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Numerosas delegaciones abandonan la Asamblea General de la ONU al inicio del discurso de Netanyahu, quien las llama “cobardes morales”

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu enfrentó una masiva salida de diplomáticos al subir a la tribuna en la 81ª Asamblea General de la ONU. Respondió desafiante: “Si hay otros cobardes morales que todavía no se han ido, váyanse ahora”.
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La intervención del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ante la 81ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas estuvo marcada por una de las protestas diplomáticas más visibles de los últimos años. Cuando el mandatario israelí se dirigió hacia la tribuna, decenas de delegaciones se levantaron de sus asientos y abandonaron el salón de forma coordinada, dejando amplias zonas de la sala vacías y generando un ambiente de tensión que obligó al presidente de la sesión, Khalilur Rahman, a pedir reiteradamente orden en la sala.

La salida masiva no fue espontánea. La Misión de Palestina ante la ONU había enviado previamente un mensaje a numerosas delegaciones de los 193 Estados miembros, instándolas a llevar el mayor número posible de personal a la sala y a “abandonar colectivamente la Asamblea” en el momento en que se anunciara al primer ministro israelí. El llamado tuvo respuesta: scores de diplomáticos se retiraron entre abucheos y silbidos, mientras un grupo reducido de delegados y simpatizantes de Israel permanecía en sus lugares, algunos de pie, aplaudiendo y coreando consignas de apoyo.

Netanyahu no eludió el enfrentamiento. Antes de comenzar formalmente su discurso, se dirigió a los que aún permanecían en la sala con una frase que rápidamente se convirtió en el centro de la cobertura mediática internacional: “Si hay otros cobardes morales que todavía no se han ido de la sala, por favor, háganlo ahora”. La declaración, pronunciada con tono desafiante, fue recibida con una mezcla de silencio y nuevos abucheos desde los pocos asientos ocupados.

En su intervención, el primer ministro israelí defendió las acciones militares de su país, especialmente el ataque contra instalaciones nucleares de Irán, al que calificó como “una de las decisiones más fáciles que he tenido que tomar”. Argumentó que, al defenderse, Israel también protege a muchos de los países cuyas delegaciones acababan de abandonar el salón. “De hecho, quiero que sepan que muchos de sus líderes incluso nos agradecen en privado por eliminar las armas nucleares de Irán”, afirmó.

El discurso de Netanyahu se produjo en un contexto de creciente aislamiento diplomático de Israel. La guerra en Gaza, que se prolonga desde octubre de 2023, y las operaciones militares posteriores, incluyendo las acciones contra Irán, han generado un amplio rechazo en amplios sectores de la comunidad internacional. Organizaciones de derechos humanos, gobiernos de América Latina, África, Asia y parte de Europa han criticado duramente lo que consideran un uso desproporcionado de la fuerza y posibles violaciones del derecho internacional humanitario. Israel, por su parte, sostiene que sus acciones son legítima defensa contra amenazas existenciales, tanto de Hamas como del programa nuclear iraní.

La escena en la Asamblea General no es nueva. En años anteriores, Netanyahu ya había enfrentado walkouts similares, pero la magnitud de la salida de este 24 de septiembre fue particularmente notoria. Fuentes diplomáticas presentes en la sala describieron que, tras la retirada de las delegaciones, más de la mitad de los asientos quedaron vacíos. Mientras tanto, en los palcos se podían observar simpatizantes con kipás y pines de la bandera israelí, algunos de los cuales se levantaron para aplaudir y corear consignas como “Bibi, eres la luz de esta habitación”.

Fuera del edificio de la ONU, en las calles de Nueva York, se registraron manifestaciones de protesta contra la presencia del primer ministro israelí. Grupos pro-palestinos bloquearon avenidas y exhibieron carteles exigiendo el fin de las operaciones militares en Gaza y criticando la impunidad que, según ellos, protege a Netanyahu ante la Corte Penal Internacional, que ha emitido órdenes de arresto en su contra por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad.

El episodio refleja la profunda polarización que rodea al conflicto en Oriente Medio y el papel de la ONU como escenario de confrontación diplomática. Para los críticos de Israel, la salida masiva constituye un gesto de rechazo moral y político ante lo que consideran una política de ocupación y destrucción. Para el gobierno israelí y sus aliados, representa una demostración de hipocresía de parte de países que, en privado, reconocen el valor de las acciones de Israel contra amenazas comunes, pero en público prefieren el gesto simbólico de la retirada.

Netanyahu utilizó el momento para proyectar una imagen de firmeza ante su audiencia interna, en un momento en que enfrenta presiones políticas domésticas y elecciones próximas. Su mensaje fue claro: Israel no se disculpa por defenderse y no cederá ante lo que considera una campaña de deslegitimación internacional. La imagen de la sala medio vacía, sin embargo, quedó como el símbolo más potente de la jornada: un líder hablando ante una audiencia reducida, desafiando a quienes decidieron no escucharlo.

La cobertura internacional del hecho fue inmediata y extensa. Medios de todo el mundo destacaron tanto la magnitud de la protesta diplomática como la respuesta combativa de Netanyahu. El episodio se suma a una larga lista de momentos tensos en la Asamblea General relacionados con el conflicto israelí-palestino, pero destaca por la contundencia del lenguaje utilizado por el primer ministro y por el grado de coordinación de la retirada.

En definitiva, lo ocurrido este 24 de septiembre en Nueva York pone de manifiesto, una vez más, la dificultad de encontrar espacios de diálogo en un conflicto que ha generado divisiones profundas tanto dentro como fuera de Oriente Medio. Mientras unas delegaciones eligen el silencio de la ausencia, otras permanecen y aplauden. Y en el centro, Netanyahu insiste en que la historia le dará la razón.

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