El exsecretario de Hacienda, Ernesto Cordero Arroyo, advirtió que la economía mexicana enfrenta un panorama complejo para la segunda mitad de 2026 y sostuvo que, de no observarse una mejora clara respecto al desempeño registrado durante el primer semestre del año, el país volverá a cerrar un ejercicio marcado por el estancamiento económico. En un artículo de análisis, el también exsenador planteó un diagnóstico en el que identifica como principales factores de preocupación el comportamiento de la inversión, la desaceleración del consumo, la menor recaudación tributaria, el deterioro de las finanzas públicas, la situación financiera de Pemex y la incertidumbre en torno al futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Cordero inició su análisis señalando que, una vez concluido el Mundial de Futbol celebrado en México, el país debe concentrarse nuevamente en los desafíos económicos que enfrenta. Afirmó que la economía llega al segundo semestre en condiciones complicadas y que los próximos meses serán determinantes para conocer si existe una recuperación genuina o si el bajo crecimiento continuará predominando.
El exfuncionario explicó que el primer indicador a observar será la inversión fija bruta, la cual mostró un crecimiento mensual de 4.0% y un incremento anual de 5.1% durante abril. Aunque reconoció que esos datos representan un cambio respecto a la tendencia negativa observada durante varios meses, consideró prematuro interpretarlos como el inicio de una recuperación sostenida. A su juicio, todavía es necesario confirmar si dichos resultados obedecen a un cambio estructural en la economía o únicamente constituyen un rebote temporal tras un periodo prolongado de debilidad.

En contraste, indicó que las perspectivas para el consumo privado resultan menos favorables. Señaló que el avance registrado en abril fue limitado y refleja un agotamiento gradual de uno de los principales motores del mercado interno. De mantenerse esa tendencia, advirtió que la economía mexicana tendría dificultades para acelerar su crecimiento, especialmente si la inversión tampoco logra consolidar una trayectoria positiva.
Otro de los aspectos que destacó fue la evolución de la recaudación tributaria. Según expuso, una economía con bajo crecimiento inevitablemente genera menores ingresos para el gobierno. Indicó que, hasta el momento, la recaudación se encuentra 6.7% por debajo de lo previsto en el programa financiero oficial, situación que, afirmó, impacta tanto las finanzas públicas federales como los recursos que reciben estados y municipios.
Ante ese escenario, Cordero sostuvo que el gobierno enfrenta una decisión compleja entre profundizar los ajustes al gasto público o incrementar el endeudamiento. En su opinión, la estrategia de contención del gasto aplicada hasta ahora no ha sido suficiente para compensar la menor disponibilidad de ingresos, por lo que anticipó que será necesario recurrir a un mayor nivel de deuda respecto al originalmente contemplado.

El exsecretario de Hacienda cuestionó además la composición de los recortes presupuestales. Señaló que la inversión pública acumula una caída superior al 17% en comparación con el mismo periodo del año anterior, mientras que también se han reducido recursos destinados a servicios médicos, educación y mantenimiento de infraestructura. En contraste, sostuvo que el gasto destinado a programas de carácter clientelar y electoral permanece sin modificaciones e incluso continúa creciendo.
En materia fiscal, Cordero llamó a vigilar con atención la evolución del déficit y del endeudamiento público. Recordó que la Secretaría de Hacienda reportó que el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público alcanzó el equivalente al 50.6% del Producto Interno Bruto al mes de mayo de 2026. Aunque reconoció que ese porcentaje todavía puede considerarse administrable, enfatizó que el elemento relevante es la tendencia de largo plazo y no únicamente el nivel observado en un momento determinado.
Advirtió que, si la deuda continúa creciendo a un ritmo superior al de la economía, México podría perder margen de maniobra para enfrentar futuros choques económicos y abrir la puerta a una discusión sobre la preservación del grado de inversión, uno de los principales indicadores utilizados por los mercados internacionales para evaluar la solidez financiera de un país.

En su diagnóstico también incluyó la situación de Petróleos Mexicanos. Recordó que la empresa productiva del Estado reportó nuevamente pérdidas durante el primer trimestre de 2026 y requirió apoyo financiero del gobierno federal. Afirmó que mientras no aumente su producción, mejore su eficiencia operativa y revierta las pérdidas recurrentes, la petrolera continuará representando una presión importante para las finanzas públicas nacionales.
Respecto al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el exfuncionario expresó que el mecanismo comercial podría entrar en una etapa caracterizada por revisiones anuales frecuentes y una incertidumbre prolongada para los inversionistas. Bajo esa perspectiva, consideró que el acuerdo seguiría vigente desde el punto de vista jurídico, pero con una capacidad limitada para incentivar proyectos de inversión de largo plazo, situación que describió como un “T-MEC zombie”.
Como conclusión, Ernesto Cordero sostuvo que su expectativa para el cierre de 2026 es desfavorable. Anticipó un escenario de estancamiento económico, inversión todavía débil, consumo privado con señales de agotamiento, una situación financiera complicada para Pemex y un margen fiscal cada vez más reducido para el gobierno federal. No obstante, expresó su deseo de que ese pronóstico no termine materializándose y que la evolución de la economía durante el segundo semestre permita modificar esas perspectivas.