Puebla tembló. Y no fue por el frío de la madrugada ni por el volcan ni por el bullicio típico de un festival; fue porque Molotov volvió a demostrar que, casi tres décadas después de irrumpir en la escena, siguen siendo un acto capaz de poner a brincar a miles con la pura fuerza de sus guitarras, sus letras filosas y una actitud que jamás se desgasta. La espera, casi a medianoche, solo aumentó la presión del público que ya vibraba desde horas antes con la promesa de que el show sería de esos que se cuentan después con voz ronca y sonrisas cómplices. La banda apareció en el escenario con su alineación más reciente, esta vez sin Tito, pero con la presencia poderosa de Pato Machete acompañándolos, un detalle que encendió aún más a la multitud.

Desde el primer acorde con Amateur, Molotov dejó claro que no venía a negociar nada. Su estilo irreverente, explosivo y directo, el mismo que los convirtió en un estandarte del inconformismo desde los noventa, se mantuvo intacto. La mezcla de rock, hip hop, funk y crítica social volvió a resonar con esa furia creativa que los distingue, elevando la energía del festival a niveles que pocas bandas logran alcanzar en vivo.
Uno de los momentos más comentados de la noche llegó antes de Gimme tha Power, cuando la banda soltó un comentario picante: “la vamos a cantar aunque luego se enojan”, una clara referencia a la controversia derivada de sus críticas a la 4T y la discusión pública con el hijo del expresidente López Obrador. El público respondió con gritos, coreando cada línea como si fuera un mantra generacional, recordando que Molotov siempre ha sido un espejo incómodo para el poder y un altavoz para la inconformidad urbana.
El repertorio fue un viaje intenso entre clásicos que definieron una era y canciones que siguen latiendo con fuerza entre nuevas generaciones. Sonaron rolas como “Amateur”, “Chinga tu madre”, “Changüich a la chichona”, “Rastaman-dita”, “Here We Kum” “Frijolero”, “Perro negro granjero” y “Dance and Dense Denso”, todas coreadas como himnos. También desataron el caos controlado con “Puto” y “Mátate tete”, dos momentos donde el slam se volvió inevitable y la euforia colectiva alcanzó su punto máximo.
El cierre fue un guiño directo a la historia del rap mexicano: un cover de Control Machete, “Comprendes Mendes”, que terminó de sellar una presentación contundente, ruda y sin respiro. Fue la cereza final de un set que, sin necesidad de artificios, se plantó como uno de los más sólidos y recordados de esta edición del Tecate Comuna 2025.
Molotov demostró, una vez más, que su música no envejece: evoluciona, provoca y se alimenta de la energía de quienes la escuchan. Si algo dejó claro su presentación es que el Tecate Comuna sigue siendo un espacio donde lo mejor del rock y la escena alternativa encuentra un público vibrante y leal. Y si esta noche sirve como referencia, la próxima edición promete crecer aún más. Así que vayan apuntándolo desde ahora: si este año estuvo incendiario, el siguiente va a estar brutal. No se lo van a querer perder.
