o un nuevo reacomodo. La experiencia en la entidad sugiere que la captura de un líder suele abrir periodos de disputa sucesoria y demostraciones de fuerza. El vacío que deja Lexus no es solo operativo, sino financiero y logístico, dejando en disputa las rutas y economías ilícitas que controlaba.
Finalmente, para el Gobierno Federal, esta detención representa un triunfo táctico y un mensaje de que no existen territorios impenetrables. Sin embargo, para que este éxito se traduzca en una seguridad duradera, será indispensable avanzar en el desmantelamiento de las redes de protección y complicidad que permitieron que la Operativa Ranger funcionara con impunidad. Por ahora, una pieza clave ha caído, pero en la frontera la partida continúa y sus próximas jugadas definirán el rumbo de la región.