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La restricción, confirmada por el Patriarcado Latino de Jerusalén, marcó la primera vez en siglos que la máxima autoridad católica en la región no pudo oficiar esta celebración en el templo donde la tradición sitúa la crucifixión y resurrección de Jesús.
Ante la imposibilidad de ingresar al recinto, Pizzaballa trasladó la liturgia a las inmediaciones del Monte de los Olivos, específicamente en la zona de Getsemaní, lugar asociado en la tradición cristiana con la oración de Jesús antes de su arresto. Desde ahí, el cardenal realizó una bendición sobre Jerusalén y elevó oraciones por la paz, utilizando reliquias de la Santa Cruz en una ceremonia austera, limitada por las condiciones de seguridad vigentes.
Durante el acto, el jerarca católico pronunció un mensaje cargado de simbolismo sobre la situación que atraviesa la región. Señaló que la celebración se desarrollaba sin procesión ni manifestaciones públicas debido al contexto de guerra, y lamentó que la violencia haya interrumpido incluso las expresiones religiosas más esenciales.
La decisión de impedir su acceso al Santo Sepulcro fue atribuida por las autoridades israelíes a motivos de seguridad, en medio de la escalada bélica con Irán y el riesgo de ataques en Jerusalén. Sin embargo, la medida generó una fuerte reacción internacional y fue calificada por líderes religiosos como desproporcionada y contraria a la libertad de culto.
El incidente provocó condenas de gobiernos europeos y tensiones diplomáticas, obligando al primer ministro Benjamin Netanyahu a rectificar horas después y ordenar el acceso pleno del cardenal al templo, aunque la celebración central ya no pudo realizarse en su sede tradicional.
Más allá de la rectificación, el episodio evidenció el impacto directo del conflicto armado en la vida religiosa de Jerusalén y encendió el debate internacional sobre el respeto al statu quo de los lugares santos. La escena de Pizzaballa elevando una bendición desde el Monte de los Olivos, en sustitución del rito en el Santo Sepulcro, quedó como una imagen inédita de la Semana Santa en tiempos de guerra.