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Amenaza la IA el primer empleo de millones de jóvenes; 67 millones están desempleados, alerta la OIT

La inteligencia artificial avanza a una velocidad que está transformando oficinas, fábricas, comercios y profesiones enteras, pero para millones de jóvenes el cambio tecnológico puede tener una consecuencia particularmente difícil: encontrar la primera oportunidad para entrar al mercado laboral podría ser cada vez más complicado
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La inteligencia artificial avanza a una velocidad que está transformando oficinas, fábricas, comercios y profesiones enteras, pero para millones de jóvenes el cambio tecnológico puede tener una consecuencia particularmente difícil: encontrar la primera oportunidad para entrar al mercado laboral podría ser cada vez más complicado.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió que el mercado laboral juvenil mundial atraviesa un nuevo periodo de deterioro, después de la recuperación registrada tras la pandemia de covid-19. En 2025, alrededor de 67 millones de personas de entre 15 y 24 años estaban desempleadas, equivalente a una tasa mundial de desempleo juvenil de 12.4%, frente al 12.3% registrado un año antes.

El dato adquiere una dimensión mayor porque el desempleo no es el único problema. Más de 257 millones de jóvenes no trabajaban, no estudiaban ni recibían capacitación durante 2025, lo que representa aproximadamente una quinta parte de la población juvenil mundial. La OIT advierte que permanecer fuera tanto del empleo como de la educación puede reducir las posibilidades de adquirir experiencia y las competencias necesarias para incorporarse posteriormente a un mercado laboral cada vez más exigente.

La preocupación por la inteligencia artificial aparece precisamente en ese punto de entrada. Los empleos administrativos y de oficina, algunas actividades de ventas y determinados puestos manufactureros han funcionado históricamente como espacios donde los jóvenes adquieren sus primeras experiencias laborales. Sin embargo, la automatización y las herramientas basadas en inteligencia artificial están modificando las tareas que integran esas ocupaciones y, con ello, las habilidades que las empresas demandan.

El riesgo es especialmente relevante para los jóvenes con educación avanzada que buscan incorporarse a ocupaciones calificadas en economías de mayores ingresos. La OIT señala que este grupo presenta una exposición relativamente elevada a los efectos de la inteligencia artificial, una situación que genera una paradoja para quienes recién terminan una carrera profesional: la educación superior continúa siendo una vía importante hacia empleos de mayor calidad, pero algunas de las tareas que tradicionalmente permitían comenzar una trayectoria profesional pueden ser automatizadas o transformadas.

Eso no significa que la OIT pronostique una desaparición masiva de empleos juveniles a causa de la inteligencia artificial. La organización ha subrayado que la exposición a la IA no equivale automáticamente a la eliminación de una ocupación. Una herramienta puede asumir determinadas tareas, complementar el trabajo de una persona o modificar las competencias requeridas para desempeñar una función.

De hecho, la propia OIT ha señalado que la evidencia disponible apunta, en numerosos casos, a una transformación de los puestos de trabajo más que a una sustitución completa de los trabajadores. El impacto final dependerá de la manera en que las empresas adopten la tecnología, de las políticas públicas, de la preparación de los trabajadores y de la capacidad de los sistemas educativos para responder al cambio.

Por ello, la organización no atribuye directamente a la inteligencia artificial el aumento del desempleo juvenil registrado en 2025. El deterioro ocurre dentro de un escenario mucho más amplio, marcado por una creación de puestos de trabajo más débil, la desaceleración económica, las tensiones geopolíticas y una transformación tecnológica acelerada. La coincidencia entre estos fenómenos exige seguimiento e investigación, pero no permite establecer que la IA haya provocado por sí sola el incremento del desempleo.

El contexto, sin embargo, resulta preocupante. La recuperación del empleo juvenil posterior a la pandemia había permitido que el desempleo descendiera hasta niveles históricamente bajos, pero esa tendencia comenzó a revertirse. Entre 2023 y 2025, las tasas de desempleo juvenil aumentaron en ocho de las 11 subregiones analizadas por la OIT.

Los contrastes regionales también muestran que no existe una única crisis juvenil. Los Estados Árabes registraron una tasa de desempleo juvenil de 26.2%, mientras que África septentrional alcanzó 22.6%, los niveles más elevados a escala mundial. América del Norte y distintas zonas de Europa también experimentaron aumentos, mientras que otras regiones consiguieron reducir sus tasas de desempleo, aunque eso no necesariamente significó mejores condiciones laborales para todos los jóvenes.

