UEFA, la Confederación Asiática de Futbol (AFC) y la Confederación de Futbol de la Asociación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf) elevaron este lunes la presión sobre Gianni Infantino y la FIFA al emitir un durísimo comunicado conjunto en el que cuestionaron la conducción del organismo, denunciaron una ruptura de confianza y reclamaron que el episodio relacionado con la comercialización de una participación en los derechos de la Copa Mundial sea investigado por un tercero completamente independiente.
El pronunciamiento representa uno de los mayores desafíos políticos que ha enfrentado Infantino al frente de la FIFA y llega después de semanas de confrontación por el proyecto denominado FIFA Forward Enterprise, mediante el cual la organización pretendía captar capital privado mediante la venta de una participación en una nueva estructura comercial vinculada con los ingresos de sus principales competiciones.
La propuesta contemplaba la posibilidad de obtener hasta 4 mil 200 millones de dólares mediante la venta de una participación de 20 por ciento en los derechos comerciales de la Copa Mundial. El proyecto fue posteriormente retirado ante la creciente oposición de distintas asociaciones y confederaciones. Reuters reportó que UEFA, AFC y Concacaf consideran que el episodio no puede reducirse a un problema de comunicación interna y exigieron una revisión independiente.
La nueva carta coloca el conflicto en un terreno mucho más profundo: ya no se discute únicamente la conveniencia económica de la operación, sino la forma en que Infantino y la administración de la FIFA toman decisiones que afectan al conjunto del futbol internacional.
“El fútbol es la mayor pasión compartida en el mundo. No pertenece a ningún individuo ni a ninguna institución”, señalaron las tres confederaciones en el documento.
La frase resume el eje político del mensaje. UEFA, AFC y Concacaf sostienen que el futbol mundial pertenece a una estructura colectiva integrada por jugadores, aficionados, clubes, asociaciones nacionales y organismos que tienen la responsabilidad de preservar su futuro.

Home of FIFA, Hauptsitz der FIFA
© foto-net / Kurt Schorrer
Las confederaciones reconocieron que durante la última década el futbol internacional ha experimentado un crecimiento importante, pero rechazaron que esos avances puedan atribuirse a una sola persona. A su juicio, la expansión de las competiciones, las decisiones sobre las sedes de las Copas Mundiales de 2030 y 2034 y la distribución de recursos son resultados de decisiones colectivas adoptadas por FIFA, confederaciones y asociaciones miembro.
El comunicado intenta, de esta manera, separar los logros institucionales del liderazgo personal de Infantino y cuestionar cualquier interpretación según la cual la oposición actual pretenda revertir las transformaciones realizadas durante su administración.
“No se trata de dinero”, afirmaron UEFA, AFC y Concacaf al explicar su postura.
Las tres organizaciones señalaron que ya han solicitado una utilización responsable de las reservas financieras de la FIFA para incrementar las inversiones destinadas al desarrollo de las asociaciones miembro. También rechazaron que su oposición busque retirar apoyos económicos a determinadas federaciones o revertir la ampliación de las competiciones y las decisiones adoptadas previamente sobre las Copas Mundiales.
El punto central, sostienen, es la gobernanza del futbol.
“La dirección del fútbol no es una posesión”, establece el comunicado. Para las confederaciones, ejercer la presidencia de la FIFA implica un deber de servicio hacia la comunidad futbolística y no la acumulación o conservación del poder.
La parte más severa del documento aparece cuando las organizaciones cuestionan directamente la actuación de la administración de la FIFA durante el proceso de FIFA Forward Enterprise.
“Cuando esa confianza se rompe por el engaño, cuando un individuo se coloca por encima del colectivo que le confió su autoridad, ese deber ha sido abandonado”, señalaron.
La acusación adquiere especial relevancia porque la FIFA había enviado previamente una carta a sus vicepresidentes y a las 211 asociaciones miembro en la que reconoció que se habían cometido errores durante el proceso y presentó el episodio fundamentalmente como un problema de comunicación.

