La noche del sábado 24 de octubre, decenas de habitantes de Ostuacán, Chiapas, irrumpieron en la comandancia municipal y sacaron por la fuerza a dos hombres detenidos por su presunta participación en el feminicidio de Miriam Cruz Alpuche (de 55 años, reportada también como 52 o 55 según fuentes) y su nieta Ariana Scarlett Velázquez Cruz, de 12 años. La multitud superó a los policías; uno de los sospechosos murió tras ser golpeado y decapitado, mientras que el segundo resultó gravemente herido y fue rescatado por las autoridades.
Los hechos ocurrieron cuando elementos de la Policía Estatal y la Fiscalía intentaban trasladar a los detenidos a Tuxtla Gutiérrez. Los pobladores cerraron el paso, bajaron a los sospechosos de las patrullas y los agredieron frente a la Presidencia Municipal. Según reportes, uno de ellos era conocido como “El Cera” (Andrés “N”), señalado como autor material, y el otro como “El Melo”, un adulto mayor señalado como posible autor intelectual. Algunos reportes indican que también se registraron daños o incendios en instalaciones municipales.
Miriam y Ariana desaparecieron el lunes 19 de octubre cuando salieron de su domicilio en la comunidad de Tanchichal (o Ribera Tanchichal) para revisar y alimentar ganado en unos terrenos. El cuerpo de Miriam fue localizado el miércoles 21 cerca de un arroyo o potrero; el de Ariana, el viernes 23, enterrado a unos 600 metros de distancia. Ambas presentaron heridas por objeto punzocortante.
El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar había informado horas antes que ya había detenidos y que se actuó de manera discreta. Tras los hechos, las autoridades reiteraron que la justicia por propia mano no es la solución y que se continuarán las investigaciones tanto por los feminicidios como por el linchamiento. El caso refleja la indignación ciudadana ante la violencia de género en la región y la tensión entre demanda de justicia y el respeto al debido proceso.
