Ceci Patricia Flores Armenta, fundadora del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, y su hija Milagros de Jesús Valenzuela Flores se convirtieron este 7 de octubre de 2026 en las primeras familiares de personas desaparecidas en México en recibir la certificación oficial del Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales (CONOCER) bajo el Estándar de Competencia EC1542, dedicado a la “Búsqueda de personas desaparecidas y no localizadas”.
El documento reconoce e institucionaliza la experiencia, las herramientas y la metodología que ambas han desarrollado a lo largo de años de labores de rastreo en campo. Se trata de un paso inédito: por primera vez, una madre buscadora y una hermana buscadora ven evaluadas y acreditadas formalmente las competencias que adquirieron en la práctica, sin que mediaran títulos universitarios ni formación académica tradicional.


El Estándar de Competencia EC1542 del CONOCER establece los criterios para evaluar las capacidades necesarias en la búsqueda de personas desaparecidas o no localizadas. Incluye la identificación de rasgos únicos de la persona (cicatrices, vestimenta, enfermedades, características físicas), la realización de entrevistas a familiares y personas cercanas, la investigación de rastros de desplazamiento, la búsqueda remota mediante gestión de datos y la búsqueda en campo en los lugares donde se vio por última vez a la persona. El estándar está pensado precisamente para quienes desempeñan estas funciones sin requerir un título profesional.
Ceci Flores, originaria de Los Mochis, Sinaloa, y nacida en 1973, inició su trayectoria como buscadora tras la desaparición de su hijo Alejandro Guadalupe Islas Flores el 30 de octubre de 2015, cuando tenía 21 años. En 2019 sufrió un nuevo golpe: un comando armado se llevó a sus hijos Marco Antonio, de 32 años, y Jesús Adrián, de 15, en Bahía de Kino, Sonora. Jesús Adrián fue liberado, pero Marco Antonio permaneció desaparecido hasta marzo de 2026, cuando pruebas de ADN confirmaron que los restos localizados por el colectivo en el kilómetro 46 de la carretera 26, en Hermosillo, correspondían a él. Desde entonces, Ceci continúa la búsqueda de Alejandro, que supera ya los 3 mil 900 días.
Hoy puede comenzar a cambiar la historia de la búsqueda de personas desaparecidas y no localizadas en México.
— Ceci Flores 6623415616 (@CeciPatriciaF) October 7, 2026
A lo largo de los años, las madres buscadoras hemos aprendido a buscar mientras buscamos. Hemos recorrido desiertos, montes, caminos y fosas; lugares que jamás… pic.twitter.com/RrAjYiVUCc
En 2019 fundó el colectivo Madres Buscadoras de Sonora, organización que ha participado en la recuperación de más de 2 mil 700 cuerpos y ha contribuido a reunir a más de 2 mil 400 personas con sus familias. Su labor ha trascendido fronteras: en 2022 fue incluida en la lista de las 100 Mujeres de la BBC. A lo largo de estos años ha enfrentado amenazas, ha sido reportada como desaparecida en una ocasión y ha denunciado en reiteradas ocasiones la revictimización por parte de algunas autoridades.
Milagros de Jesús Valenzuela Flores, su hija, ha acompañado de cerca esta lucha y ha impulsado el colectivo de jóvenes buscadores. Ambas destacaron que la certificación no busca reemplazar a las autoridades ni asumir responsabilidades que corresponden al Estado. “Significa reconocer que las familias también hemos construido conocimiento, experiencia y capacidades en la búsqueda de nuestros desaparecidos”, señaló Ceci Flores. Y agregó: “Queremos que estas dos primeras certificaciones sean solamente el comienzo. Queremos que más madres, padres, hermanas, hermanos, esposas, hijos y familiares buscadores de todo México tengan la oportunidad de capacitarse, profesionalizar sus conocimientos y, cuando cumplan con los requisitos correspondientes, certificarse”.
Milagros expresó su orgullo por convertirse en una de las únicas dos buscadoras certificadas a nivel nacional y agradeció al Instituto Estatal de Capacitación de Guanajuato y a la entidad Forensic and Legal por su respaldo en el proceso. Ambas insistieron en que el objetivo es que hoy sean dos y mañana sean decenas, cientos y miles de familias capacitadas y certificadas en todo el país.
La certificación llega en un contexto en el que México enfrenta una crisis de desapariciones que, según datos oficiales, supera las 100 mil personas no localizadas. Las familias buscadoras han llenado, con pico y pala, el vacío dejado por las instituciones. Han aprendido a identificar indicios en el terreno, a documentar hallazgos, a preservar evidencias y a acompañar a otras familias en duelo. Ahora, ese conocimiento empírico cuenta con un respaldo oficial.
Ceci Flores lo resumió con una frase que refleja la paradoja de su lucha: “Queremos tener más herramientas para hacer lo que ninguna madre debería aprender a hacer”. La certificación EC1542 no borra el dolor ni resuelve la ausencia de sus hijos, pero institucionaliza un saber construido desde la necesidad y el amor. Abre, además, una puerta para que otras familias puedan profesionalizar su trabajo y exigir que su experiencia sea tomada en cuenta por las autoridades.
El proceso fue impulsado con el apoyo del Instituto Estatal de Capacitación y de la Entidad de Certificación y Evaluación IECA-CONOCER del Estado de Guanajuato, encabezada por Salomón Ceballos Ochoa. Tanto Ceci como Milagros han dejado claro que este reconocimiento no cambia su propósito central: seguir buscando a sus familiares y acompañar a quienes, como ellas, salen al campo cada día con la esperanza de encontrar una respuesta.