La inflación en México retomó una trayectoria al alza durante marzo de 2026, impulsada principalmente por el encarecimiento de productos agropecuarios y algunos servicios, lo que presiona el bolsillo de los hogares y complica el panorama para la estabilidad de precios. De acuerdo con el más reciente reporte del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la inflación general anual se ubicó en 4.59 por ciento, por encima del 3.80 por ciento registrado en el mismo mes de 2025, mientras que en su comparación mensual aumentó 0.86 por ciento.
El repunte inflacionario se explica, en buena medida, por el comportamiento del componente no subyacente, que incluye productos de alta volatilidad como alimentos frescos y energéticos. Este rubro creció 2.46 por ciento en el mes, con un incremento particularmente pronunciado en frutas y verduras, cuyos precios se dispararon 10.75 por ciento. La magnitud de este aumento revela un choque de oferta en productos agrícolas, generalmente asociado a factores estacionales, condiciones climáticas adversas o disrupciones en las cadenas de distribución.

Entre los productos que más incidieron en el alza de precios destaca el jitomate, con un incremento mensual de 42.01 por ciento, seguido del pepino con 42.71 por ciento, el tomate verde con 16.46 por ciento, la papa con 14.92 por ciento y el limón con 18.26 por ciento. Estos aumentos reflejan una presión significativa en la canasta básica, particularmente en alimentos frescos, que suelen ser altamente sensibles a factores climáticos y de estacionalidad.
El impacto no se limitó al sector agrícola. El transporte aéreo registró un aumento de 26.28 por ciento, lo que sugiere una mayor demanda asociada a temporadas vacacionales o ajustes en tarifas por costos operativos. Asimismo, el consumo en establecimientos de comida como loncherías, fondas y taquerías subió 0.92 por ciento, lo que evidencia cómo el encarecimiento de insumos también se traslada a los servicios.
En contraste, algunos productos ayudaron a contener parcialmente la inflación. Los paquetes de internet, telefonía y televisión de paga disminuyeron 3.59 por ciento, mientras que el huevo cayó 2.69 por ciento y la carne de cerdo 1.28 por ciento. Sin embargo, estas reducciones no fueron suficientes para compensar el fuerte incremento en alimentos frescos.

El componente subyacente, que refleja la tendencia de mediano plazo al excluir bienes volátiles, también mostró presiones al ubicarse en 4.45 por ciento anual. Dentro de este, los servicios aumentaron 0.48 por ciento mensual, impulsados por rubros como vivienda, restaurantes y otros servicios, lo que indica que la inflación ya no solo responde a choques temporales, sino que comienza a arraigarse en distintos sectores de la economía.
Un dato relevante es el comportamiento de los alimentos y bebidas no alcohólicas, que registraron una inflación anual de 6.91 por ciento, muy por encima del promedio general. Este nivel evidencia una presión directa sobre el gasto cotidiano de las familias, especialmente en los segmentos de menores ingresos, para quienes los alimentos representan una mayor proporción de su consumo.
Además, la canasta de consumo mínimo —que agrupa bienes esenciales— aumentó 0.91 por ciento en el mes y 4.56 por ciento a tasa anual, confirmando que el encarecimiento afecta de manera más intensa a los productos indispensables.
El repunte inflacionario de marzo marca un cambio respecto a la tendencia moderada observada el año previo y plantea retos para la política monetaria, en un contexto donde los choques en alimentos y servicios podrían mantener presiones en los próximos meses. Aunque algunos precios mostraron ajustes a la baja, el peso de los incrementos en productos básicos y servicios clave terminó por inclinar la balanza, reflejando un entorno inflacionario aún complejo para la economía mexicana.