La Celebración Eucarística programada para este lunes 4 de mayo a las 13:00 horas en la Catedral Metropolitana fue suspendida por la Arquidiócesis Primada de México debido a que la producción de Nacho Cano no completó los permisos de grabación. La Iglesia aclaró que el evento buscaba orar por la evangelización, el mestizaje y la paz, y no constituía un homenaje al conquistador español.
La cancelación de la misa prevista este lunes en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México volvió a poner de manifiesto las profundas sensibilidades históricas que aún recorren el país. La Arquidiócesis Primada de México tomó la decisión de suspender la Celebración Eucarística, programada para las 13:00 horas del 4 de mayo de 2026, argumentando que la producción del musical Malinche, encabezada por el artista español Nacho Cano, no presentó la totalidad de los permisos requeridos para realizar grabaciones dentro del recinto religioso.

Según el comunicado oficial emitido por la Oficina de Comunicación de la Arquidiócesis, el evento nunca tuvo como propósito rendir homenaje a Hernán Cortés, sino más bien servir como espacio de oración por la evangelización de los pueblos, el mestizaje y la paz. La misa también buscaba ser una acción de gracias por la permanencia en cartelera del musical Malinche.
Sin embargo, la falta de autorizaciones completas para filmar obligó a las autoridades eclesiásticas a cancelar la celebración pocas horas antes de su inicio.Este episodio ocurre en un contexto particularmente cargado. Mientras la producción preparaba la participación del coro del musical y la asistencia de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, un grupo de representantes de pueblos originarios se manifestó frente al atrio de la Catedral.
Los danzantes y activistas expresaron su rechazo a lo que consideraban una exaltación de la figura de Cortés, a quien calificaron como “genocida” y responsable de abusos durante la conquista. Algunos pidieron incluso que España ofrezca una disculpa formal por los hechos ocurridos hace más de 500 años.La Arquidiócesis fue enfática en su posicionamiento: “La Eucaristía no se usa como plataforma política ni ideológica”.
En el mismo comunicado, la Iglesia subrayó que una lectura auténtica de la historia debe partir del reconocimiento de la dignidad de cada persona y anunció que, a través de su Dimensión de Pueblos Originarios, organizará en los próximos meses un foro de diálogo nacional junto con iniciativas como el Diálogo Nacional por la Paz. A este espacio serán invitados representantes de todos los sectores sociales para abordar precisamente los temas del mestizaje y la evangelización.
Más allá del aspecto administrativo que motivó la cancelación, el caso revela las tensiones no resueltas entre memoria histórica, identidad nacional y libertad religiosa. Para un sector de la población, cualquier referencia a la conquista sigue siendo sinónimo de dolor y dominación. Para otro, el mestizaje representa el origen mismo de lo mexicano: la fusión de dos mundos que, a pesar de la violencia del encuentro, dio origen a una cultura única.

Nacho Cano, cuya obra Malinche ha intentado precisamente explorar esa compleja relación entre Hernán Cortés y la indígena Malinche, se vio en el centro de la polémica sin que el evento llegara a realizarse. La figura de Isabel Díaz Ayuso, invitada especial, también alimentó interpretaciones políticas que la Arquidiócesis buscó desmentir tajantemente.
En última instancia, la suspensión de la misa deja una lección clara: en un país tan diverso y con tantas heridas históricas abiertas, los espacios sagrados requieren de un manejo cuidadoso, transparente y ajeno a cualquier instrumentalización. La decisión de la Arquidiócesis de promover un foro de diálogo en los próximos meses podría ser un paso constructivo si realmente logra convocar a voces diversas y evitar caer en el mismo ruido confrontacional que ya rodeó este evento fallido. La Catedral Metropolitana, símbolo de fe para millones de mexicanos, vuelve a recordarnos que su misión principal sigue siendo servir como casa de oración y encuentro, más allá de las pasiones del momento.