En Palacio Nacional ya nadie finge sorpresa: la sacudida al gabinete de Claudia Sheinbaum venía anunciándose en clave, pero la filtración de la lista completa dejó a medio oficialismo despeinado. La bomba mayor: Omar García Harfuch deja Seguridad —donde ya lo veían sembrando récords— para mudarse a la Secretaría de Gobernación, que revive como aquel monstruo priísta que decidía medio país. Su silla, dicen, la tomará el operador estrella de inteligencia financiera, el más leal del círculo duro, el que no respira sin que Harfuch le marque el ritmo. La barrida siguió sin contemplaciones: se va Octavio Romero del Infonavit, también caen los titulares de Pemex y Agricultura, y en medio de la limpia, el caso Gertz terminó de prender las alarmas.
SENADORAS AZULES SE PINTAN DE GUINDA
En el Senado cuentan que a más de uno todavía se le atraganta el desayuno después de ver a varias senadoras del PAN levantar la mano —sin temblarles el pulso— para avalar la lista de aspirantes a la FGR hecha a modo por Morena. Sí, la misma lista donde destacan perfiles tan “independientes” como Ernestina Godoy, favorita del oficialismo, y Hamlet García, con vínculos a La Luz del Mundo. Dicen que el tablero marcó 88 votos a favor, pero lo que realmente retumbó fue el silencio azul mientras se sumaban al coro guinda. En corto, operadores del partido confiesan que el discurso de libertad de voto no alcanza para explicar por qué María de Jesús Díaz, Guadalupe Munguía y Agustín Dorantes terminaron haciendo el favorcito legislativo que en Morena celebraron con sonrisa de oreja a oreja.
TRUMP AMENAZA: T-MEC EN LA CUERDA FLOJA
En Washington dicen que Donald Trump volvió a hacer lo que mejor sabe: prender fuego sin apagar ninguno. Justo cuando la USTR abría el proceso formal para revisar el T-MEC rumbo a su posible extensión hasta 2042, el Presidente soltó la bomba: que si quiere lo deja expirar en 2036… o que quizá arma otro acuerdo “a su manera”. En corto, asesores admiten que Trump disfruta tener a México y Canadá colgados del hilo, aunque él mismo fue quien presumió haber renegociado “el mejor tratado de la historia” hace apenas cuatro años. Pero el verdadero dardo vino después: aseguró que ambos países “se han aprovechado” de Estados Unidos porque antes había “gente estúpida al mando”. En los pasillos diplomáticos ya lo resumen así: Trump no quiere un tratado, quiere un rehén político.