Hoy es esa curiosa fecha en el calendario petlover donde recordamos solemnemente a los gatos —sí, esos mismos animales que duermen hasta 16 horas al día, nos ignoran con una mirada gélida y aún así llenan nuestras vidas de sonrisas involuntarias— en lo que algunos llaman Día Mundial del Gato. Curiosamente, esta efeméride no es una sola, sino más bien una serie de eventos gatunos repartidos estratégicamente a lo largo del año para recordarnos que, a pesar de su actitud de monarca absoluto, también forman parte de nuestras vidas y merecen algo más que sarcasmo en redes sociales.
Desde el Antiguo Egipto hasta las calles de Venecia, donde los gatos fueron tan esenciales en el control de ratas que matarlos estaba penado por ley, la historia felina está llena de giros irónicos. Allí, la Serenísima repatriaba gatos de otros lugares porque habían descubierto lo que muchos dueños modernos ya sabíamos: si un gato no muere, es porque se rehúsa con elegancia.

Pero más allá de su reinado indiscutible en internet y los mítines de adopción, estos animales esconden datos que harían suspirar incluso al más escéptico: un gato puede dormir alrededor del 70 % de su vida, lo que equivale a dominar el arte de holgazanear con excelencia profesional, y aún así alcanzar velocidades de hasta 48 km/h cuando algo desafía su dignidad.
A nivel sensorial, nuestra percepción de los gatos podría definirse como “misterio con bigotes”: no pueden saborear lo dulce (sí, tu gato no es fan del pastel de cumpleaños tanto como tú crees), poseen un órgano extra para olfatear feromonas en el aire y producen más de 100 sonidos distintos para comunicarse, sobre todo con nosotros, los humanos, que creemos entenderlos cuando en realidad sólo nos toleran.

El Día del Gato no es solo una excusa para difundir memes o fotos con orejitas virtuales: fue concebido originalmente para generar conciencia sobre la protección y el bienestar de estos animales, así como para recordar la importancia de su adopción responsable, la esterilización y el combate al abandono.
Sin embargo, en esta era digital también conviene revisar algunos mitos que suelen circular con tanta rapidez como un gato persiguiendo un punto láser. Por ejemplo, la idea de que los gatos no deberían salir al exterior como los perros ha sido desmentida por veterinarios que señalan que, si se realiza con seguridad y estimulación adecuada, permitirá a los felinos ejercitarse y reducir el estrés.

Para quienes conviven con estos pequeños déspotas adorables, el consejo no es revolucionario: comprender sus ritmos, respetar su independencia y atender sus necesidades físicas y emocionales. Los platos de comida y agua, por ejemplo, deberían estar separados, pues su instinto de cazador no entiende de logística humana; proveerles espacios de juego y estimulación mental es tan crucial como un chequeo veterinario regular, la vacunación y la desparasitación.
No olvidemos que los gatos fueron domesticados hace más de 10 000 años, y desde entonces han manejado con maestría la dualidad de ser compañeros afectuosos y al mismo tiempo criaturas que nos hacen sentir que ellos son quienes nos eligen, no al revés. Hoy, en su día —aunque según el calendario internacional oficial el verdadero International Cat Day sea el 8 de agosto— vale la pena celebrar con ironía y cariño al animal que nos observa dormir, que se acurruca en nuestro teclado cuando trabajamos y que, con todo su porte altivo, ha conquistado redes sociales, salones domésticos y, sin pedir permiso, nuestra devoción.