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Sale de prisión en EE.UU. ex secretario de Seguridad de Sinaloa, Gerardo Mérida

El general en retiro Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, dejó desde el pasado 11 de agosto el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nueva York, donde permaneció recluido desde que se entregó a las autoridades de Estados Unidos en mayo pasado
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El general en retiro Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, dejó desde el pasado 11 de agosto el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nueva York, donde permaneció recluido desde que se entregó a las autoridades de Estados Unidos en mayo pasado. Su salida de ese penal no significa, sin embargo, que el proceso judicial en su contra haya terminado ni que exista constancia pública de que haya recuperado plenamente su libertad.

De acuerdo con los registros del Buró Federal de Prisiones de Estados Unidos, Mérida Sánchez dejó de aparecer bajo custodia de esa agencia federal desde el 11 de agosto y, hasta ahora, no figura como ingresado nuevamente en otro centro penitenciario. El dato fue confirmado por distintos medios mexicanos que dieron seguimiento al caso, entre ellos Milenio, que reportó que el exfuncionario abandonó la prisión de Brooklyn mientras continúan las negociaciones con las autoridades estadounidenses.

El periodista Arturo Ángel señaló que, aunque Mérida ya no aparece bajo custodia de la Oficina Federal de Prisiones, es probable que continúe bajo algún esquema de custodia federal fuera de un reclusorio. La hipótesis que se encuentra sobre la mesa es que el exsecretario podría estar negociando con los fiscales estadounidenses una eventual cooperación con la justicia, en un proceso que podría conducirlo a convertirse en testigo colaborador.

Ese punto, sin embargo, requiere una precisión fundamental: hasta el momento no existe una confirmación oficial del Departamento de Justicia de Estados Unidos que establezca que Mérida Sánchez haya sido incorporado formalmente a un programa de testigos protegidos o colaboradores. Lo que existe públicamente es el cambio en su estatus penitenciario y la información periodística sobre posibles negociaciones con las autoridades. Por ello, hablar de un acuerdo definitivo o de una protección formal sería adelantarse a hechos que todavía no han sido confirmados.

La salida del penal ocurre en un momento particularmente delicado para el expediente del exjefe de seguridad sinaloense. Mérida Sánchez enfrenta acusaciones federales en Estados Unidos relacionadas con narcotráfico y posesión de armas. El Departamento de Justicia estadounidense lo incluyó entre los funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa señalados dentro de una investigación que, de acuerdo con la acusación formal, apunta a una presunta estructura de protección política y policial para favorecer las operaciones de Los Chapitos, una facción del Cártel de Sinaloa.

La acusación federal sostiene que Mérida Sánchez, quien encabezó la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa entre septiembre de 2023 y diciembre de 2024, habría recibido sobornos de integrantes de Los Chapitos y, a cambio, habría proporcionado información anticipada sobre operativos de las autoridades. El documento presentado ante una corte federal de Nueva York afirma que durante 2023 y 2024 habría recibido más de 100 mil dólares mensuales en efectivo y que habría advertido previamente sobre al menos diez operativos contra laboratorios de drogas.

Es importante subrayar que esas afirmaciones forman parte de una acusación penal y no de una sentencia. El propio Departamento de Justicia estadounidense establece que los cargos contenidos en la acusación son solamente alegaciones y que los acusados deben ser considerados inocentes mientras no se demuestre su responsabilidad ante un tribunal.

Mérida Sánchez se entregó voluntariamente a las autoridades estadounidenses el 11 de mayo de 2026, después de que su nombre apareciera entre los señalados por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York. Desde entonces permaneció detenido mientras avanzaba el proceso judicial y la defensa y los fiscales mantenían conversaciones sobre el rumbo del caso.

En una audiencia celebrada semanas después de su entrega, la defensa y la fiscalía solicitaron suspender determinados plazos procesales con el objetivo de mantener conversaciones relacionadas con un posible acuerdo. Aquellas negociaciones adquirieron especial relevancia porque, en el sistema judicial estadounidense, una cooperación sustancial con los fiscales puede convertirse en un elemento determinante para definir el desenlace de un proceso penal.

