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Exhibe Megafarmacia de 15 mil millones el fracaso de una promesa de abasto nacional

La Megafarmacia del Bienestar, presentada en diciembre de 2023 por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador como una pieza central para resolver el desabasto de medicamentos en México, terminó enfrentando una realidad muy distinta a la promesa de convertirse en un gigantesco centro capaz de garantizar prácticamente cualquier fármaco requerido por los pacientes del sistema público de salud
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La Megafarmacia del Bienestar, presentada en diciembre de 2023 por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador como una pieza central para resolver el desabasto de medicamentos en México, terminó enfrentando una realidad muy distinta a la promesa de convertirse en un gigantesco centro capaz de garantizar prácticamente cualquier fármaco requerido por los pacientes del sistema público de salud.

El proyecto, instalado en Huehuetoca, Estado de México, fue inaugurado el 29 de diciembre de 2023 con la expectativa de concentrar medicamentos y distribuirlos a instituciones públicas cuando una receta no pudiera ser surtida. López Obrador aseguró entonces que el inmueble tendría todos los medicamentos que se distribuyen en el sector Salud y que, cuando una persona necesitara un fármaco que no estuviera disponible en su unidad médica, éste podría ser enviado desde la Megafarmacia en un plazo máximo de 48 horas.

Sin embargo, un recorrido realizado por el periodista Enrique Gómez y publicado por El Universal en noviembre de 2024 mostró una operación muy distante de la dimensión anunciada para el inmueble. Durante una visita realizada en horario laboral, alrededor de las 16:00 horas, el diario constató que solamente un tráiler realizaba maniobras de descarga en uno de los 50 andenes ubicados en el ala oeste, mientras los otros 49 permanecían vacíos. Una vez que el vehículo terminó sus maniobras, el patio quedó prácticamente sin actividad.

La escena contrastaba con la dimensión del proyecto. En el mismo recorrido, El Universal reportó que en el lado este del complejo había 14 tráileres estacionados, aunque la actividad observada en las zonas de carga y descarga era reducida. Una vecina entrevistada por el medio señaló que, según su percepción, existía mayor movimiento durante las noches y que también había trabajadores y vigilancia alrededor del inmueble.

El dato resulta especialmente relevante porque la Megafarmacia fue concebida precisamente como una infraestructura de distribución nacional y no simplemente como una bodega de almacenamiento. Durante su presentación, las autoridades federales explicaron que el complejo tendría funciones de recepción, almacenamiento, rastreo y distribución de medicamentos, con Birmex como responsable de coordinar el suministro cuando una institución pública no pudiera entregar una receta completa.

La propia explicación oficial establecía un procedimiento escalonado. Primero, la institución de salud debía verificar si el medicamento estaba disponible en alguna de sus unidades. Si no lo encontraba, Birmex debía rastrear su existencia en otros puntos del país y, si el fármaco se encontraba en la Megafarmacia, organizar el traslado hasta el sitio donde fuera requerido. López Obrador afirmó durante la inauguración que, una vez comprobada la falta del medicamento, éste debía llegar al paciente en menos de 48 horas.

El discurso oficial fue todavía más ambicioso. En diciembre de 2023, el entonces mandatario afirmó que la Megafarmacia sería probablemente la más grande del mundo y que contaría con todos los medicamentos distribuidos por el sector Salud. También sostuvo que el objetivo era que ningún paciente tuviera que esperar por un medicamento, incluso cuando se tratara de productos costosos o difíciles de conseguir.

La Secretaría de Salud informó al momento de la inauguración que la instalación tenía capacidad para albergar hasta 286 millones de piezas de medicamentos. De acuerdo con la información oficial, podía concentrar mil 413 claves de medicamentos y vacunas, además de 393 claves correspondientes a material de curación o instrumental. El gobierno defendió entonces el proyecto como un mecanismo destinado a mejorar el abasto y la distribución de insumos médicos en las instituciones públicas.

La dimensión física del inmueble también fue presentada como una de sus principales ventajas. La documentación oficial de la inauguración señaló que el terreno tenía una superficie de aproximadamente 42 hectáreas y que la superficie techada superaba los 94 mil metros cuadrados. El complejo contaba, según la descripción gubernamental de diciembre de 2023, con 195 andenes para recibo y embarque.

Por ello, las imágenes y observaciones posteriores sobre una actividad limitada adquirieron particular relevancia. El recorrido de El Universal no mostró un inmueble completamente desocupado: había vigilancia, trabajadores y vehículos, y el propio diario documentó que existían operaciones de descarga. Lo que quedó en evidencia fue una utilización muy inferior a la escala que sugería la infraestructura y a la expectativa generada alrededor de la llamada “farmacia más grande del mundo”.

La baja actividad también se reflejó en los resultados de distribución. De acuerdo con los datos citados por El Universal a partir del Sexto Informe de Gobierno de López Obrador, durante los primeros seis meses de operación la Megafarmacia surtió en promedio apenas seis recetas diarias. El dato resulta especialmente significativo frente a la magnitud de la infraestructura construida y frente a la promesa de utilizarla como una herramienta nacional para responder con rapidez a los faltantes de medicamentos.

