La Ciudad de México enfrenta un fenómeno creciente en su sistema penitenciario: el aumento de personas privadas de la libertad de origen extranjero, que no solo visibiliza transformaciones en las dinámicas migratorias sino también plantea interrogantes sobre la justicia, la integración social y las políticas de seguridad en la capital del país. Datos oficiales de la Subsecretaría Penitenciaria de la capital señalan que en las cárceles de la Ciudad de México actualmente hay personas provenientes de al menos 60 nacionalidades, entre las cuales destacan las comunidades venezolana y colombiana como las de mayor presencia.
Aunque las cifras absolutas y porcentuales no han sido difundidas con todos sus detalles por las autoridades capitalinas, la mera diversidad de nacionalidades representa un cambio significativo respecto a décadas anteriores y obliga a analizar a fondo tanto las causas como las consecuencias de esta tendencia. La presencia creciente de reclusos extranjeros ocurre en un contexto donde la capital sigue siendo un punto de convergencia para migrantes de toda América Latina, que llegan buscando oportunidades laborales, refugio o tránsito hacia otras regiones del país o de Norteamérica. Estudios recientes sobre migración en México señalan que la Ciudad de México concentra cerca del 9% de la población extranjera residente en el país, detrás de estados como Baja California y Chihuahua, lo que da contexto demográfico al aumento de personas privadas de la libertad de origen foráneo.

Especialistas en política penitenciaria y migración señalan que este incremento no puede entenderse únicamente desde una lógica criminal, sino que está relacionado con múltiples factores estructurales. La falta de redes sociales, barreras lingüísticas, desconocimiento de los sistemas legales, así como situaciones de vulnerabilidad económica o social, colocan a muchos migrantes en situaciones de riesgo, tanto de explotación como de involucramiento en actos delictivos, ya sea por necesidad o por redes delictivas que se aprovechan de su condición. Aunque el dato específico de delitos cometidos por reclusos extranjeros en la Ciudad de México no se ha desglosado públicamente, otras investigaciones a nivel internacional muestran que a menudo la gran mayoría de extranjeros encarcelados no son delincuentes peligrosos, sino que están implicados en ofensas menores o vinculadas a violaciones administrativas o migratorias, lo que abre un debate sobre políticas de justicia y migración que también resuena en México.
Las autoridades de la Ciudad de México enfrentan así un desafío doble: por un lado, administrar un sistema penitenciario que alberga una población cada vez más diversa y, por otro, atender las necesidades específicas de personas privadas de su libertad que pueden requerir servicios en otros idiomas, apoyo consular y condiciones que respeten los estándares mínimos de derechos humanos. Organizaciones civiles y expertos en derechos de las personas privadas de libertad han señalado la importancia de fortalecer mecanismos de coordinación con embajadas y organismos internacionales, así como de implementar programas de reinserción social que consideren el contexto migratorio de estas personas.

La ampliación de la población extranjera en cárceles capitalinas también pone en la agenda pública la necesidad de políticas integrales que vayan más allá de la detención y encarcelamiento, orientadas a la prevención del delito, la protección de los derechos de migrantes y la construcción de rutas legales y seguras para quienes se desplazan a través del territorio mexicano. En suma, lo que hoy parece una estadística más en el ámbito penitenciario es, en realidad, un reflejo de tensiones más amplias: las dinámicas migratorias globales, la gestión de la seguridad urbana y el reto de garantizar justicia con equidad en una de las metrópolis más pobladas del continente.
Si bien la información pública sobre desagregación de delitos y cifras específicas aún es limitada, este foco de atención abre la puerta a un debate urgente sobre cómo México y, en particular, la Ciudad de México, enfrentarán estos cambios en los años venideros.