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¿Por qué el ayuno intermitente no es tan eficaz como una dieta tradicional? Nuevo estudio cuestiona sus beneficios

La evidencia científica señala que la pérdida de peso depende más de las calorías que del horario de comida
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En los últimos años, el ayuno intermitente se ha convertido en una de las tendencias alimentarias más populares en redes sociales. Sin embargo, un nuevo análisis científico concluye que este método no ofrece ventajas significativas frente a una dieta hipocalórica tradicional. La clave para bajar de peso no estaría en el momento en que se come, sino en la reducción total de calorías consumidas.

La revisión, centrada en adultos con sobrepeso u obesidad, comparó resultados a medio y largo plazo entre quienes practicaban ayuno intermitente y quienes seguían restricciones calóricas convencionales. El resultado fue claro: la pérdida de peso es similar en ambos casos.

Ayuno intermitente vs. dieta hipocalórica: ¿hay diferencias reales?

Diversos estudios clínicos y metaanálisis publicados en revistas como The New England Journal of Medicine y JAMA Network Open han analizado el impacto del ayuno intermitente en la composición corporal y la salud metabólica. Los hallazgos coinciden en que:

  • La reducción de peso se explica principalmente por el déficit calórico.
  • No existen diferencias contundentes en comparación con dietas balanceadas con restricción energética.
  • Los beneficios metabólicos son equiparables a los obtenidos con planes tradicionales supervisados.

De acuerdo con el Harvard T.H. Chan School of Public Health, la evidencia actual indica que el factor determinante en la pérdida de peso es la cantidad total de energía ingerida frente a la que el cuerpo gasta, más que la distribución horaria de los alimentos.

Especialistas en nutrición sostienen que muchas de las mejoras atribuidas al ayuno intermitente podrían deberse simplemente a una menor ingesta calórica.

Es decir, cuando una persona limita sus horas para comer, suele reducir también el número total de calorías, lo que explica la pérdida de peso. Pero el horario en sí mismo no sería el elemento clave.

El National Institutes of Health ha señalado en diversas revisiones que, si bien el ayuno puede ser una herramienta útil para algunas personas, no demuestra superioridad frente a otros enfoques nutricionales equilibrados.

¿Por qué el ayuno intermitente se volvió tan popular?

El auge del ayuno intermitente responde en gran medida a su difusión en plataformas digitales. Influencers y celebridades han promovido esquemas como el 16:8 o el ayuno en días alternos como soluciones prácticas para perder peso. Algunas personas afirman que este método:

  • Simplifica las decisiones alimentarias.
  • Reduce la necesidad de contar calorías.
  • Facilita la adherencia inicial.

No obstante, otras reportan efectos adversos como:

  • Mayor sensación de hambre.
  • Fatiga.
  • Dificultad para mantener el régimen a largo plazo.

La variabilidad en la experiencia individual confirma que no existe un modelo universal que funcione para todas las personas.

Más allá de la moda: la importancia de un enfoque personalizado

Especialistas coinciden en que ninguna estrategia nutricional es definitiva. El éxito de un plan alimentario depende de múltiples factores:

  • Contexto social.
  • Hábitos previos.
  • Nivel de actividad física.
  • Estado de salud.
  • Acompañamiento profesional.

Una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y proteínas de calidad, combinada con ejercicio regular, sigue siendo la recomendación principal de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud.

Los expertos advierten que la reducción de peso sostenible no se logra mediante prácticas rápidas o tendencias virales. La salud metabólica requiere constancia, educación nutricional y supervisión profesional cuando sea necesario.

Por ello, antes de adoptar el ayuno intermitente u otra tendencia difundida en redes sociales, se recomienda revisar fuentes confiables y consultar a especialistas en nutrición.

En síntesis, el nuevo estudio refuerza una conclusión clave: no es el reloj, sino las calorías totales y la calidad de la dieta lo que determina los resultados.

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