A este desempeño se sumó otro problema: la falta de una estructura permanente de personal específicamente asignada al inmueble. El Universal informó que Birmex carecía de personal de base destinado exclusivamente a trabajar en la megabodega y que los trabajadores eran rotados de acuerdo con las necesidades de la empresa estatal. Una solicitud de información confirmó que el Centro Federal de Almacenamiento y Distribución de Insumos para la Salud, nombre institucional del inmueble, no contaba con una estructura propia porque se trataba de un almacén dependiente de Birmex.

La transformación del proyecto también quedó reflejada en su denominación y funciones. Lo que originalmente fue presentado como una Megafarmacia capaz de concentrar medicamentos para atender faltantes en todo el país pasó a ser identificado institucionalmente como el Centro Federal de Almacenamiento y Distribución de Insumos para la Salud, un cambio que refleja un énfasis mayor en sus funciones logísticas y de almacenamiento.

El problema no se limita a la actividad cotidiana del inmueble. El costo proyectado del proyecto también aumentó de manera considerable. Datos de la Secretaría de Hacienda consultados por El Universal establecieron que el desembolso total previsto durante los 30 años de vida útil pasó de aproximadamente 10 mil 800 millones de pesos a 15 mil 28 millones 465 mil 872 pesos. El monto contempla la adquisición del terreno y las bodegas, su acondicionamiento, así como los gastos de operación y mantenimiento previstos durante tres décadas.

La cifra de 15 mil millones de pesos, por tanto, no corresponde exclusivamente al dinero desembolsado para construir o acondicionar el inmueble. Es el costo total proyectado para la infraestructura y su operación durante la vida útil estimada. La inversión correspondiente a la etapa inicial se calculó en alrededor de 3 mil 768 millones de pesos. De acuerdo con información del Proyecto de Inversión en Cartera de Hacienda citada por El Universal, para concluir esa etapa se contemplaban recursos adicionales en 2025.

La evolución presupuestal muestra además que el costo del proyecto se incrementó respecto de las previsiones iniciales. La información publicada por El Universal señaló que Birmex había estimado inicialmente erogaciones por poco más de 3 mil 614 millones de pesos entre 2023 y 2024, pero el gasto registrado en esos años alcanzó una cifra diferente y la etapa de inversión terminó proyectándose en alrededor de 3 mil 768 millones de pesos.

La distancia entre el discurso y los resultados es, precisamente, uno de los principales cuestionamientos alrededor de la Megafarmacia. López Obrador la presentó como una solución estructural al desabasto y como una herramienta capaz de llevar medicamentos a cualquier punto del país en un plazo máximo de 48 horas. La operación observada posteriormente, en cambio, mostró una infraestructura de enormes dimensiones con un nivel de movimiento considerablemente menor al esperado.

El propio gobierno de Claudia Sheinbaum reconoció que el inmueble debía seguir utilizándose, aunque con ajustes para hacerlo más eficiente. En octubre de 2024, la presidenta anunció que la Megafarmacia continuaría formando parte del esquema de distribución de medicamentos y planteó una mayor digitalización de los procesos relacionados con la adquisición y distribución de insumos.

Esto significa que hablar de una instalación literalmente “abandonada” requiere una precisión periodística. La evidencia disponible no acredita que el inmueble haya quedado completamente abandonado o sin operaciones. Lo que sí documentó El Universal fue una actividad reducida en comparación con la capacidad y las expectativas originalmente anunciadas, además de un desempeño de distribución muy bajo durante sus primeros meses de funcionamiento.

La contradicción resulta difícil de ignorar: un proyecto concebido para enfrentar uno de los problemas más sensibles del sistema público de salud terminó convertido, al menos durante su primera etapa, en una infraestructura de enorme capacidad cuyo nivel de utilización estuvo lejos de las promesas que acompañaron su inauguración.

En diciembre de 2023, López Obrador aseguró que el propósito era que ningún mexicano tuviera que padecer por la falta de una medicina y que, incluso cuando un fármaco no estuviera disponible en una clínica u hospital, el sistema pudiera localizarlo y enviarlo. La Megafarmacia debía funcionar como el último eslabón de una red nacional de abastecimiento.

Dos años después de aquella inauguración, el desafío para el gobierno federal no consiste solamente en mantener abierta la enorme instalación de Huehuetoca, sino en demostrar que el gasto asociado a ella se traduce efectivamente en medicamentos entregados a pacientes. Una bodega de decenas de miles de metros cuadrados, cientos de espacios logísticos y miles de millones de pesos comprometidos no puede medirse únicamente por su tamaño: su verdadera utilidad tendría que reflejarse en recetas surtidas, tiempos de entrega y pacientes que reciban oportunamente los medicamentos que necesitan.

La historia de la Megafarmacia es, así, la de una promesa que nació con dimensiones monumentales y que posteriormente tuvo que ser replanteada como parte de un sistema logístico. El inmueble sigue siendo utilizable y el gobierno ha optado por conservarlo, pero los datos disponibles muestran que su primera etapa estuvo marcada por una utilización limitada, un número reducido de recetas atendidas y un costo proyectado que aumentó hasta superar los 15 mil millones de pesos durante su vida útil.

La pregunta de fondo permanece: ¿puede la Megafarmacia del Bienestar justificar una inversión de esta magnitud si la infraestructura creada para garantizar medicamentos a los pacientes no logra traducir su enorme capacidad física en un abasto efectivo y oportuno?

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