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Revelan la mayor ofrenda del siglo XV mexica: una ceremonia colosal bajo Motecuhzoma Ilhuicamina

Nuevos hallazgos del Proyecto Templo Mayor han permitido reconstruir lo que pudo ser la ofrenda más grande realizada durante el gobierno de Motecuhzoma Ilhuicamina, el primer huei tlatoani mexica que expandió el dominio tenochca más allá de la Cuenca de México. El descubrimiento y análisis de las ofrendas 186, 187 y 189, coincidentes en temporalidad y contenido con las ofrendas 18, 19 y 97 localizadas en décadas anteriores, evidencian que los seis depósitos rituales fueron colocados en un mismo evento ceremonial de dimensiones extraordinarias en el Templo Mayor
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Nuevos hallazgos del Proyecto Templo Mayor han permitido reconstruir lo que pudo ser la ofrenda más grande realizada durante el gobierno de Motecuhzoma Ilhuicamina, el primer huei tlatoani mexica que expandió el dominio tenochca más allá de la Cuenca de México. El descubrimiento y análisis de las ofrendas 186, 187 y 189, coincidentes en temporalidad y contenido con las ofrendas 18, 19 y 97 localizadas en décadas anteriores, evidencian que los seis depósitos rituales fueron colocados en un mismo evento ceremonial de dimensiones extraordinarias en el Templo Mayor.

El anuncio fue realizado el 26 de febrero de 2026 durante el ciclo de conferencias “La arqueología hoy”, organizado por El Colegio Nacional, donde el director del Proyecto Templo Mayor e investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Leonardo López Luján, presentó junto con su equipo los avances más recientes. Las investigaciones confirman una hipótesis planteada desde finales de la década de 1970, cuando Eduardo Matos Moctezuma descubrió las ofrendas 18 y 19 en el costado oeste del monumento, y reforzada en 1991 con el hallazgo de la Ofrenda 97 por el propio López Luján en el sector norte.

De acuerdo con los jefes de campo del proyecto, Alejandra Aguirre Molina y Antonio Marín Calvo, las seis ofrendas corresponden a la etapa IVa del Templo Mayor, fechada entre 1440 y 1469, periodo que coincide con el gobierno de Ilhuicamina, cuyo nombre significa “El flechador del cielo”. Desde hace décadas se sospechaba que los depósitos descubiertos al oeste y norte tendrían sus contrapartes al este y sur del basamento piramidal. La localización de los nuevos tepetlacalli no solo confirma esa conjetura, sino que marca la primera vez que los arqueólogos logran “cerrar el círculo” en torno al edificio sagrado.

La etapa IVa resulta particularmente significativa porque es la única de las siete fases constructivas del Templo Mayor en la que se conservó casi intacta la plataforma que rodeaba el basamento, decorada con cabezas de serpiente flanqueadas por braseros en cada lado. En ese contexto arquitectónico fueron colocadas las seis cajas de piedra, cuya disposición simultánea sugiere una ceremonia planificada con enorme despliegue logístico y simbólico.

Hace tres años, el equipo del Proyecto Templo Mayor anunció el hallazgo de un tepetlacalli con 15 figurillas de estilo Mezcala. Las excavaciones posteriores permitieron identificar otros dos depósitos rituales con características similares. En conjunto, las ofrendas 186, 187 y 189 resguardaban 43 esculturas —15 en la primera, 15 en la segunda y 13 en la tercera— que, sumadas a las descubiertas previamente, alcanzan un total de 83 figurillas antropomorfas talladas en piedra verde. Las esculturas mayores, cuyo peso oscila entre 600 y 1,000 kilogramos, debieron ser trasladadas mediante cuerdas, palancas y rodillos de madera, lo que evidencia una operación colectiva de gran escala.

La concentración inédita de figurillas estilo Mezcala no tiene paralelo en otras etapas del Templo Mayor, ni antes ni después de este momento. Según López Luján, se trata de la expresión material del poder político y militar de Motecuhzoma Ilhuicamina, quien habría traído estas piezas como botín de guerra tras someter, entre 1447 y 1450, a señoríos como Tlaxco y Tlaxmalac, ubicados en lo que hoy es el norte del estado de Guerrero. La ofrenda representaría así la consagración ritual de las conquistas, integrando objetos provenientes de regiones recién incorporadas al dominio mexica.

El contenido de los depósitos confirma la magnitud simbólica del acto. Además de las esculturas, se recuperaron caracoles, conchas, semillas, restos de peces sierra, copal y chapopote, entre otros materiales. Más de 4,000 elementos malacológicos fueron identificados dentro de las cajas de piedra, lo que implicó un complejo proceso de recuperación, estabilización y análisis.

La jefa de Conservación del proyecto, Adriana Sanromán Peyron, explicó que el tratamiento de los tepetlacalli comenzó desde el momento mismo de su hallazgo, protegiéndolos de la luz solar directa y controlando la humedad durante los seis a ocho meses que requirió su exploración y retiro. La limpieza de las esculturas se realizó con hisopos para eliminar sedimentos acumulados y se aplicaron fijativos naturales para estabilizar los pigmentos rojo y blanco con los que los mexicas decoraron las imágenes. Varias de las piezas fueron resignificadas con atributos vinculados a Tláloc, como anteojeras y colmillos, lo que subraya la asociación parcial del recinto con esta deidad de la lluvia.

En el ámbito biológico, la especialista Belem Zúñiga Arellano detalló que predominan ejemplares de Nerita scabricosta y Hexaplex brassica, especies procedentes principalmente de las costas del Atlántico. Algunos caracoles conservaron el periostraco, una capa orgánica que suele perderse poco después de la muerte del molusco, lo que sugiere que fueron transportados posiblemente vivos en contenedores con agua salada hasta la capital mexica. Esta evidencia apunta a redes de intercambio y abastecimiento altamente organizadas, capaces de movilizar recursos desde litorales distantes hacia la ciudad-isla.

Los especialistas del Proyecto Templo Mayor concluyen que la coincidencia temporal y material de las seis ofrendas confirma que fueron depositadas en un mismo momento ceremonial, desmintiendo la idea previa de que se trataba de eventos aislados. La escena evocada por López Luján —decenas de sacerdotes y miles de fieles congregados en torno al Huei Teocalli mientras se colocaban reliquias escultóricas y ofrendas marinas— ofrece una imagen de la religiosidad tenochca en su punto de mayor esplendor político.

Tras completar los procesos de conservación, las ofrendas 186, 187 y 189 serán resguardadas en el Museo del Templo Mayor y quedarán disponibles para nuevos estudios. El equipo del proyecto busca además organizar una exposición que, por primera vez, reúna los seis depósitos rituales y permita al público dimensionar la escala de una ceremonia que, más de cinco siglos después, comienza a revelarse en toda su magnitud histórica y simbólica.

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