La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, planteó la implementación de esquemas de trabajo a distancia y la suspensión de clases presenciales durante los días clave del Mundial de Futbol 2026, con el objetivo de reducir el tráfico vehicular y mejorar la calidad del aire en la capital, una propuesta que ha generado cuestionamientos desde distintos sectores sociales y políticos.
Durante la presentación de la estrategia ambiental denominada “Mundial Verde”, la mandataria capitalina hizo un llamado directo a la iniciativa privada para establecer una alianza que permita retomar el home office en oficinas públicas y privadas, al menos durante el periodo en que la ciudad será sede de partidos del torneo internacional. En su intervención, subrayó que la medida busca disminuir la congestión vial y, con ello, las emisiones contaminantes derivadas del uso intensivo del automóvil.

Brugada fue más allá al señalar que su administración también analiza la posibilidad de que no haya clases en escuelas durante los días de partidos, aunque aclaró que aún se trata de una gestión en proceso sin detalles operativos definidos. La propuesta se enmarca en una serie de acciones orientadas a convertir el Mundial en un evento con menor impacto ambiental, entre ellas la promoción del transporte público, movilidad peatonal en zonas cercanas a estadios y reducción de plásticos de un solo uso.
El argumento central de la jefa de Gobierno gira en torno a la necesidad de “tener menos tráfico” y propiciar “aire limpio” durante la justa deportiva, al considerar que el transporte privado es una de las principales fuentes de emisiones contaminantes en la ciudad. En ese sentido, defendió que el regreso temporal del trabajo remoto —una práctica extendida durante la pandemia de COVID-19— podría contribuir a aliviar la presión sobre la movilidad urbana en un contexto de alta afluencia turística.
Sin embargo, la propuesta detonó críticas en redes sociales y entre analistas, quienes cuestionaron el enfoque de la medida al considerar que traslada la carga de la organización del evento a la población local. Diversas voces han interpretado el planteamiento como una invitación implícita a que los capitalinos modifiquen su vida cotidiana para facilitar la experiencia de visitantes y turistas, lo que ha sido percibido por algunos sectores como una priorización del espectáculo internacional sobre las dinámicas laborales y educativas de la ciudad.
A pesar de ello, el debate abierto por la propuesta de Brugada refleja la tensión entre la organización de eventos globales y la vida cotidiana de las ciudades anfitrionas, en un momento en que la capital mexicana busca posicionarse como un destino competitivo sin desatender las demandas de sus propios habitantes.