En América Latina y el Caribe el panorama reciente ha sido relativamente más favorable. La OIT informó que durante 2025 la región mantuvo un desempeño laboral positivo en términos agregados, con crecimiento del empleo y una de las tasas de desempleo más bajas de las últimas décadas. Sin embargo, persisten brechas importantes que afectan particularmente a jóvenes y mujeres, y el comportamiento regional no elimina los riesgos asociados con la transformación tecnológica.

La discusión sobre la inteligencia artificial, por ello, no se limita a cuántos puestos podrían desaparecer. También involucra una pregunta más profunda: qué ocurrirá con los escalones que tradicionalmente permitían a una persona joven pasar de la escuela al mundo laboral.

Un joven que inicia como auxiliar administrativo, vendedor, asistente o trabajador de una línea de producción no solamente recibe un salario. También adquiere experiencia, aprende procedimientos, desarrolla contactos profesionales y construye un historial que puede abrirle posteriormente las puertas hacia puestos de mayor responsabilidad. Si esas posiciones de entrada disminuyen sin que aparezcan suficientes alternativas, el problema puede extenderse mucho más allá del primer contrato.

La propia OIT ha advertido que comenzar una trayectoria laboral en un periodo económico adverso puede dejar consecuencias que persisten durante años. El desempleo o subempleo prolongado al inicio de la vida profesional puede impedir que los jóvenes acumulen experiencia y habilidades, además de dificultar su transición hacia empleos de mayor productividad.

La dimensión social tampoco es menor. Los jóvenes que permanecen fuera del trabajo, la educación y la capacitación corren el riesgo de quedar atrapados en una transición prolongada hacia la vida adulta. En los países de bajos ingresos, la tasa de jóvenes que no estudian, trabajan ni reciben formación llega a 27.9%, de acuerdo con la OIT.

Frente a este escenario, la respuesta no pasa necesariamente por frenar la inteligencia artificial, sino por preparar a las personas para un mercado laboral en el que la tecnología tendrá una presencia cada vez mayor. La OIT plantea fortalecer los servicios públicos de empleo, conectar mejor la educación con las necesidades productivas, ampliar las oportunidades de adquirir experiencia y desarrollar las competencias necesarias para trabajar junto con las nuevas tecnologías.

El desafío también alcanza a las empresas. La adopción de inteligencia artificial puede elevar la productividad y crear nuevas oportunidades, pero si las organizaciones utilizan la tecnología exclusivamente para reducir costos y eliminar puestos de entrada, podrían debilitar los mecanismos mediante los cuales las nuevas generaciones adquieren experiencia profesional.

La experiencia reciente en otros mercados laborales apunta precisamente a la necesidad de combinar innovación con preparación. En julio de 2026, un análisis de la OIT sobre los mercados laborales de los países de la ASEAN encontró poca evidencia de una disrupción laboral generalizada causada hasta ahora por la IA generativa, aunque identificó señales de resultados más débiles para jóvenes en determinados empleos de entrada. El organismo concluyó que el efecto futuro dependerá en buena medida de la preparación de cada país, la inversión en competencias, la infraestructura digital y las decisiones sobre la adopción responsable de la tecnología.

La cifra de 67 millones de jóvenes desempleados, por tanto, no puede leerse únicamente como un indicador económico. Detrás de ella hay millones de personas que buscan su primera oportunidad, que terminaron o interrumpieron sus estudios, que necesitan ingresos y que esperan comenzar a construir una trayectoria profesional.

La inteligencia artificial puede abrir nuevas industrias, aumentar la productividad y crear ocupaciones que hoy todavía son difíciles de imaginar. Pero también puede modificar precisamente aquellas tareas que durante décadas sirvieron como primer peldaño para millones de trabajadores.

El reto para gobiernos, empresas, instituciones educativas y organismos internacionales será evitar que la revolución tecnológica convierta la falta de experiencia en una barrera todavía más difícil de superar. Para la OIT, la prioridad debe ser garantizar que la transición hacia una economía más automatizada no deje atrás a quienes apenas están intentando entrar en ella.

El futuro del trabajo, en ese sentido, no se definirá únicamente por cuánta inteligencia artificial pueda incorporar una empresa, sino por la capacidad de las sociedades para conseguir que esa tecnología genere oportunidades y no cierre las puertas a toda una generación.

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