México se colocó como el país con el precio de la gasolina más alto entre las diez naciones con mayor consumo a nivel mundial, de acuerdo con un análisis publicado por El Economista. En diciembre, el precio promedio del litro de gasolina regular en territorio mexicano fue de 23.37 pesos, una cifra que supera con amplitud a la de otras economías comparables y que vuelve a encender el debate sobre la estructura fiscal aplicada a los combustibles.
La diferencia es clara cuando se contrasta con otros países del mismo grupo. En Brasil, el litro se vendió en promedio en 20.13 pesos; en Japón, en 18.16; en India, en 17.62; en Canadá, en 16.72, y en Estados Unidos, en apenas 13.66 pesos por litro. Incluso en economías altamente dependientes del automóvil, como la estadounidense, el combustible resulta sensiblemente más barato que en México.
El principal factor que explica este encarecimiento no es el costo internacional del petróleo ni la logística de importación, sino la carga impositiva que se aplica a cada litro que se vende en el país. En México, del precio final de la gasolina, 10.28 pesos corresponden exclusivamente a impuestos, lo que representa la carga fiscal más elevada entre los diez mayores consumidores del mundo.
La comparación internacional vuelve a ser reveladora. En Arabia Saudita, uno de los principales productores de petróleo, el litro de gasolina cuesta alrededor de 11.14 pesos, y de ese monto solo 1.67 pesos corresponden a impuestos. En términos relativos, la carga fiscal mexicana es casi cinco veces mayor que la saudí, aun cuando México no es un país con excedentes petroleros comparables ni con precios subsidiados de forma generalizada.

El esquema impositivo en México se compone de dos gravámenes principales. Por un lado, el Impuesto al Valor Agregado, que se cobra a una tasa de 16 por ciento sobre el precio del combustible. Por otro, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, conocido como IEPS, que se aplica como una cuota fija por litro. Para 2025, esta cuota se estableció en 6.46 pesos por litro, y para 2026 está programado un nuevo incremento que la llevará a 6.70 pesos, derivado del ajuste inflacionario anual.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha sostenido que este aumento del IEPS no impacta directamente al consumidor final, argumentando que se trata de un ajuste técnico vinculado a la inflación. Sin embargo, especialistas y analistas del sector energético advierten que, en un mercado donde los precios finales ya se encuentran presionados, cualquier incremento en la carga fiscal termina reflejándose, de una u otra forma, en el bolsillo de los automovilistas.
El hecho de que México tenga la gasolina más cara entre las principales economías consumidoras no solo tiene implicaciones para las finanzas familiares, sino también para la competitividad del país. El costo del transporte impacta en la cadena de suministros, en los precios de bienes y servicios y en la inflación general. En ese contexto, el debate sobre si la política fiscal aplicada a los combustibles debe revisarse vuelve a cobrar fuerza, especialmente en un escenario donde los ajustes al IEPS ya están calendarizados para los próximos años.

Mientras tanto, millones de conductores en México siguen pagando uno de los combustibles más caros del mundo, no por la escasez del producto, sino por una estructura de impuestos que coloca al país en el primer lugar de este ranking poco alentador.