El pasado 20 de marzo, a las 08:46 horas (tiempo del centro de México), ocurrió oficialmente el equinoccio de primavera. Este evento, que desde la perspectiva científica de la NASA se define como el momento en que el Sol cruza el ecuador celeste haciendo que el día y la noche tengan una duración prácticamente igual, es mucho más que un dato en el calendario. Es un recordatorio de la posición de nuestro planeta en el cosmos y, sobre todo, de cómo esa posición fue comprendida y venerada por las civilizaciones que habitaron el actual territorio mexicano.
Hoy, el Sol pasa directamente sobre el ecuador terrestre, marcando el equinoccio de marzo. 🌎
— NASA en español (@NASA_es) March 20, 2026
Los hemisferios norte y sur recibirán cantidades casi iguales de luz solar, por lo que el día y la noche durarán casi lo mismo en todo el planeta: https://t.co/i6fAWpF57D pic.twitter.com/bU3f2zXCi7
Desde el espacio, satélites de última generación documentaron cómo la “línea del terminador” —esa frontera entre la luz y la sombra— se volvió perfectamente vertical, uniendo ambos polos de la Tierra. Este equilibrio global es el que da paso a la primavera en el hemisferio norte, un ciclo asociado históricamente con la fertilidad, el renacimiento y la preparación de los campos de cultivo.
Lo que hace que México sea el escenario natural por excelencia para este evento es su arquitectura arqueoastronómica. Los antiguos mayas, teotihuacanos, zapotecas y totonacas no construyeron sus ciudades al azar; cada estructura, pirámide y estela fue diseñada para interactuar con los astros.
🌞 ¡Así se vive el Equinoccio de Primavera en las diferentes zonas arqueológicas custodiadas por el INAH!
— INAH (@INAHmx) March 21, 2026
Miles de personas se reúnen en distintos sitios para presenciar este fenómeno, cuando el día y la noche alcanzan una duración similar.
📸 Z.A. Teotihuacan. Omar González. pic.twitter.com/mKJvmhEypd
En Chichén Itzá, Yucatán, el fenómeno de luz y sombra en la pirámide de El Castillo (o Templo de Kukulcán) es el ejemplo más sofisticado de esta tecnología antigua. Durante el atardecer del equinoccio, la proyección de los nueve cuerpos de la pirámide crea siete triángulos de luz que forman el cuerpo de una serpiente que parece descender por la escalinata norte. Este evento simbolizaba para los mayas la llegada de la deidad Kukulcán, quien bajaba a la tierra para fertilizarla y asegurar una buena cosecha.

Por otro lado, en Teotihuacán, Estado de México, la orientación de la Calzada de los Muertos y la alineación de la Pirámide del Sol permiten que, en estas fechas, la luz solar bañe de forma particular el sitio, atrayendo a miles de personas que buscan una conexión espiritual. Aunque hoy en día el ascenso a las estructuras está restringido por motivos de conservación, la energía que se percibe en las plazas principales sigue siendo el motor de esta tradición moderna.

Para garantizar la seguridad de los visitantes y la integridad de los monumentos, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha implementado un operativo especial en 45 zonas arqueológicas de todo el país. Sitios como Dzibilchaltún, donde el sol atraviesa el Templo de las Siete Muñecas, o El Tajín en Veracruz, donde el equinoccio coincide con las festividades de la Cumbre Tajín, han recibido una afluencia masiva este fin de semana.
🌞 ¡Así se vive el Equinoccio de Primavera 2026 en la Zona Arqueológica El Tajín!
— INAH (@INAHmx) March 20, 2026
En El Tajín, antigua ciudad totonaca y joya del patrimonio mesoamericano, este fenómeno adquiere un significado especial. pic.twitter.com/fdU4eejRxK
Es fundamental recordar que la visita a estos lugares conlleva una responsabilidad compartida. El INAH ha sido enfático en las restricciones: el uso de drones está prohibido sin permisos especiales, no se permite el ingreso de mascotas, alimentos o bebidas alcohólicas, y se recomienda encarecidamente el uso de envases de agua reutilizables para evitar la generación de residuos plásticos en sitios sagrados.
Más allá de la observación científica o el turismo, el equinoccio en las zonas arqueológicas ha dado pie a una serie de rituales contemporáneos. La vestimenta blanca, el uso de sahumerios con copal y las danzas prehispánicas son hoy parte del paisaje cultural de México. Para muchos asistentes, visitar una zona arqueológica en esta fecha es un acto de introspección y renovación personal.
#NoticiasINAH 🔹 El INAH implementará el Operativo Equinoccio de Primavera 2026 en Zonas Arqueológicas
— INAH (@INAHmx) March 17, 2026
• Tiene como objetivo garantizar la integridad del público, trabajadores y de los monumentos prehispánicos ante el aumento de visitantes
👉 https://t.co/qQvP16bWga pic.twitter.com/Udki0kGLVr
Este “baño de energía” que miles buscan es el reflejo de una necesidad humana de reconexión con la naturaleza en un mundo cada vez más digitalizado. Al observar el sol ponerse tras una pirámide milenaria, el espectador moderno se une al espectador del pasado en un mismo asombro ante el orden del universo.