Ahora, la salida de Mérida Sánchez del penal de Brooklyn agrega una nueva pieza al expediente. Su desaparición de los registros de la Oficina Federal de Prisiones no equivale por sí misma a una absolución, al retiro de los cargos ni al cierre de la investigación. Tampoco permite afirmar, sin una confirmación oficial, que haya sido incorporado a un programa de protección de testigos.

Lo que sí está documentado es que el general en retiro ya no permanece en el centro penitenciario donde estuvo recluido durante aproximadamente tres meses. A partir de ahí comienza una etapa cuyo contenido permanece reservado, especialmente si las autoridades estadounidenses están evaluando su posible cooperación.

La posibilidad de que Mérida Sánchez proporcione información a los fiscales estadounidenses tendría especial importancia por la dimensión de la investigación. Su antiguo cargo le permitió conocer de primera mano la estructura de seguridad estatal durante un periodo especialmente complejo para Sinaloa, marcado por la confrontación entre facciones del Cártel de Sinaloa y por una creciente presión de las autoridades mexicanas y estadounidenses contra organizaciones dedicadas al tráfico de drogas.

La acusación presentada por Estados Unidos no se limita al exsecretario de Seguridad Pública. En el mismo expediente aparecen otros actuales y antiguos funcionarios sinaloenses, entre ellos el gobernador Rubén Rocha Moya, el senador y exsecretario general de Gobierno Enrique Inzunza Cázarez, el exsecretario de Administración y Finanzas Enrique Díaz Vega, así como funcionarios de corporaciones policiales y de la Fiscalía estatal. El Departamento de Justicia estadounidense sostiene que los acusados habrían participado, de distintas maneras, en una conspiración vinculada con el tráfico de drogas.

En el caso específico de Mérida, el expediente atribuye a su posición como responsable de la seguridad pública estatal una importancia particular. Según los fiscales, habría utilizado información obtenida por su cargo para alertar a integrantes de Los Chapitos sobre operativos que podían afectar sus actividades criminales. Estas acusaciones son precisamente las que ahora deberán sostenerse ante los tribunales estadounidenses con pruebas y bajo las reglas del proceso penal.

La posibilidad de una colaboración también abre interrogantes sobre qué información podría aportar el exfuncionario y hasta dónde llegarían las eventuales negociaciones. Por ahora, ninguna autoridad estadounidense ha hecho público un acuerdo que permita responder esas preguntas.

La salida del penal, por ello, debe leerse con cautela. No representa el final del caso Gerardo Mérida Sánchez, sino un cambio en la situación procesal de un acusado cuya información podría resultar relevante para una investigación de mayor alcance.

Mientras el Buró Federal de Prisiones ya no lo registra dentro de sus instalaciones, su proceso judicial continúa abierto. Y mientras periodistas como Arturo Ángel reportan que podría permanecer bajo custodia federal en otro esquema y que estaría negociando una eventual colaboración, la ausencia de una confirmación oficial obliga a mantener el lenguaje de posibilidad y no de certeza.

El caso, además, vuelve a colocar a Sinaloa en el centro de una investigación estadounidense que alcanza a figuras de alto nivel de la administración estatal. Para Mérida Sánchez, el siguiente capítulo podría definirse no en una celda de Brooklyn, sino en las negociaciones reservadas entre su defensa y los fiscales de Estados Unidos. Para la investigación, en cambio, su posible cooperación podría convertirse en una pieza de enorme valor para esclarecer cómo operaba la presunta red de protección que las autoridades estadounidenses describen en su acusación.

Por ahora, el dato comprobable permanece: Gerardo Mérida Sánchez salió del penal federal de Brooklyn el 11 de agosto y no aparece desde entonces en los registros públicos del Buró Federal de Prisiones. Todo lo demás —incluido un eventual acuerdo de colaboración o su incorporación a un programa de protección— permanece sujeto a confirmación oficial.

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