Un viaje para ver a Lionel Messi terminó convertido en un escándalo político en San Luis Potosí. Entre el reducido grupo de personas beneficiadas por una promoción del Atlético de San Luis para acompañar al equipo a Miami aparecieron dos funcionarios públicos que mantienen una relación cercana: Eduardo Alejandro Castillo de Alba, coordinador de Auditorías del Instituto de Fiscalización Superior del Estado, y Gerardo Perdomo, contralor de la Secretaría de Educación del Gobierno estatal y esposo de la secretaria de Finanzas, Ariana García Vidal.
La coincidencia llamó la atención porque el premio no era menor. Se trataba de viajar a Miami para acompañar al Atlético de San Luis en su partido contra el Inter Miami, el equipo encabezado por el astro argentino Lionel Messi, en el marco de la Leagues Cup. El encuentro se disputó el pasado 5 de agosto y terminó con triunfo del conjunto estadounidense por 4-2, con un doblete de Messi.
Lo que para cualquier aficionado representaba una oportunidad extraordinaria se convirtió en un asunto de interés público cuando las fotografías difundidas por el propio Atlético de San Luis mostraron a los funcionarios entre los viajeros. Ciudadanos Observando cuestionó entonces cómo se había realizado la selección y por qué, entre menos de 15 beneficiarios, aparecían precisamente dos servidores públicos relacionados entre sí.
La pregunta que comenzó a circular entre aficionados y ciudadanos fue directa: ¿qué posibilidades había de que dos funcionarios cercanos terminaran dentro de un grupo tan reducido de ganadores?
La sospecha no surgió únicamente porque ambos ocuparan cargos públicos. El caso adquirió una dimensión política por los vínculos existentes entre ellos y por la relación institucional entre el Gobierno de San Luis Potosí y el Atlético de San Luis, cuyo patrocinio estatal también forma parte del contexto que rodea la controversia.

Dos funcionarios, un mismo viaje y demasiadas coincidencias
El nombre de Eduardo Alejandro Castillo de Alba apareció como uno de los beneficiarios de la promoción “Bonoaventura por Viajes Luchito”, dirigida a abonados del Atlético de San Luis.
El propio club confirmó posteriormente que Castillo de Alba tenía cuatro abonos registrados y que fue seleccionado al azar entre aproximadamente seis mil participantes mediante sus códigos de lealtad y la plataforma “App Sorteos”. De acuerdo con la explicación ofrecida por la institución, el funcionario había sido notificado desde junio y posteriormente apareció en la lista pública de ganadores.
Pero el caso no quedó ahí.
Gerardo Perdomo también apareció en las imágenes relacionadas con el viaje. Y su presencia resultó particularmente llamativa porque es esposo de Ariana García Vidal, titular de la Secretaría de Finanzas del Gobierno de San Luis Potosí. Así, la fotografía del viaje terminó colocando en el mismo episodio a un funcionario de la administración educativa, un integrante del órgano de fiscalización estatal y a la esposa de uno de ellos, integrante del gabinete estatal.
En un primer momento, la información difundida públicamente presentó a ambos como parte de los beneficiarios del sorteo. Sin embargo, ante los cuestionamientos, el Atlético de San Luis ofreció una aclaración que modificó parcialmente la historia: sostuvo que Castillo de Alba sí ganó la promoción, pero que Perdomo no ganó el sorteo, sino que viajó como integrante de un grupo independiente de invitados especiales para una actividad privada de relaciones públicas del club.
La aclaración, lejos de cerrar completamente la discusión, dejó otra pregunta sobre la mesa: si uno de los funcionarios no ganó el concurso, ¿por qué fue invitado por el club y bajo qué condiciones recibió el viaje?
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— Goal Crest (@GoalCrestX) August 5, 2026
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El club habla de casualidad
El Atlético de San Luis calificó la coincidencia como una circunstancia fortuita. En su explicación a Ciudadanos Observando sostuvo que Castillo de Alba participó bajo las mismas condiciones que el resto de los abonados y que su selección fue aleatoria.
La organización civil, sin embargo, había planteado desde el inicio que la transparencia era indispensable precisamente porque el número de beneficiarios era reducido y porque los funcionarios tenían vínculos entre sí. Ciudadanos Observando reconoció que no contaba con elementos para afirmar que hubiera existido fraude o corrupción, pero consideró necesario conocer las bases, la cantidad de participantes, el mecanismo de selección y quién supervisó el procedimiento.
Y ahí está uno de los puntos centrales del escándalo.
No existe, hasta ahora, una prueba pública que permita afirmar que el sorteo fue manipulado. Pero tampoco se han disipado todas las dudas que provocaron las coincidencias.
La polémica se alimentó además porque las bases públicas de “Bonoaventura” no describirían expresamente el uso de la plataforma “App Sorteos” señalado posteriormente por el club. De acuerdo con información publicada por Pulso Diario de San Luis, las bases hablan de criterios internos del equipo, mientras que la directiva explicó después que la selección de Castillo de Alba se realizó mediante aquella plataforma.
Existe también otra inconsistencia señalada en la información disponible: inicialmente se reportaron 15 abonados beneficiados, pero la relación final difundida por el club contiene 14 nombres. Uno de los primeros ganadores anunciados, Ricardo Ortiz, tampoco aparece en la lista definitiva, sin que hasta ahora se haya explicado públicamente qué ocurrió con ese beneficio.

