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2 de abril: Día del Cuento Infantil; semilla de sueños en tiempos de pantallas

Hoy, 2 de abril, el Día Internacional del Libro Infantil nos invita a recordar que las historias ilustradas no son mero entretenimiento, sino puentes mágicos hacia la imaginación y la empatía.
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Hoy, jueves 2 de abril, celebramos el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Esta fecha marca el nacimiento de Hans Christian Andersen en 1805, el danés que con cuentos como “El patito feo” o “La sirenita” nos enseñó que la fealdad es solo un disfraz temporal y que los sueños nadan contra la corriente.

Desde 1967, la International Board on Books for Young People (IBBY) eligió este día para encender la llama lectora en los más pequeños, porque un niño que lee hoy será un adulto que sueña mañana.

La efeméride cobra relevancia en México, donde el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó en su Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2025 que el 62.5% de la población alfabeta leyó al menos un libro, un avance respecto al 41.8% de 2024, liderado por el grupo de 12 a 24 años con 89.1% de participación.

Este repunte, contrasta con desafíos persistentes: el promedio anual de libros leídos por mexicano se mantiene en 2.9, según datos estatales consolidados. Además, el 45.4% de los mayores de 18 años se declara cercano a la lectura, por debajo del pico histórico del 48.5% en 2015. En el ámbito infantil, el 79% de las personas alfabetas de 12 años y más leyó algún material en 2025, con libros como el formato preferido en el 81% de los casos y una dedicación promedio de una hora semanal.

En un mundo donde las redes han acaparado el tiempo de los infantes, esta conmemoración resuena con urgencia. Piensa en las aulas de primaria, donde maestros luchan por 20 minutos de lectura diaria frente a videos virales.

Y sí, México ocupa posiciones rezagadas en índices de lectura infantil —recuerda esos reportes de la SEP que señalan promedios alarmantemente bajos—, pero ahí radica la esperanza: un álbum ilustrado como “El niño que no quería bañarse” de Mario Alberto Escobar puede hacer que un pequeño descubra el placer del agua, o “La increíble historia del pez que se volvió pájaro” de Antonio Rubio inspire vuelos imposibles. No son solo palabras y dibujos; son portales a mundos donde el bullying se disuelve en aventuras y la diversidad se normaliza en dragones amigables.

En la era de algoritmos que infantilizan el entretenimiento, el libro ilustrado ofrece libertad real: no likes ni filtros, sino imaginación desbocada. Cómo “Charlie y la fábrica de chocolate” de Roald Dahl nos hace cuestionar la codicia adulta desde los ocho años.

Hoy, con un mundo post-pandemia y tensiones globales como la reelección de Donald Trump en 2024, necesitamos niños que lean para construir puentes, no muros. La literatura infantil emerge como herramienta para formar ciudadanos empáticos.

Esto demanda una inversión sostenida: ferias itinerantes, subsidios editoriales y campañas que contrarresten el dominio de redes sociales, donde el 49% lee semanalmente pero enfrenta competencia digital.

Este 2 de abril, hagamos un pacto: regala un libro hoy. Abre “El principito” de Saint-Exupéry y lee en voz alta; deja que las palabras dibujen constelaciones en sus ojos. Porque en las páginas de un cuento infantil yace el poder de forjar ciudadanos empáticos, críticos y soñadores.

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