Mientras la mayoría legislativa guarda silencio, Luis Donaldo Colosio Riojas está construyendo músculo político en territorio. Este lunes se reunió con más de 90 empresarios que le pusieron nombre y apellido al caos en las carreteras: robos, extorsiones y retenes falsos que están ahorcando la economía regional. Con la secretaria de Economía estatal como testigo, el senador naranja no solo escuchó, ya presentó un Punto de Acuerdo en el Senado exigiendo estrategia permanente, coordinación real y presupuesto etiquetado para seguridad vial. En Movimiento Ciudadano saben que tienen oro molido: un legislador que no se esconde cuando hay que dar la cara. Lo que tiene incómodo a Palacio Nacional es el mensaje directo de Colosio: “No pedimos privilegios, pedimos condiciones mínimas para trabajar y vivir”. La frase ya circula en grupos empresariales y suena cada vez más a posicionamiento de largo aliento.
SIN BENEFICIOS PARA LOS GUZMÁN
En los corrillos judiciales de Chicago trascendió que Joaquín Guzmán López terminó por aceptar que el secuestro de “El Mayo” Zambada fue idea suya… y que Estados Unidos ni lo pidió ni lo aplaudió. Creyó que así ganaría puntos para él y para Ovidio, pero la jugada salió al revés: nada de beneficios, nada de “cooperación premiada”. El acuerdo presentado a la Corte dejó helados a varios: Guzmán López reconoce que cometió el secuestro por iniciativa propia y que ni él ni su hermano recibirán crédito alguno. Un mensaje claro desde Washington: aquí no se negocia con ocurrencias.
EL HOYO DE PEMEX
En los pasillos de Hacienda se comenta, con preocupación mal disimulada, que Pemex ya dejó un boquete de 284 mil millones de pesos en apenas 10 meses. El dato es tan escandaloso que equivale a casi cinco veces el presupuesto de la Secretaría de Salud. Mientras tanto, el Gobierno federal intenta acomodar las cuentas como puede. Y aunque se intentó maquillar el golpe con ingresos no petroleros, los recortes ya se sienten: Infraestructura, Medio Ambiente y Salud recibieron tijeretazos de hasta 29 por ciento. Todo por los “apoyos extraordinarios” que siguen diluyéndose en la petrolera que no termina de levantar. El erario, dicen, ya está resintiendo el temblor.