En un giro que ha generado atención en toda la industria musical global, Bandcamp —la plataforma digital de distribución y venta de música directamente entre artistas y fans— anunció que prohibirá de manera categórica la publicación de música generada total o parcialmente por inteligencia artificial (IA). Esta decisión, formalizada en un comunicado difundido el 13 de enero de 2026, busca proteger la creatividad humana frente al avance vertiginoso de herramientas de generación automática de contenidos, marcando una postura radicalmente distinta a la adoptada por otros servicios de streaming como Spotify o Deezer.
La nueva política de Bandcamp establece que no se permitirá la subida de pistas o audios que hayan sido producidos “total o en gran parte” por sistemas de IA, una definición amplia que abarca desde composiciones completamente automatizadas hasta aquellas que dependen fundamentalmente de algoritmos para su creación. De manera explícita, la empresa también prohíbe el uso de herramientas de IA para imitar voces, estilos o identidades de artistas reales, alineándose con normas ya existentes sobre suplantación de identidad y protección de la propiedad intelectual. Bandcamp ha puesto en marcha un sistema de denuncias que permitirá a los usuarios reportar contenidos sospechosos, y se reserva el derecho de eliminar cualquier música bajo sospecha, incluso sin una confirmación absoluta de generación artificial.
We’re articulating our approach to generative AI so musicians can keep making music and fans can trust the music they find on Bandcamp. https://t.co/hRXLd1Q5OE
— bandcamp (@Bandcamp) January 13, 2026
“Queremos que los músicos sigan haciendo música, y que los fans tengan la confianza de que la música que encuentran en Bandcamp fue creada por personas”, insistió la plataforma en su comunicado, enmarcando la medida dentro de una campaña interna bautizada como “Keeping Bandcamp Human”. Bajo esta lógica, la empresa considera que la música es más que un producto de consumo: es un elemento cultural y social profundamente ligado a la experiencia humana.
La decisión de Bandcamp se produce en un contexto de creciente preocupación por la proliferación de música generada por IA en plataformas de mayor escala, donde bandas completamente ficticias y proyectos creados algorítmicamente han logrado cifras de reproducciones significativas. Casos como el de la supuesta agrupación “The Velvet Sundown”, que alcanzó millones de oyentes en servicios como Spotify, han alimentado el debate sobre la autenticidad del contenido y los derechos de los creadores humanos.

A diferencia de Bandcamp, servicios como Spotify sostienen una postura menos restrictiva. Aunque la empresa sueca ha afirmado que trabaja en mecanismos de control y en la promoción de mejores prácticas —como la divulgación del uso de IA en créditos musicales—, sus medidas se han considerado insuficientes por críticos y usuarios, especialmente frente a las quejas de oyentes que denuncian “inflación” de contenidos generados por IA en listas de reproducción y recomendaciones.
La decisión de Bandcamp no está exenta de desafíos. Expertos señalan que determinar si una canción fue hecha con IA puede ser técnicamente complejo, dado el avance de las tecnologías de síntesis de voz e instrumentación que imitan con gran realismo la producción humana. Más allá de la detección, también se abre un debate sobre dónde trazar la línea entre la asistencia tecnológica legítima —como el uso de herramientas digitales para pulir grabaciones— y la creación automatizada que sustituye el rol del artista.

Sin embargo, para muchos músicos independientes y defensores de la creación artística, la postura de Bandcamp representa un respiro frente a la “infestación” de contenidos artificiales en las plataformas de streaming masivo. Al privilegiar la interacción directa entre creadores y audiencias, y al garantizar que cada tema en su catálogo provenga de una experiencia humana real, la plataforma busca consolidarse como un espacio seguro para la expresión artística genuina en un entorno digital saturado de automatización.
Con esta medida, Bandcamp se coloca a la vanguardia de un debate que apenas comienza a tomar forma en políticas públicas y normativas de derechos de autor, planteando preguntas fundamentales sobre el futuro de la música, la propiedad intelectual y el valor del trabajo creativo en la era de la inteligencia artificial.