¿Quién pagó el viaje de los funcionarios?
La controversia tampoco se limita al procedimiento del sorteo.
Ciudadanos Observando pidió conocer quién cubrió los gastos de traslado, hospedaje y entradas al partido en Miami, así como si existió alguna intervención o gestión de alguna dependencia del Gobierno estatal para facilitar los beneficios.
La pregunta cobra especial relevancia en el caso de Perdomo, porque el propio Atlético de San Luis reconoció que su viaje no derivó del sorteo, sino de una invitación especial.
Si se trató de una cortesía privada del club, conocer sus condiciones permitiría despejar dudas. Si el viaje fue cubierto por el equipo, también sería importante conocer bajo qué concepto y quién decidió incluir al funcionario. Y si existió cualquier participación de recursos públicos, gestión institucional o intervención de alguna dependencia, la explicación tendría una relevancia todavía mayor.
Hasta ahora, la información disponible no acredita que recursos públicos hayan sido utilizados para financiar el viaje ni demuestra que el sorteo haya sido amañado. Esa precisión es indispensable para no convertir una sospecha en una acusación sin pruebas.
Pero también es cierto que la coincidencia de los funcionarios, sus vínculos personales y profesionales, el reducido número de beneficiarios y la relación entre el gobierno estatal y el club son elementos suficientes para justificar una exigencia pública de transparencia.
La imagen que incomoda a los aficionados
El problema político del episodio está precisamente en la imagen.
Mientras miles de aficionados siguen al Atlético de San Luis y aspiran a acompañarlo en sus partidos, dos funcionarios vinculados a la administración estatal terminaron en Miami durante una experiencia organizada por el club.
Uno, según la explicación oficial, sí ganó el viaje.
El otro, también según el club, no necesitó ganarlo porque fue invitado.

Y ambos coincidieron en actividades con el equipo y jugadores, circunstancia que el Atlético atribuyó a que los dos grupos estuvieron presentes en momentos comunes de la visita.
Para los aficionados, sin embargo, la discusión no es únicamente futbolística. La molestia tiene que ver con la percepción de que los beneficios de una institución deportiva cercana al poder pueden terminar, casualmente, en manos de personas relacionadas con ese mismo entorno.
Esa percepción es precisamente la que una explicación documental tendría que despejar.
Porque cuando un concurso se presenta como una oportunidad para los abonados y entre los beneficiarios aparece un funcionario público cercano a otro servidor público que también termina en el mismo viaje, la transparencia deja de ser un asunto secundario.
El caso coloca al Atlético y al gobierno bajo la lupa
La organización Ciudadanos Observando fue clara al reconocer que no existen elementos suficientes para sostener que hubo corrupción. Su reclamo es otro: que el Atlético de San Luis haga público el procedimiento y permita comprobar que todos los participantes tuvieron las mismas posibilidades.
La situación también coloca bajo escrutinio al Gobierno estatal encabezado por Ricardo Gallardo Cardona, no porque exista hasta ahora evidencia de que haya intervenido en el sorteo, sino porque uno de los funcionarios involucrados es esposo de la titular de Finanzas y porque la administración estatal mantiene una relación de patrocinio con el Atlético de San Luis.
En política, las formas también importan.
Un funcionario puede ganar legítimamente un premio. Un club puede invitar a un servidor público a una actividad privada. Ninguna de esas circunstancias constituye por sí misma una conducta ilegal.
Pero cuando ambas situaciones ocurren alrededor del mismo partido, involucran a funcionarios cercanos y se desarrollan en un contexto de relación institucional entre el gobierno y el equipo, la obligación de explicar los detalles se vuelve mucho más fuerte.
La afición no está pidiendo que se demuestre una culpabilidad que no ha sido acreditada. Está pidiendo saber cómo se eligió al ganador, cuántos participaron, quién supervisó el sorteo, por qué un funcionario recibió una invitación especial y quién pagó los gastos del viaje.
Y esas preguntas siguen siendo el corazón del escándalo.
Porque mientras el Atlético de San Luis insiste en que todo fue una coincidencia, la fotografía que quedó en Miami cuenta una historia difícil de ignorar: entre miles de abonados, un funcionario ganó el viaje para ver a Messi y otro funcionario cercano a él apareció también en la misma aventura, aunque por invitación del club.
Ahora corresponde al equipo potosino demostrar con documentos que la suerte, y solamente la suerte, fue la responsable de semejante coincidencia.