UEFA, AFC y Concacaf rechazaron esa explicación.
En su interpretación, lo ocurrido constituyó un “error de juicio” y no simplemente una deficiencia en la manera de comunicar la propuesta. Las confederaciones cuestionaron que una iniciativa de semejante dimensión haya sido presentada mediante un calendario extremadamente reducido, sin una consulta significativa y con una fecha límite que, según su argumento, dificultaba que las asociaciones nacionales pudieran analizar adecuadamente las condiciones.
Para las organizaciones firmantes, el problema no fue únicamente que la FIFA no explicara suficientemente el proyecto, sino que la propia estructura del procedimiento habría limitado las posibilidades de revisión y control.
La acusación más delicada apunta directamente a la decisión de intentar comercializar una participación relacionada con la Copa Mundial.
Las confederaciones consideran que la FIFA todavía no ha reconocido que esa propuesta fue equivocada en su esencia. Según el documento, tratar de vender una participación en el Mundial representó un profundo error de juicio y una ruptura fundamental de confianza con las mismas instituciones a las que la FIFA debe servir.
La disputa, por tanto, trasciende el destino de una operación financiera que ya fue retirada. El reclamo de UEFA, AFC y Concacaf apunta a establecer límites sobre la manera en que la administración de la FIFA puede disponer de los activos comerciales asociados con sus competiciones y, sobre todo, sobre el procedimiento que debe seguir antes de plantear cambios de semejante magnitud.
MINUTO CRÍTICO
— FERNANDO SCHWARTZ #nuncabajolosbrazos (@fersch_4) August 10, 2026
México se queda solo por no jugar en equipo.
El comunicado conjunto de hoy @UEFA @Concacaf @theasiadotcom más lo comunicado por @ussoccer dejan @FMF en la cornisa de equilibrista. Esa postura solitaria ha causado muchas repercusiones. pic.twitter.com/gsSbGR7msk
El conflicto también alcanza la investigación que la FIFA anunció sobre el episodio.
La organización internacional se comprometió a presentar un informe completo al Consejo de la FIFA. Sin embargo, las tres confederaciones consideran insuficiente que la propia FIFA conduzca esa revisión.
“Una buena gobernanza” exigiría, según su postura, que el examen sea realizado por un tercero totalmente independiente, sin participación de empleados de la FIFA ni de otras partes directamente interesadas en el futbol.
El comunicado incluso sostiene que la administración de la FIFA no debería desempeñar ningún papel en la investigación.
La exigencia coloca a Infantino ante una presión institucional considerable, pues la crítica ya no procede de una sola asociación nacional ni de un grupo aislado de dirigentes. UEFA representa a 55 asociaciones nacionales y cada una cuenta con un voto en el Congreso de la confederación.
Concacaf, por su parte, agrupa a 41 asociaciones miembro, mientras que la FIFA reconoce a México como integrante de esa confederación.
En el caso de la AFC, la cifra de asociaciones afiliadas a la confederación es superior al número de miembros asiáticos con derecho a voto dentro de la FIFA, por lo que conviene distinguir entre membresía confederativa y votos efectivos en un Congreso de la FIFA.
Por ello, la suma de “votos” atribuida a UEFA, Concacaf y AFC no debe interpretarse automáticamente como un bloque electoral cerrado dentro de la FIFA. Las confederaciones pueden adoptar posiciones políticas comunes, pero las asociaciones nacionales conservan formalmente su condición de miembros de FIFA y la capacidad de adoptar sus propias posiciones.
Esa distinción resulta especialmente importante en el caso mexicano.
La Federación Mexicana de Futbol Asociación aparece como miembro de Concacaf y, a diferencia de la posición expresada por la dirigencia de la confederación, manifestó públicamente su respaldo al liderazgo de Infantino y a su llamado a mantener la gobernanza institucional dentro de los procedimientos de la FIFA.
