La espera de casi una década terminó con un estallido de distorsión, activismo político y pura adrenalina. La noche del miércoles 27 de mayo de 2026, el Estadio GNP Seguros de la Ciudad de México se convirtió en el epicentro de uno de los regresos más codiciados de la escena del rock internacional: System of a Down (SOAD). Ante un recinto completamente abarrotado, la agrupación de origen armenio-estadounidense demostró que el paso del tiempo no ha mermado ni un ápice de su potencia sónica ni la vigencia de su mensaje.
La velada comenzó a tomar tintes memorables desde los actos de apertura. Los británicos de IDLES se encargaron de calentar los motores con su característico post-punk energético. En un gesto que se ganó el aplauso unánime del público local, su guitarrista Mark Bowen subió al escenario portando el icónico y colorido uniforme de portero de la leyenda del fútbol mexicano, Jorge Campos. Este guiño cultural rompió el hielo de inmediato, preparando el terreno para lo que vendría después.
Así comenzó System Of A Down en México 🇲🇽 pic.twitter.com/XsYuLhtJt5
— Indie 505 (@Indie5051) May 28, 2026
Puntuales a la cita, Serj Tankian, Daron Malakian, Shavo Odadjian y John Dolmayan tomaron sus posiciones bajo una ovación ensordecedora. Sin dar espacio a preámbulos, la banda arrancó directo a la yugular de la nostalgia colectiva ligando la introducción de “Soldier Side” con los explosivos acordes de “B.Y.O.B.”. Desde ese primer segundo, el inmueble vibró de forma literal bajo el salto síncronizado de miles de asistentes en las secciones general y de gradas.

El show avanzó como una aplanadora a través de un repertorio que repasó lo mejor de su discografía, incluyendo clásicos de alta intensidad como “Prison Song”, “Needles” y “War?”. A pesar de las estrictas regulaciones de seguridad del recinto, la pasión de la fanaticada mexicana rompió las barreras: la sección de la pista se iluminó de manera clandestina con bengalas rojas durante los momentos más álgidos del slam. El acto no pasó desapercibido para el guitarrista Daron Malakian, quien pausó brevemente para agradecer el gesto: “Veo gente que sí trajo [pirotecnia], le hicieron como pudieron y lo apreciamos… ¡Trajeron el fuego!”, exclamó ante la euforia de la multitud.

Más allá del despliegue técnico y la impecable ejecución vocal de Tankian —quien conserva intacta su capacidad para transicionar entre guturales profundos y melodías operísticas—, el concierto mantuvo una fuerte carga de crítica social. Las pantallas gigantes no solo proyectaron a los músicos, sino también visuales cargados de consignas políticas contra la guerra y el control corporativo, un sello identitario que SOAD defiende desde sus inicios en los años 90. “Ellos están matándote, no dejes que te maten, ¡despierten, gente!”, arengó Malakian a mitad de la noche.
Tras un viaje de ritmo vertiginoso que incluyó la rítmica “Radio/Video” y la densa “Chop Suey!”, el cierre de la jornada llegó con una dupla infalible: “Toxicity” y “Sugar”. El Estadio GNP, exhausto pero extasiado, despidió a la banda entre aplausos, consolidando esta primera fecha como un serio candidato a uno de los mejores conciertos del año en la capital mexicana, de cara a su segundo compromiso programado para esta misma semana.