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Burocracia pone en riesgo el futuro de la medicina pública en México: especialistas

La creciente burocratización que enfrentan los institutos nacionales de salud amenaza con erosionar uno de los pilares más sólidos de la medicina pública mexicana, advirtieron especialistas durante una mesa de análisis dedicada al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán
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La creciente burocratización que enfrentan los institutos nacionales de salud amenaza con erosionar uno de los pilares más sólidos de la medicina pública mexicana, advirtieron especialistas durante una mesa de análisis dedicada al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. El encuentro, coordinado por el doctor Adolfo Martínez Palomo, miembro de El Colegio Nacional, sirvió no sólo para repasar la historia y las contribuciones científicas de esta institución emblemática, sino también para alertar sobre los riesgos estructurales que enfrenta el sistema de alta especialidad en el país.

Al inaugurar la sesión del ciclo Los institutos nacionales de salud: orígenes y perspectivas, Martínez Palomo subrayó que los institutos llevan años sometidos a una “burocracia asfixiante” que desconoce la independencia administrativa que les otorga su ley de creación. A su juicio, se trata de una burocracia partidaria que ignora la historia de estas instituciones, muestra desdén por su relevancia actual y observa con indiferencia su porvenir. Esa actitud, afirmó, compromete directamente el futuro de la medicina pública mexicana.

El académico planteó que pensar en la relevancia de los institutos nacionales implica mirar hacia las causas de muerte que predominarán en México dentro de 25 años, entre ellas las cardiopatías, la enfermedad renal crónica, la diabetes, la cirrosis, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y las infecciones respiratorias. Frente a ese panorama, cuestionó quién analizará y atenderá estos problemas si no son los propios institutos, y cuál será el destino de la medicina nacional si se limita a hospitales generales sin el soporte de centros de investigación y alta especialidad. “No podemos quedarnos callados ante esa realidad”, enfatizó.

Martínez Palomo recordó que el origen del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición se remonta a 1943, un periodo que calificó como “el año milagroso” de la salud pública en México, cuando surgieron la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia, el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Hospital Infantil de México y El Colegio Nacional, además de sentarse las bases de los institutos nacionales. En ese contexto histórico, con el respaldo del doctor Gustavo Baz y del presidente Manuel Ávila Camacho, se aprobó el decreto de creación del Hospital de Enfermedades de la Nutrición el 1 de diciembre de 1944. Salvador Zubirán explicó entonces que se eligió ese nombre porque existía un movimiento renovador a nivel mundial enfocado en el estudio de los problemas de la nutrición humana.

La consolidación física del instituto no fue sencilla. El académico relató que la búsqueda de un terreno adecuado fue ardua hasta que, finalmente, en 1970 se concluyó la obra del actual complejo, inaugurado durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Ese esfuerzo sentó las bases de una institución que hoy está a punto de cumplir ocho décadas de existencia.

En su intervención, el director general del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, José Sifuentes, ofreció un panorama del estado actual y de los planes de expansión de la dependencia. Destacó la construcción de una nueva torre de hospitalización que contará con diez quirófanos de alta tecnología, un centro de mezclas y una farmacia destinada a la preparación de medicamentos intravenosos, además de espacios orientados a la investigación clínica. La capacidad regular del nuevo edificio será de 168 camas, con posibilidad de ampliarse hasta 264 en situaciones de emergencia sanitaria como una pandemia.

Sifuentes explicó que este proyecto responde a la saturación del modelo actual, que ya alcanzó su límite con poco más de cinco mil hospitalizaciones anuales. Con la nueva infraestructura, dijo, se busca incrementar la capacidad de atención para beneficiar a un mayor número de mexicanos. Subrayó también el papel formativo del instituto, del que egresan cada año más de 200 especialistas que se incorporan a distintos puntos del país. “Hemos mantenido el camino, a veces con más dificultades, otras con menos, pero queremos que esta institución se mantenga viva, vigente y siempre con pensamiento claro y de punta”, afirmó.

Raúl Rivera, director de Medicina del instituto, recordó que la razón de ser de la institución son sus pacientes y que su relevancia radica en ser el único centro con una visión verdaderamente integral para la atención de casos clínicos de alta complejidad, tanto diagnóstica como terapéutica. Para ello, dijo, se requiere personal altamente calificado y tecnología de primer nivel. Detalló que el instituto brinda más de 300 mil atenciones médicas al año y cuenta con un laboratorio que realiza más de un millón de estudios anuales, con certificaciones nacionales e internacionales. Perder esa capacidad, advirtió, sería impensable para la atención de la alta especialidad en México.

Rivera insistió en que uno de los valores que no pueden sacrificarse es la visión integradora que permite tratar a los pacientes de manera multidisciplinaria. “Somos un instituto vivo, que intenta superarse y hacer las cosas de la mejor manera”, afirmó al destacar la cercanía del 80 aniversario de la institución.

Desde el ámbito quirúrgico, Miguel Ángel Mercado, director de Cirugía, explicó que la alta especialidad funciona bajo un círculo virtuoso cuyo centro es el paciente, con el objetivo de reducir tiempos quirúrgicos, disminuir complicaciones, acortar estancias hospitalarias, bajar costos y fortalecer la enseñanza y la investigación. Señaló que este modelo, desarrollado en el instituto, ha sido replicado en numerosos hospitales del país. Informó que se han realizado 672 trasplantes con resultados sobresalientes y que la cirugía ha evolucionado hacia técnicas mínimamente invasivas y plataformas robóticas. La nueva torre médica, agregó, contará con diez salas quirúrgicas que estarán entre las mejores de México y América Latina, equipadas para cirugía robótica y trasplantes. Durante ocho décadas, sostuvo, el instituto ha sido líder en la formación de cirujanos.

Por su parte, Martha Kaufer, directora de Nutrición, destacó que esta área se creó con un enfoque en pacientes y comunidades vulnerables. La dirección integra siete departamentos conformados por nutriólogos, médicos, historiadores, antropólogos y especialistas de diversas disciplinas. Explicó que el Departamento de Estudios Experimentales Rurales se encuentra en proceso de transformación y ha desarrollado investigaciones pioneras sobre lactancia materna, alimentación con perspectiva de género, obesidad y enfermedades crónicas. “Tenemos el compromiso de la divulgación”, subrayó.

El cierre de la mesa estuvo a cargo de Carlos Aguilar, también miembro de El Colegio Nacional, quien recordó algunas de las contribuciones más relevantes de investigadores del instituto, entre ellas la vacuna contra el rotavirus, la descripción del síndrome antifosfolípido, avances clave en trasplantes renales, la creación del primer biobanco del país reconocido por el gobierno federal y la identificación de variantes genéticas de susceptibilidad a la diabetes propias de la población mestiza mexicana.

Las intervenciones coincidieron en un punto central: sin autonomía, recursos suficientes y una gestión que reconozca su valor estratégico, los institutos nacionales de salud corren el riesgo de perder su capacidad de innovación, atención y formación, con consecuencias directas para el futuro de la medicina pública en México.

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