Así, México constituye una excepción particularmente relevante dentro del bloque regional que encabeza la crítica. La posición de la FMF impide presentar a toda Concacaf como un frente nacional unánime contra Infantino.
El enfrentamiento tampoco ocurre en un vacío político.
La controversia por FIFA Forward Enterprise comenzó cuando trascendió que la FIFA trabajaba con JPMorgan para establecer una nueva compañía comercial y captar miles de millones de dólares mediante inversionistas privados. La propuesta generó una reacción inmediata entre distintas organizaciones del futbol, que cuestionaron que una operación de esa magnitud hubiera avanzado sin una consulta suficiente con las asociaciones y otros actores del deporte.
UEFA llegó a plantear la posibilidad de no participar en futuras competiciones de la FIFA si el proyecto avanzaba en los términos cuestionados. Concacaf y AFC también expresaron su rechazo al procedimiento y a la falta de consulta previa.
La AFC tiene además una particular relevancia en esta disputa porque Arabia Saudita, estrechamente vinculada con la estructura del futbol asiático y sede de la Copa Mundial de 2034, forma parte de esa confederación. La oposición de la AFC, por tanto, no puede reducirse a una disputa exclusivamente europea.
El episodio también ocurre mientras Infantino se encamina hacia el proceso de reelección para la presidencia de la FIFA en 2027. Reuters señaló que la ofensiva de las tres confederaciones incluye llamados para que el dirigente deje el cargo y advertencias sobre posibles boicots a competiciones futuras si no existen garantías de que no volverá a producirse un intento semejante de modificar el control comercial de los torneos.
La fractura, sin embargo, todavía no significa que Infantino haya perdido el control de la FIFA.
La oposición de UEFA, AFC y Concacaf convive con respaldos provenientes de otras regiones y de algunas asociaciones nacionales. De hecho, el conflicto ha mostrado que el futbol internacional atraviesa una disputa política más amplia entre quienes defienden la continuidad del modelo de liderazgo de Infantino y quienes consideran que la FIFA necesita límites más estrictos, mayor transparencia y mecanismos de consulta independientes.



El escenario tampoco implica, por ahora, que exista una elección definida ni que Infantino esté formalmente fuera de la carrera por la presidencia. Lo que sí ha cambiado es el nivel de confrontación pública entre la administración de FIFA y algunas de las instituciones continentales más poderosas del futbol mundial.
El mensaje de UEFA, AFC y Concacaf tiene además un componente simbólico que difícilmente puede ser ignorado. Al afirmar que “el fútbol no pertenece a ningún individuo ni a ninguna institución”, las confederaciones cuestionan directamente cualquier concepción personalista del poder dentro de la FIFA.
La frase “cuando la confianza se rompe mediante el engaño” es todavía más significativa porque transforma una controversia comercial en un cuestionamiento de legitimidad.
Infantino no enfrenta únicamente críticas por una propuesta financiera retirada. En el fondo, sus opositores están disputando quién tiene autoridad para decidir sobre el futuro económico y deportivo de las principales competiciones del futbol mundial y bajo qué reglas debe ejercerse ese poder.
Por ahora, el proyecto de vender una participación en los derechos comerciales del Mundial está abandonado. Pero el conflicto político que provocó continúa abierto.
La verdadera batalla será determinar si la retirada de la iniciativa basta para reconstruir la confianza entre FIFA y sus confederaciones o si la crisis se convertirá en una disputa por el liderazgo del futbol mundial rumbo a 2027.
Con UEFA, AFC y Concacaf actuando conjuntamente, Infantino enfrenta uno de los desafíos institucionales más serios de su presidencia. La incógnita ya no es solamente si una operación financiera puede resucitar, sino si el dirigente podrá conservar el respaldo suficiente para seguir conduciendo una FIFA cada vez más dividida.